19 de julio, hace 25 años

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Guatemala está viviendo la primavera del decir, y todavía no lo termino de asimilar. Hay sectores que siguen siendo tan intransigentes como en los 80’s, los 70’s, los 60’s, los 50’s y un largo, largo, etcétera, a quienes no se les ha saciado la sed de matar. Aún lo hacen, no nos engañemos, la represión permanece pero no es tan abierta como en el pasado reciente. Cuando tienes la oportunidad de vivir, tienes la oportunidad de ver los cambios y notar que estos vienen, lentos pero vienen, o de cerrar los ojos a ellos y luchar por mantener esas viejas estructuras que se van cayendo a pedazos. Aprender que las ideas se combaten con ideas nos va a llevar varios años más.

Los cambios no son suficientes, aún…aunque ahí la llevamos. Después de vivir épocas de franco retroceso sientes la diferencia cuando hay manifestaciones sin abierta represión pero no nos engañemos: este camino ha sido abierto con sangre. Y si ha cambiado es porque la lucha continúa, antes era armada y política, ahora se ha trasladado al campo político y al jurídico, pero sigue: sorda, dura, dolorosa.

Hoy quiero hacer presente a uno de los que contribuyeron a construir un mejor país, labor que no está concluida; uno de los que también dio su vida aunque, por suerte, no fue asesinado. Pudo haberlo hecho de la manera difícil, como dijo alguna vez su hermano, Rodolfo: gota a gota a lo largo de toda la vida, o en un instante, como sucedió. Pero la muerte no fue su elección, fue el resultado de su preocupación por el otro. Lo cierto es que la vocación de Edgar Valenzuela consistió en dar la vida por sus amigos, y para ser su amigo bastaba ser otro, otro soñador, otro comprometido, otro desvalido, otro pobre, otro otro.

Quienes lo vieron crecer y no entraron en su intimidad ni lo conocieron, vieron a un chico colocho, peludo, que le gustaba la música de locos, muchos de estos locos coincidieron en Woodstock: JoeCocker (https://www.youtube.com/watch?v=bRzKUVjHkGk), Janis Joplin (https://www.youtube.com/watch?v=XhstDcnCOWc), Carlos Santana (https://www.youtube.com/watch?v=nPauXWjY4T8), Jimi Hendrix (https://www.youtube.com/watch?v=czja0hsH0eg),Credence (https://www.youtube.com/watch?v=P0-ZKaWVYSk), y los que no estuvieron en ese concierto pero eran igual de zafados: Theanimals (https://www.youtube.com/watch?v=dpWEv9Q0XQ4),TheWho (https://www.youtube.com/watch?v=uefzFASMIPg), Led Zeppelin (https://www.youtube.com/watch?v=Q0utAHY3xo4), Pink Floyd (https://www.youtube.com/watch?v=RzWh9CRzaTo), TheDoors (https://www.youtube.com/watch?v=x9S-v32GTNA), y un segundo y largo etcétera. Para muchos Edgar era el que dibujaba carros en sus cuadernos cuando la clase era aburrida, el que fue a su graduación con pelo largo y pantalón de lona, el percusionista, el músico, el anormal, el que iba a “madurar” cuando fuera grande. Pero no, cruzó los 30 y siguió siendo inconforme, crítico y luchador. Pero es comprensible: la vida interior no se puede ver a simple vista.

Quienes compartimos con él los misterios de la adolescencia, de ese continuo descubrir realidades que formaconciencias diferentes, inconformes de las condiciones que se nos imponen por vivir en un país en el cual, siendo privilegiados, vemos injusticias estructurales que saltan a la vista. Un país con males endémicos: desnutrición, morbilidad infantil, violencia contra la mujer, racismo, desigual distribución de los ingresos, nulo acceso a la educación, robos, asesinatos y quizá el peor de los males: la corrupción como modo de enriquecimiento. Y no es que perteneciéramos a la clase dominante, en nuestro país es privilegiado aquel que tiene un plato en la mesa y puede estudiar, y eso lo teníamos.

Edgar estuvo muchas veces cerca de la muerte, pero no se abandonó a ella. Recuerdo varias, dos en México: la primera en el Estado de Guerrero, haciendo rappel; la segunda en Xochimilco, saliendo de Nativitas.Las de Guatemalafueron muchas.

También podría escribir muchas páginas solo con recordar las noches de poco té y mucha conversación, con Justo Umaña, Oscar Castañeda y otros amigos. Conversaciones que versaban sobre la ausencia del hombro para reclinar la cabeza, sobre la intelectualidad orgánica, del vivir como se piensa, del dar incondicional, y otro largo etcétera, pero si tuviera que sintetizar en una palabra el legado de Edgar, esta palabra sería
autenticidad.

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Gustavo Sánchez

2 comentarios

  1. Gustavo Diéguez on

    Vos tocayo, a ver si le atinás quien soy… lo de menos. Lo de más: conocí a Edgar hace 10 minutos leyendo y releyendo tu nota (fresca, liviana, digerible) y le puse la música sugerida, me hacía falta echarle un cacho de oxígeno al cerebro en medio de este despelote electorero que por fortuna conquistada tiene sus sábados de Plaza y sus jueves de MP-CICIG. De repente nos vemos en las horas que le quedan alli en la Filgua, eso si leés los comentarios a tu nota. Larga vida y buenos libros para gozarla.

    • GUSTAVO SANCHEZ
      GUSTAVO SANCHEZ on

      ¡Hola tocayo!, lo último que supe de vos fue que te fuiste a vivir a un lugar tranquilo, poco después de la publicación de tu libro Crónicas del sur, en el 2002 si mal no recuerdo. Te escribiré de nuevo a tu correo ¡un abrazo!

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