1944 – 2014, de la revolución de octubre y el discurso oficial

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El discurso oficial se ha encargado de atribuir bondades, que obviamente no tuvieron, a los gobiernos pasados. Así tenemos que a estas alturas de la vida todavía existen personas que se refieren a los tiempos de la dictadura de Jorge Ubico como una época en la que se vivía mejor. Algo difícil de comprender, si se toma en cuenta que existían leyes de trabajo forzado, ley fuga, salarios de servidumbre (que todavía persisten) y otras leyes aberrantes que favorecían a las élites cercanas al dictador. Se trata entonces de una narrativa manipulada, pero acentuada porque toda opinión contraria ha sido silenciada sistemáticamente. Lo mismo que sucede con las opiniones respecto al gobierno de Álvaro Arzú, quien dejó al Estado sin empresas, pero muchas personas consideran que hizo bien, porque el discurso oficial ha sido ese y la gente es muy dada a creer, sin cuestionar, lo que dice la prensa.

Luego de la caída de Jorge Ubico, y el posterior gobierno de Federico Ponce Vaides, vino el triunfo de la revolución de octubre de 1944 –que fuera truncada 10 años más tarde– en la que se hicieron cambios drásticos para beneficio de la población guatemalteca. 70 años después seguimos añorando aquellos “10 años de primavera en el país de la eterna tiranía”.

La memoria colectiva es algo sumamente importante en el desarrollo de los países, por eso el status quo invierte tiempo y dinero en construir la narrativa oficial, para contar solo lo que les conviene y esconder aquello que no quieren que se sepa, porque perjudicaría a sus intereses.

Sucede que cada año, cuando llega la época de rememorar la revolución del 44, es común escuchar o leer que ya es hora de dejar de ver hacia atrás; que sí, que la revolución trajo buenas cosas, pero es momento de ver hacia adelante y no vivir de nostalgias; y que hay que trabajar y proponer para el futuro; y bla bla bla bla, se elabora un discurso tendiente a restarle importancia a una década que trajo los únicos logros populares en toda la historia de Guatemala como República –¿poquita cosa?–

Es necesario entonces no caer en el juego de quienes, consciente o inconscientemente, elaboran o repiten el discurso que el sistema quiere, porque de las conquistas pasadas pueden nacer las del presente. No se trata de quedar estacionados en la nostalgia de una época cada vez más lejana. Es simplemente la necesidad de mantener un punto de referencia que pueda guiar a acciones de beneficio popular.

Entonces, contra la construcción de un discurso que tiende a restarle valor a las conquistas de las clases populares, es importante no dejar de mencionar los eventos que trajeron mejoras significativas y que todavía persisten, a pesar de que la misma clase trabajadora ha caído en la trampa de ningunear a instituciones como el IGSS, por ejemplo.

El legado de la revolución de octubre de 1944 es lo que nos mantiene, apenas, como sociedad civilizada. De ahí se derivó la creación del andamiaje legal –débil y desnutrido– que da garantías mínimas a la clase trabajadora. Antes que pretender que nadie voltee la vista hacia atrás, el discurso debería ser de promover el conocimiento y valoración, en su justa dimensión, de los logros de un movimiento único en la historia; que visto con ojos de esta época se puede interpretar como una fisura en la línea del tiempo, una falla que el sistema permitió y que actualmente no parece estar dispuesto a que se repita.

Cuando se pide que se deje atrás el discurso nostálgico se contribuye a borrar la memoria colectiva, algo que solo beneficia al sistema.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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