35 febreros sin Emil

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Hoy justamente hace 35 años, el Dr. Emil Bustamante, Veterinario, Sociólogo y Docente, fue detenido en un retén militar. Tres décadas y media lleva su familia sin saber de su paradero.  Adultas son ya las hijas que no vio crecer.

La familia de Emil inició de inmediato una búsqueda que aún continua infructuosa, pese al tiempo transcurrido. No hay mayor zozobra que la de los familiares de una persona que ha sido desaparecida; no puede cerrarse el duelo, no hay una tumba que visitar, no hay certeza de lo que experimentó su ser querido en sus últimos momentos.

Emil fue uno de los intelectuales con quienes se ensañó la represión estatal en el período más triste de nuestra historia. Masacres en las áreas rurales y desapariciones y torturas en las urbanas eran el suceso diario de aquella época. Fue tan efectiva la saña contra profesionales universitarios de grandes méritos y carisma, cuyo delito fue tener conciencia social, que aún no nos recuperamos de la falta que nos hacen.

Después de tanto tiempo, la mínima justicia que la familia Bustamante merece es saber qué pasó con Emil y recuperar sus restos. Hasta eso les ha sido negado por gobiernos que se dicen civiles pero son promilitaristas y por una sociedad indiferente que solo se preocupa cuando la violencia les toca directamente.

Emil Bustamante fue una de las 45,000 personas detenidas-desaparecidas por el Estado guatemalteco; los responsables siguen libres, apostándole al paso del tiempo y a que la muerte les libere de tener que entregar cuentas. Ellos podrán morir junto a su familia y tendrán una tumba, derecho que les negaron a sus víctimas.

Es urgente la aprobación de la iniciativa 3590, que crearía la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas víctimas de Desaparición Forzada y otras formas de desaparición.  Un pueblo que no honra su memoria histórica no tiene futuro.

Basta ya de seguir acumulando febreros sin Emil y los 45,000

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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