8 de Marzo: Yo sí quise celebrar

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Fotografía de José Pablo Chumil

Para Camila y Claire, con C de Cabronas.

En estas fechas siempre aparecen los carteles diciendo que el Día de la Mujer no es para celebrar sino para conmemorar, algunos llegando hasta el extremo de decir: “No hay nada que celebrar”.

Yo disiento. Creo que tenemos mucho qué festejar: ver a tantas mujeres persiguiendo sus sueños, destacando cada vez más, conocer a tantas guerreras que no se rinden ante las circunstancias, no puede menos que inspirar gozo.

¿Quién dijo que la reflexión y la alegría están peleadas? No quiero un feminismo que me amargue. No deseo ser una hembrista resentida por su historia y que olvida que sus decisiones las tomó ella, con todas las consecuencias aparejadas. No quiero sentir odio hacia los hombres; ellos son tan víctimas del patriarcado como nosotras, en diferente forma, y precisan también de liberarse. Cuando la amargura se instala en el corazón, todos los combates están perdidos por adelantado.

En cada batalla se necesitan pausas, días de fiesta, de abrazar a las hermanas y bailar, para después seguir peleando con más ganas por nuestras causas. Sin esos espacios de disfrute, pronto se agotarían las fuerzas ante la tarea inmensa que tenemos por delante.

Anteayer, mientras veía a mi hija con una amiga que es mi sobrina del corazón, pensé cuán afortunadas eran ambas, por su época y condiciones, cuántos privilegios disfrutan que muchas niñas nunca conocerán, y por qué ellas deben ser motor de lucha e inspiración para legarles un mundo menos patriarcal que el que recibimos.

Así que yo decido celebrar. Una flor o un chocolate no me hacen daño. Si hay machistas y hasta misóginos que felicitan sin sentirlo, es problema de ellos y no mío. Si nos quieren reducir en sus parabienes a la damisela desvalida, sé que no lo somos y se los demostramos cada día. Si me convidan a algo para festejar nuestro día, lo acepto con gusto, sabiendo que yo puedo invitarme cualquier día gracias a las mujeres que dieron su energía, corazón y cerebro para que mi vida fuese más justa que la de ellas.

Por lo tanto, decidí celebrar. Y desearles a todas ustedes, mis hermanas, que nunca nos tomemos tan en serio como para no sonreírle a la vida y felicitarnos por el camino andado. Nos falta mucho y lo lograremos juntas, pero estos días son para aquelarres festivos que nos recarguen las baterías. Las vamos a necesitar. Nos queda mucho por recorrer, pero de ovarios no hemos de carecer –y de corazón tampoco–.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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