A las y los periodistas en su día

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El 30 de noviembre se conmemora en Guatemala el día del y la periodista. Es la fecha en la cual se conmemora el quehacer de hombres y mujeres que tienen por misión informar al público sobre los hechos que son noticia. Para ello, han de basar su actividad en las reglas del ejercicio periodístico. Normas que básicamente se refieren a ser veraz, buscar el equilibrio, cubrir la mayor cantidad de elementos de la realidad, como mínimo. Ya sea con los géneros informativos, analíticos o de opinión, el periodismo juega un rol fundamental en la consolidación o debilitamiento de la democracia. Para ello, también es necesario que los medios periodísticos actúen con independencia de estructuras políticas, económicas o de cualquier índole.

Sin embargo, la historia en nuestro país plantea que no en todas las épocas ha sido posible ejercer la profesión periodística sin riesgo. De hecho, durante la etapa de terror de Estado en Guatemala fueron varios los profesionales de la prensa que pagaron con su vida el intento de ejercicio periodístico. Registros del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), indican que durante el Conflicto Armado Interno fueron asesinados 342 periodistas en tanto que 126 fueron víctimas de desaparición forzada. Entre ellas y ellos se recuerda a Irma Flaquer, Marco Antonio Cacao, José León Castañeda, Humberto González Gamarra, Didier Martell, Sonia Calderón, víctimas de la represión oficial. Un grupo más fue forzado al exilio como único mecanismo de salvar la vida. La censura a la prensa se ejerció de manera brutal hasta forzar en muchos casos que esta se ejerciera por voluntad propia.

Con la puesta en vigor de la nueva Constitución en 1985, aunque disminuyó el uso de la fuerza, esta no desapareció totalmente. Se produjo uno de los más brutales hechos de desaparición de un medio como fue el bombardeo del semanario La Época, el cual obligó a su cierre en 1988 y luego, el ataque armado contra su director, Byron Barrera, en 1990. En ese hecho, Refugio Villanueva, esposa de Barrera, murió por el atentado.

A la continuidad de la represión, siguió el proceso que habría de consolidarse más tarde y que derivó finalmente en la integración de diversos monopolios. El más evidente y hasta ahora dañino, ha sido el de la televisión abierta, en manos de testaferros de Ángel Remigio González. Este empresario logró hacerse con el control de las frecuencias de los cuatro canales de televisión abierta en VHF, mediante acoso, extorsión publicitaria y soborno a políticos de turno en el ejecutivo y el legislativo.

La radio, en la que también tiene sus manos González, se encuentra repartida en manos de tres familias dueñas del espectro radial en el país. Un conglomerado que ejerce una influencia determinante para impedir que las radios comunitarias alcancen un grado de desarrollo en correspondencia con el público al cual se dirigen. Entre tanto, la prensa escrita va quedando nuevamente en muy pocas manos, con medios limitados circunscritos a la capital y a unas cuantas cabeceras departamentales.

En este marco, la prensa digital, aunque incluye también a medios de radio, televisión y prensa escrita corporativa monopólica, es, junto a radios comunitarias, la única relativamente independiente o con una oferta periodística menos vinculada a los poderes fácticos (económicos, políticos e incluso delincuenciales).

En la actualidad, a la presión monopólica y la corrupción corporativa, las y los periodistas de a pie, las y los reporteros, enfrentan condiciones laborales infrahumanas. Salarios que no corresponden a las exigencias de sus medios, jornadas extenuantes y, por si fuera poco, violencia en sus diversas manifestaciones. Así lo indican las denuncias por acoso expuestas por varias periodistas, ejercido principalmente por colegas o fuentes. Lo atestigua también la continuada violencia física que ha significado la muerte de ocho periodistas entre enero y noviembre del presente año. Josué David Chamán, Mario Roberto Salazar, Winston Leonardo Cano Túnchez, Diego Salomón Esteban Gáspar, Víctor Hugo Valdéz Cardona, Álvaro Alfredo Aceituno López, David Munguía Jiménez, Ana Leonor Guerra Olmedo, Hamilton Hernández y su esposa, perdieron la vida a manos de sicarios. En su mayoría son periodistas de provincia que ejercen la profesión, enfrentados a redes de corrupción política o de crimen organizado.

De tal suerte que, al igual como sucedía durante el conflicto armado interno, el periodismo es ahora una profesión sumamente riesgosa, mal pagada y sin embargo, ejercida con pasión por hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que a diario se esfuerzan por desentrañar la red de la información que las mafias intentan ocultar. Para las y los periodistas, un saludo fraterno en este día.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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