A los estudiantes

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Ronalth OchaetaPor Ronalth Ochaeta

Hace algunos años atrás, cuando éramos estudiantes universitarios, Gabriela Carrera tenía esta idea de conectar landivarianos y sancarlistas con otras universidades. En esa época entre pláticas, charlas y conversatorios se buscaba estimular conexión y cambio, muchos de nuestros amigos participaron en esas discusiones, yo observaba desde lejos con atención para ver si ese milagro de conexión ocurriría.

En esa época, a los landivarianos de la facultad de ciencias políticas y sociales, se nos veía cómo los niños burgueses comunistas de nuestra alma mater y en más de alguna u otra ocasión, se nos hacia alguna broma o nos topábamos con rechazo porque mezclarse entre universitarios de distintas casas de estudio era un tema tabú.

Gabriela Carrera era la landivariana que hablaba y tendía puentes con los sancarlistas. En varias oportunidades conversamos sobre la importancia de restituir el tejido social del estudiantado guatemalteco, de unir a las universidades y asociaciones estudiantiles. El sueño que algunos compartíamos con Gabriela era crear un Mayo del 68 para impulsar conducción de nuevas generaciones para el cambio.

El liderazgo e ímpetu de esa integración desde la zona 16 fue liderado por nuestra querida Gaby con quién aparte nos une la amistad, le guardo apreció y admiración especial porque compartimos sueños e ideas durante toda nuestra carrera universitaria y desde lejos le digo muchas gracias.

Leo desde Santiago una nota de Nómada que habla sobre este proceso histórico donde los estudiantes están restituyendo ese tejido social y superando las barreras impuestas por nuestra misma condición de clase, cocowash burgués universitario y necesidad de verse con otros ojos. Cuando termino de leer la nota, se me sale una sonrisa y una lágrima, y me pongo a pensar que lo que se sembró en esas discusiones, debates e intentos de integración va tomando forma tras el 25A y 16M.

En una oportunidad, le pregunté a mi amigo, José Miguel Sanhueza, dirigente estudiantil y ex director del Centro de Estudios del la FECH (CEFECH): ¿cuál era la receta del éxito del movimiento estudiantil en Chile?, él me respondíó: 1. Organización 2. Debate permanente 3. Movilización 4. Democracia interna y superar los personalismos 5. Superar el chovinismo y construir identidad. 6. Pensarnos en uno solo para ser un movimiento al unísono. 7. Pensar que no somos el futuro, sino que somos el presente, y que si queremos cambiarlo, nosotros debemos cambiar primero en este presente para hacer futuro. Le di vueltas a la respuesta de Jota Eme durante varios días.

Año y medio después de la conversa con Jota Eme, luego de ver fotografías, videos y notas en medios del 25 A y 16M, donde las distintas casas de estudios se presentan como uno solo, como flashback me acuerdo de la pregunta que le hice a mi amigo, el dirigente estudiantil chileno. Me surge la inquietud: ¿podríamos intentar integrar a estudiantes de diversas casas de estudios y aspirar a tener un nuevo movimiento estudiantil que le apueste a cambiar el presente guatemalteco para construir futuro? Creo que sí.

A mi generación que roza ya por los treinta años, nos toca asumir otro rol en la responsabilidad de orientar a los estudiantes, apoyándoles como políticos, activistas, profesores, amigos o interlocutores. A las generaciones que vienen atrás, les toca superar todos esos obstáculos impuestos por la historia, dejar a un lado los prejuicios de condición de clase, el estigma que se le tiene al universitario de universidad pública o privada. Superar la ideologización conservadora que pulula en nuestras almas mater para así rebelarnos y unirnos una sola causa: Guatemala.

Recuperar la organización estudiantil es imprescindible en esta época, pues los movimientos sociales en los últimos años están llenando el espacio de representación que los partidos políticos han abandonado. Los movimientos estudiantiles son la reserva moral desde los más jóvenes y evitan que lo político se haga viejo, son los contralores sociales más eficaces de una sociedad democrática porque la educación conecta transversalmente con todos los problemas estructurales de un país. Los estudiantes son ese bastión que odian los conservadores porque cuestionan absolutamente todo lo que está inserto en el sistema. Los estudiantes son los correctores políticos por excelencia y por ello los necesitamos más que nunca.

Mi invitación particular es nada más instarlos a que superen todas esas barreras y condicionantes que están ancladas en nuestras casas de estudios que impiden potenciar a esas nuevas generaciones en un movimiento estudiantil. Recuperar la AEU es importantísimo pero más importante es construir un movimiento estudiantil guatemalteco, anclado en un proyecto común desde su heterogeneidad y que edifiquen un modelo de identidad propio.

Para mí el milagro de conexión de diversas casas de estudios ya ocurrió, ahora el desafío es lograr que esa conexión perdure en el tiempo para apostarle a construir una plataforma de movimiento estudiantil disruptivo que se plantee cambios de país profundos en el corto y mediano plazo. Necesitamos que los estudiantes le hagan contrapeso al sistema, necesitamos que nuevos líderes emerjan del seno de la educación, pues el movimiento estudiantil en Chile, China, Guatemala o cualquier parte del mundo por excelencia es el representante de las clases medias y defensor de las causas populares.

¡Qué vivan los estudiantes!

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