A los jueces honestos

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“Pobre del país donde lo malo controla,
donde el civil se enamora de la corrupción.(…)
Pobre del país que ve la justicia hecha añicos
por la voluntad del rico o por orden militar.
Cada nación depende del corazón de su gente.
Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar.”
Rubén Blades

Si se pretende que un Estado funcione debe tener jueces y magistrados independientes que impartan justicia sin presiones y ajenos a intereses particulares o gremiales. Eso es un presupuesto que debe cumplirse, si no, simplemente no hay Estado que funcione y punto.

En casi todos los países del mundo puede hablarse de situaciones en que jueces o magistrados se han visto envueltos en casos de corrupción; sin embargo, en los lugares en los que el Estado funciona más o menos normalmente esto suele ser excepcional y no la regla general. Y algo importante, a esos jueces se les juzga y se les sanciona. Guatemala es un caso particular porque pertenece al grupo de países en donde el organismo judicial no ha logrado establecerse del todo como un ente independiente y no subordinado a los otros poderes del Estado y en donde abogados litigantes, altos funcionarios o ex funcionarios, empresarios, narcotraficantes u otras personas o sectores de la sociedad recurren al soborno, la amenaza o el tráfico de influencias para obtener favores de los operadores de justicia: en pocas palabras, la corrupción como moneda de uso corriente para el poderoso.

He escuchado testimonios de jueces, de amigos abogados, de personas que han laborado en el Organismo Judicial que no dudo son ciertos y en los que ellos se han visto forzados a renunciar, a pedir su traslado o no conocer determinado caso o han sido removidos de sus cargos por no acceder a presiones para actuar en contra de la ética profesional y en contra por ende de la misma administración de justicia.

Hoy asistimos a una degradación acelerada y preocupante de una institución que es pilar fundamental de la democracia. La renuncia esta semana de Claudia Escobar como magistrada electa de la Corte de Apelaciones es un grito de auxilio a todos los ciudadanos. Los jueces mismos saben que el proceso de postulación y elección de las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia fue negociado, transado y desnaturalizado totalmente.

Aún existen jueces dignos, son muchos, quiero creer que la mayoría. Sin embargo, casi todos son de instancia o de paz porque es donde se exige integrarse a una carrera judicial y en donde los cargos no se exponen a negociaciones de otro tipo más que a un proceso de evaluación definido previamente.

Si se quiere recuperar nuestro sistema, debemos tomar el ejemplo de la magistrada Escobar. Los jueces dignos deben salir a las calles, denunciar a viva voz lo que Escobar y otras colegas suyas a su lado han iniciado. Los ciudadanos debemos apoyarlos, respaldarlos desde los espacios que cada uno tenemos a la mano. Seguro hay mucha gente que hoy no entiende lo que pasa y otros que, como el CACIF, prefieren voltear a ver hacia otro lado porque lo que grita Escobar nos le conviene o les afecta directamente.

No sé si la acción de Escobar tendrá más consecuencias o no, pero de lo que sí estoy seguro es que para cambiar el sistema debemos gritar fuerte y alto. Sin miedo. Los colegas honestos de Escobar dentro del Organismo Judicial no deben ni pueden quedarse callados. Es su turno señores y señoras, el momento lo amerita.

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About Author

Juan Carlos Carrera

Abogado especialista en materia ambiental y administración pública. Escribo en El Salmón desde octubre de 2013. Creo en la palabra como uno de los mejores medios para construir puentes entre las personas, exponer nuestras ideas y abrirnos a los demás: Fragoso es un intento de ello.

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