Abuelas de la dignidad

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“Nada podrá
contra la fe del pueblo
en la sola potencia de sus manos”.
Otto René Castillo

El viernes 26 de febrero, al inicio de la jornada, la representante legal de Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG), Ada Valenzuela, presentó su alegato de conclusiones en el juicio conocido como #CasoSepurZarco. Completaba así el ciclo de la etapa de debate oral y público de un proceso penal en contra de un teniente coronel (subteniente en el momento de los hechos) y un ex comisionado militar (comisionado militar durante los acontecimientos), por violencia y esclavitud sexual y doméstica entre 1982 y 1983.

Una fase procesal que se desarrolló a lo largo de veinte audiencias que incluyeron la presentación de peritajes de diversa índole científica. Aportes para que el tribunal pudiese obtener los elementos de valoración que permitiesen comprender los testimonios de las víctimas. Se trata de quince mujeres y varios hombres del pueblo maya q’eqchi’ quienes presentaron sus declaraciones como prueba anticipada. SEPUR-2

Dichas declaraciones refieren cómo, la tropa al mando de Esteelmer Reyes Girón, forzó a los pobladores de Sepur Zarco a trabajar en la construcción del destacamento militar en la localidad. De igual forma, dichos efectivos militares secuestraron a los cónyuges de las mujeres víctimas en el caso y, posteriormente cuando se encontraban solas, pues sus parejas habían sido desaparecidas, fueron esclavizadas sexual y laboralmente. La captura y posterior desaparición de sus parejas resultó de la tarea del comisionado militar Edilberto Valdez Asig, quien proveyó además las listas de las personas que gestionaban la legalidad de las tierras.

Ada Valenzuela tituló su intervención como “Una cita con la historia” y, en su desarrollo plantea por qué lo expone así.

“… Hoy estamos ante un hecho histórico, que sienta precedentes para Guatemala y el mundo. Las mujeres hablaron, las mujeres han sido escuchadas, cada voz tejida con los testimonios de otras personas, y de algunos testigos de la defensa, corroboran el enorme dolor que vivieron las mujeres y sus comunidades durante la guerra en Guatemala.

El caminar ha sido complicado, cada paso ha significado los más grandes esfuerzos, para hablar de los que nos ha pasado, para darnos cuenta que la violencia no es culpa de las mujeres, que hay responsables y que deben pagar PORQUE LA VIOLENCIA NO ES NATURAL, PORQUE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES ES UN CRIMEN QUE DEBE SER JUZGADO AUNQUE HAYAN PASADO 30 AÑOS. (…)

Aun con un nudo en la garganta, luego de años de acompañamiento y de voces alzadas por la verdad y la justicia, ese nudo sigue ahí, sigue traspasando nuestras gargantas y corazones, sigue apretándonos el pecho. Aún nos falta mucho que gritar, quitarnos los prejuicios y estereotipos de encima, alzar la voz por quienes no han tenido voz, ser como lo escribió la Poeta Alaíde Foppa “_Quisiera ser siquiera…__ una voz clara -no pesado silencio- alguna vez escuchada”.

Nada podrá detener la lucha por la vida, las mujeres sobrevivieron para contar la historia, los cuerpos que emergieron de las entrañas de la tierra, durante las exhumaciones, nos cuentan con detalle el dolor y sufrimiento vivido, pero nada ha podido frenar la posibilidad de emerger entre la muerte y mostrar cómo la vida puede renovarse en el marco la lucha diaria por la justicia. Porque como dijo el poeta Otto René Castillo, _”Nada podrá contra la vida, porque nada pudo jamás contra la vida”._

Sabemos que este es un primer paso, que hay un camino largo que seguir recorriendo, sobre todo con lo que consideramos fundamental que es atender la demanda histórica sobre la tierra para las mujeres y el pueblo q’eqchi’”.

Las voces de las abuelas de Sepur Zarco, son por lo tanto, voces de memoria, que han tejido un perraje para todas y todos con los hilos de la dignidad.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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