Acerca de un texto de Andrés Zepeda

2

Siempre hay cambios que son afortunados, como los referentes a la sensibilidad a ciertas palabras. Antes era común descalificar a alguien diciéndole “indio”, por ejemplo, mientras quienes estaban alrededor se mataban de la risa; ahora eso es delito y está bien, porque nadie debe ser discriminado por su origen étnico, ni por cualquier condición.

Otra forma común de insulto es referirse a quienes se menosprecia o se considera inferiores, utilizando como adjetivo alguna condición neurológica distinta; situación que denota falta de sensibilidad y al mismo tiempo ignorancia. Esta práctica ha sido más difícil de eliminar y hay muchos que la usan como lenguaje coloquial.

También se puede descalificar desde la falsa altura moral que da el no realizar ciertas prácticas que son consideradas “main stream”; es decir, hay algunos que se sienten superiores solo porque no hacen lo que la mayoría, y piensan que tal cosa les da derecho a decir que cierto grupo “está robando oxígeno”. Quizá muchos hemos hecho algo similar en algún momento, no somos perfectos, pero es necesario obtener la madurez y sensibilidad adecuada para ir abandonando estas prácticas.

Por ejemplo, Andrés Zepeda, en reciente columna publicada en El Periódico, despotrica contra los patojos que juegan Pokémon Go. En su texto hilvana una serie de premisas que le sirven para preparar el que, según él, será un ingenioso párrafo final en el cual utiliza la palabra “autista” en forma peyorativa y para descalificar a toda una generación. Cree el columnista que tiene la suficiente altura moral para decir que quienes son aficionados a la tecnología o a ciertos juegos ni siquiera merecen vivir. Se erige en el ser supremo que puede decretar quién tiene, o no, derecho a respirar.

Además de que el texto completo es un despropósito, porque está redactado para causar un efecto final con base en una frase ofensiva, Zepeda utiliza una condición neurológica para calificar y descalificar a un grupo al que considera prescindible. Vaya que no tiene el poder de utilizar una cámara de gas.

Ante la andanada de réplicas a su desafortunado texto, “el bobo de la caja” se aferra a responder que una acepción del diccionario le da la razón y, en lugar de tener la madurez para aceptar el error y disculparse, llama ignorantes a las personas que le reclaman.

Esta vez Zepeda utiliza la palabra “autista”, quizá en otro texto, amparado por el diccionario, use otra condición neurológica para descalificar a alguien más; y ha de saber Zepeda que desde hace tiempo no se utiliza como adjetivo, ahora se dice personas diagnosticadas con un Trastorno del Espectro Autista, claro que eso no lo dice la RAE.

El asunto no es de semántica, es de sensibilidad y empatía. No se pueden utilizar las palabras a la ligera, menos si se refieren a un trastorno sobre el que existen infinidad de mitos. Las personas diagnosticadas con un Trastorno del Espectro Autista no son ensimismadas, ni están encerrados en su mundo, solamente tienen un nivel distinto de sensorialidad y una forma particular de percibir la realidad inmediata.

Andrés Zepeda dio dos respuestas a todos los reclamos y en ambas cita el diccionario para justificar su falta de sensibilidad, se encierra en que la tercera acepción de la palabra le da la razón, se ensimisma en la definición que da la Real Academia de la lengua española, se empeña en fijar la vista en el diccionario, sin permitirse ver hacia otro lado, como los milenials que critica en su texto; paradójico, ¿no?; pero no voy a decir que por eso está “robando oxígeno”, no es para tanto.

Share.

About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

2 comentarios

  1. Este Andrés Zepeda es un periodista mediocre, es un mercenario de la pluma que vende sus notas al mejor postor, es gente sin ideología y sin identificación social; un tipo sin vergüenza que piensa que porque tiene un espacio en los medios de comunicación puede decir cualquier pendejada que se le antoja sin tener responsabilidad alguna sobre sus comentarios. Es más saludable no leerlo e ignorarlo, que contaminarse con su verborrea de mal gusto y poco seso.

  2. Nancy Arroyave on

    Excelente columna. Toda una invitación a reflexionar y a madurar. Recordé una composición escrita por un estudiante en la que decía que todos sus amigos eran “bipolares”. En ese momento me pareció una frase simpática. Tras leer tu columna, me doy cuenta de que es otro diagnóstico, es otra palabra que se usa a la ligera como adjetivo. Felicitaciones por tu texto.

Leave A Reply