AEU: tiempos de rescate y dignidad

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Con una acción nacida de las entrañas del estudiantado universitario, ha iniciado un movimiento que intenta rescatar la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), Oliverio Castañeda de León. Quienes en las últimas semanas han levantado la voz provienen de diversas asociaciones estudiantiles de las escuelas y facultades de la Universidad de San Carlos (USAC). Quienes ahora impulsan el rescate de la AEU han expuesto durante años, el nefasto papel desempeñado por quienes hoy detentan el control de la entidad.

Con la frase, #RescatemosNuestraAEU, el movimiento iniciado hace un tiempo, intenta producir el cambio mediante la acción electoral. Se ha integrado un consejo electoral, el cual supervisará los sufragios que deberán llevar al frente de la AEU a un grupo que renueve su papel. Eso sí, las normas y condiciones de participación no pueden ser restrictivas en materia de derechos sino más bien, garantizar que la conducción de la AEU vuelva a las manos de quienes en verdad representan los más caros intereses de las y los estudiantes universitarios. Diversos son los nombres de quienes, desde algunas asociaciones estudiantiles, movimientos autónomos de la Huelga de Dolores e incluso desde la representación en el Consejo Superior Universitario, abrieron brecha para el cambio.

El grupo que ha detentado el poder en la AEU durante los últimos 20 años, convirtió la sede estudiantil en un antro de la mafia. La otrora localidad que constituía el centro nervioso de la acción de la AEU junto al movimiento social y popular, estuvo secuestrada. Ahora, con el proceso iniciado es posible su rescate. Un cambio que no se producirá de la noche a la mañana. El germen está sembrado pero es necesario comprender que se trata de un proceso que inicia con echar a quienes han destruido a la AEU. Proceso que reclama, desarrollar las condiciones para reconstruir el movimiento estudiantil universitario.

Devolver a la AEU su prestigio y su rol ante la sociedad, pero particularmente frente al movimiento social y popular, requiere mucho más que un evento electoral. Aún hay asociaciones, como la de la Facultad de Ciencias Económicas, cuyo liderazgo responde al grupo que asaltó la AEU. A tal grado que reproducen las mismas prácticas con las cuales se apoderaron de aquella y la convirtieron en un botín de la mafia. Convocatorias ilegales y amañadas, agresiones y amenazas son el modo en que operan quienes controlan a la Asociación de Estudiantes de Ciencias Económicas (AECE). Aquí también hay un grupo estudiantil que intenta rescatar la directiva y conducirla por la ruta del compromiso con la sociedad.

De tal suerte que, al aproximarse el 38 aniversario del asesinato de Oliverio Castañeda de León, estos cambios se perciben positivos. Oliverio fue asesinado por el gobierno de Romeo Lucas García, el 20 de octubre de 1978. Su ejecución extrajudicial, que aún permanece impune, fue un golpe severo al movimiento estudiantil y a la organización social y popular. Luego del asesinato del máximo dirigente estudiantil, su sucesor, Antonio Ciani García, fue secuestrado y desaparecido. A partir de ahí, se inició un proceso de represión que llevó a la muerte o a la desaparición forzada a cientos de estudiantes universitarios.

Más de la mitad del secretariado que dirigió Oliverio, perdió la vida a manos del ejército, la policía o los escuadrones de la muerte. Varios secretariados de la AEU, hasta 1989, fueron víctimas de la acción represiva del régimen. La guinda sobre el pastel de la destrucción planificada por el Estado contrainsurgente llegó a mediados de los 90, con la usurpación del liderazgo por quienes ahora deberán salir de la AEU.

Los movimientos de renovación, las jornadas de estudio y la lucha por la memoria y la justicia, son la muestra del fracaso del terror y de la mafia. Tiempos de rescate  y dignidad han llegado. Vientos de valor y de coraje se empiezan a sentir.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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