Ajedrez, juego de locos

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No se puede generalizar, pero el ajedrez es un juego de desequilibrados mentales. No todos los jugadores lo son, aunque sí hay muchos, entre ellos me incluyo.

Se supone que es uno de los mejores juegos para ejercitar el cerebro, pero hay bastantes mitos al respecto. Quizá el principal es que los ajedrecistas son inteligentes. No es así, aunque puede suceder al contrario; es decir, las personas inteligentes podrían ser buenas para el juego.

La historia del ajedrez registra gran cantidad de casos en los que se pone en evidencia el desequilibrio, o excentricismo, de los ajedrecistas. De mis lecturas recuerdo varios. Cuentan que Carlos Torre, considerado el mejor jugador mexicano de la historia, se comía unos 14 helados de piña todos los días. Miguel Tal, el jugador más espectacular de la historia, acostumbraba a beber vodka en grandes cantidades, afición que aumentó después de ser campeón del mundo a los 23 años. Aron Nimzowitsch decía que, para jugar mejor, su cerebro tenía que recibir un mayor torrente sanguíneo, nada descabellado, pero para asegurarse de que así fuera se iba a una esquina del salón de juego, mientras era el turno de su oponente, y se ponía de cabeza, haciendo una parada de manos; durante el tiempo que hizo este ejercicio fue cuando obtuvo los mejores resultados en los torneos. Vasili Ivanchuk, el brillante jugador ucraniano, desarrolló altísimo nivel de juego, pero era incapaz de controlar sus nervios, situación que lo hacía cometer errores de bulto y que su juego fuera irregular; cuando no le tocaba jugar, salía del salón de juego y se ponía a correr para calmar los nervios; en otras ocasiones permanecía sentado sin mirar el tablero, ni a su oponente, mientras esperaba su turno.

Los ejemplos abundan, más en los libros de ajedrez y psicología. La biografía de Robert James Fischer tiene infinidad de esos episodios de locura o excentricidad. El norteamericano fue capaz de partir la historia del ajedrez en dos, hay un antes y un después de Bobby Fischer; también llegó a convertirse en campeón mundial a pesar de su marcado comportamiento autodestructivo, que al final terminó consumiéndolo.

Asistí a la federación de ajedrez de Guatemala durante muchos años y también ahí vi varios de estos personajes emparentados con la locura, como Federico Iglesias, el indigente que logró derrotar a varios de los jugadores más fuertes del país, es posible que fuera esquizofrénico. Otro día les cuento de más personajes. Es posible que más de alguno me recuerde como el patojo canoso y loco que llegaba a la federación a discutir más que a jugar.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. René Villatoro on

    Durante algunos años me interesé realmente en el ajedrez. Lo dejé porque mis cercanos me indicaron que el día que jugaba, mi comportamiento era “extraño”, aunque a decir verdad, siempre fue “extraño”, solo que en esos días se notaba más. El único ajedrecista que logró vencerme, de cuyo nombre no puedo acordarme (aunque suene a Cervantes), terminó recluido en un centro psiquiático, del cual saiió solo para morir de manera, claro está “extraña”. Lo cual quiere decir de una manera larga, que su post no está alejado de la verdad. Saludos

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