Alienación, condición básica para la dictadura

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El diccionario de la lengua española de la Real Academia dice que la alienación es el proceso por medio del cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición. A su vez da una definición en el orden de la psicología, la que se refiere a un estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad.

Y es que existe una serie de instrumentos que son utilizados por las élites y los poderes fácticos en el país para alienar y producir una disociación en la población con respecto a su realidad circundante. El lunes pasado caminaba sobre la séptima avenida de la zona uno y al llegar a la plancha de cemento, mal llamada Plaza de la Constitución, dimensioné las implicaciones de la profunda alienación a la que ha sido sometida la población guatemalteca.

Una pista de hielo, un resbaladero y ahora un teleférico son las atracciones instaladas en plena Plaza, que no da paso a ninguna otra actividad. Mientras mucha de la población sometida a condiciones de vida indignas busca –aunque sea por pequeños instantes– salir de su estado emocional de estupor permanente; un acto de juramentación ocurría a tan sólo tres cuadras de ahí, que sin dudas ha representado la ruptura del principio republicano consagrado en nuestra Constitución Política.

La diversidad de denuncias públicas sobre la intromisión de operadores políticos de la presidencia, de actores del empresariado guatemalteco y de otros actores han causado indignación social, que lamentablemente no se convierte en un proceso de organización y movilización permanente que permita expulsar las prácticas corruptas y espurias, que permitan a través de los mecanismos democráticos sacar de la profunda crisis en la que ha entrado el Organismo Judicial en el país.

Mientras se nombra a magistradas y magistrados altamente cuestionados e ilegítimos, la población en su búsqueda de una felicidad parcial y limitada asiste a un árbol navideño gigante u observa fuegos artificiales que permiten a dos monopolios –uno cervecero y otro avícola– eludir el pago de importantes impuestos al Estado guatemalteco, que hoy tanta falta hacen para cubrir las crisis en el sistema educativo y de salud.

Mientras la transa y la corrupción se apoderan de los tres poderes del Estado guatemalteco y se rompe con la independencia entre dichos poderes, las mayorías trabajadoras realizan sus actividades no para satisfacer sus necesidades básicas, sino para engordar las cuentas bancarias de unos cuántos empleadores, que en el marco de la alienación total se creen dueños de la fuerza de trabajo de la población y por ello creyentes de que los salarios de hambre que pagan son los “justos”.

Esta imposición en las relaciones de producción a través de la vieja premisa del “pan y circo”, montado por las élites guatemaltecas, han producido un rompimiento de la solidaridad y la cooperación entre las y los excluidos, las y los trabajadores y no digamos entre aquellos que con mejores posibilidades son más solidarios con su opresor que con sus pares.

De tal cuenta que esta alienación que produce un modelo de Estado y de Desarrollo saqueador de los magros recursos económicos que percibe el Estado y de los recursos naturales en los territorios, tiene una enorme ventaja frente a lo que pareciera ya la anomía social. La alienación es sin lugar a dudas una importante columna del retroceso existente en materia democrática y permite a los corruptos y transas imponer su dictadura a sabor y antojo.

Frente a esta realidad la tarea histórica de los Pueblos, las y los trabajadores, de las y los excluidos y discriminados es la articulación social, la solidaridad, la construcción de un referente nacional capaz de enfrentar a la dictadura que se está consolidando en Guatemala.

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Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

3 comentarios

  1. Los países con mas programas sociales (Suecia, Singapur, Finlandia, Holanda, Noruega, Korea) son países extremadamente homogéneos. Son países donde la gente fácilmente se identifica entre si y reconoce su interés compartido en el bienestar común, o sea hay poca alienación. En Guatemala, pregúntele a un autoctono de tecpán que opina de los de chimaltenango. No digamos si le pregunta a uno de la USAC que piensa de otro de la UFM…

    Las divisiones que permiten la conquista perpetua datan de hace mas de 500 años. Espero que jóvenes como el autor de esta columna podrán canalizar su entusiasmo e idealismo para lograr hacer puentes entre los pobladores de este país. Techo para mi país parece ser una buena iniciativa en esa dirección.

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