Alienante evasión o renovada movilización

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Pareciera como si hay abundancia de información relativa a las corruptelas de la clase política en Guatemala. Tras año y medio de presencia mediática de los hechos que revelan cómo se organizaron los exgobernantes para robar hasta el último centavo, es como si todo fuera parte del paisaje. La capacidad de asombro se pierde o adormece, mientras los grupos tras bambalinas se atrincheran y organizan para impedir que nuevos casos los arrastre.

Pero, qué ha pasado con el daño infligido por los políticos ya en la cárcel, por los que siguen gobernando, legislando o administrando justicia. Con tres lustros y un año transcurridos del Siglo XXI Guatemala ha vuelto a la centuria precedente en casi todos los aspectos. Veamos uno a uno ciertos hechos que ilustran esa realidad dolorosa.

Que alguien le pida la dirección para enviarle una carta, un paquete o una postal por correo es ahora una tarea imposible. Por más que cueste decirlo y plantearlo a las familias o amistades fuera del país, Guatemala no tiene servicio de correos. No es posible hacer llegar una carta, a menos que esté en la disposición de pagar una cuota exorbitante a empresas de paquetería privada. De lo contrario, el hábito de comprar estampillas o sellos postales, humedecerles y pegarlos a un sobre para enviarlo o darse el gusto de recibir una carta, es ya un sueño.

Pero si en lugar de enviar una carta lo que desea es mejor visitar en persona a sus amistades y para ello necesita salir del país, pues, fíjese que no se va a poder tan fácilmente. No puede hacerlo porque su país no es capaz de documentarle con la credencial mundialmente reconocida para toda persona extranjera al viajar: el pasaporte. Si tiene suerte y aún tiene hojas en el pasaporte vencido pues, pida que le coloquen una etiqueta que lo revalida por un año más. Si, por el contrario, el pasaporte está vigente pero ya no tiene espacio para sellos, intente renovarlo. En caso tenga el privilegio de conseguir una nueva cartilla, cruce los dedos para que en el país de visita la oficina migratoria acepte el nuevo documento. Al parecer la forma en que se elabora genera dudas con ciertas autoridades migratorias que pueden hacerle pasar un mal rato.

Si en lugar de un viaje fuera lo que necesita es algún trámite interno pero que requiere identificación y no posee su Documento Personal de Identidad (DPI), ya estuvo que no lo conseguirá porque el servicio continúa sin funcionar. Tampoco está disponible en su totalidad para las y los compatriotas fuera del país.

Tan solo tres funciones básicas del estado cuya falla representa un grave problema de funcionamiento  para la sociedad. Sin embargo, poco o nada se ha hecho desde las entidades oficiales para superar dichas carencias. Es como si al gobierno le importara un comino que la población para la cual se debe no tiene acceso a documentos de identidad y carece de un medio vital de comunicación.

Mientras en forma acelerada los tentáculos de la corrupción y la impunidad se apoderan de los tres poderes del Estado, la sociedad parece alienada por la magnitud de ambos fenómenos. A tal grado que no despierta del marasmo en que se sumió luego de la farsa electoral en 2015. Por el contrario, los responsables de la debacle se preparan para retornar sin castigo ni persecución.

Los evasores de impuestos, organizados para tal fin, así como los funcionarios que garantizan o facilitan esa opción, apuestan al paso del tiempo y el silencio ciudadano para salir impunes. Los prisioneros en el cuartel de Mariscal Zavala, lo han dejado ver claramente y mueven sus piezas en función de esa jugada. ¿Vamos a dejarles salirse con la suya? O por el contrario, ¿retomaremos el espacio organizativo desde la base? Tal parece que organización, unidad y movilización siguen siendo las claves del accionar ciudadano.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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