“Amor eterno”

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La perpetuidad de las palabras declaradas por el que se va al Norte solo durará el tiempo que se mantenga en el recuerdo del que se queda. Esa seguramente ha sido la promesa de miles de migrantes de Centroamérica al dejar a sus familias; las dijo el marido que le prometió amor a la pareja que se quedó en el país de origen. Fueron también los sentimientos prometidos del padre a sus hijos dejados atrás en busca de un mejor futuro para ellos, o el de un joven a su familia cuando se aventuró en el camino de la incertidumbre que toma rumbo norte. Pero este drama de la ruptura y separación familiar es solo una de las aristas del fenómeno de la migración; porque este poliedro tiene muchas caras oscuras que convierten el sólido en una complejidad tan dura de resolver como lo puede ser la pobreza mundial misma.

Desde que las fronteras existen, migrar se fue convirtiendo en sinónimo de delito; el que migra ya dejó de ser migrante para convertirse en ilegal, ¿qué crimen cometió?, el de atreverse a dejar su lugar de origen para explorar nuevos mundos. Existen pasaportes, visas, obstáculos fronterizos, costosos procesos burocráticos y cualquier cantidad de recursos en seguridad para impedir y administrar el libre tránsito de las personas. Hoy cuando el mundo está más comunicado que nunca, es cuando más restringido está ir de un lado a otro, es un mundo unido por el consumo globalizado y separado por el egoísmo de una riqueza distribuida en forma de pirámide.

Los procesos migratorios denotan sobre todo movimiento, traslado de un lugar a otro para sobrevivir, para adaptarse a mejores condiciones, para evitar los peligros en el lugar de origen. Migrar es tremendamente normal en la naturaleza de muchas especies; hay mariposas que viajan distancias increíbles para poder procrear en condiciones climáticas ideales y luego desaparecer. Imaginemos que las especies de animales bloquearan a otras en su trayecto de supervivencia, pues es justamente el acto que la especie humana implementa a través de mil formas para asediar el libre paso de personas que buscan sobrevivir ante las condiciones económicas, políticas y sociales adversas. La especie humana, siendo la única sapiens de todas, es la responsable de un proceso de degradación y devastación de escala global que ha tenido como consecuencia la migración forzada de grandes colectivos humanos. La libertad de migrar se convirtió en necesidad de sobrevivir.

En el centro de aquel poliedro yace el núcleo de la contradicción esencial que es el capitalismo, es la misma razón para otros fenómenos, por lo que pobreza junto a migración forman parte de las consecuencias de la exacerbación del ansia inagotable, de ambición desbocada por el poder y riqueza. Aquel hombre que prometió la eternidad de su amor con la pareja dejada atrás, llegó al norte para integrar las filas de mano de obra dispuesta a dejar la vida por algún trabajo de tercera o de cuarta que los locales no están dispuestos a hacer. Aun en condiciones muy adversas, la recompensa obtenida por ese hombre se repartirá de dos formas, una parte servirá para consumir y adaptarse en la tierra prometida del sueño americano y la otra se enviará para paliar la pobreza de la familia que se quedó. Esa familia, a su vez, consumirá una parte de esas remesas en la compra de bienes y materiales cuyo origen se relaciona con una transnacional ligada a la tierra prometida y, de esa manera, la mayor parte del dinero ganado por aquel hombre termina regresando al norte; el negocio es redondo.

Se revela sin embargo que algo no está bien en este círculo perverso del migrante desde el origen, el tránsito y el destino. Se deportan centroamericanos pero son estos los que salvan la cosecha, de muchos productos, que de otra manera se perdería; se criminaliza a los migrantes, pero la esencia de muchas naciones es justamente el intercambio cultural. Muy pronto en el país del Norte, el español correrá el destino inminente de volverse la segunda lengua oficial, y si la cultura se dinamiza por el idioma, algo se transformará inexorablemente. Se considera a los migrantes “ilegales” pero la riqueza obtenida por su mano de obra y enviada en forma de remesa es la que contribuye a la sobrevivencia de muchas familias, y la que salva la dignidad del Estado guatemalteco, por ejemplo, en sus índices macroeconómicos. Al mismo tiempo el monto en miles de millones de dólares que constituyen las remesas demuestran el fracaso del modelo económico de potreros medievales como Guatemala, es una interpelación directa a sus élites que solo son oligarquías mustias.

La migración revela y contiene al mismo tiempo, desde el origen, durante el tránsito y en la vivencia de llegada a la tierra prometida, todos los males y perversiones de las que es capaz la especie humana con tal de sostener la doble moral de un sistema de riqueza y poder. El amor eterno jurado por el padre, el hijo o el amigo que se van para el Norte, siempre correrá el riesgo de disolverse a cada instante desde el inicio de un trayecto tortuoso hacia el sueño americano, en el que sobrevivir se ha convertido en sinónimo de ilegalidad.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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