Arzú y los vendedores callejeros: una visión crítica

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Imagen 1. Frente a Palacio Policía[1]

 

Tres mujeres con delantal se acercaron a la esquina, tomaron piedras y las tiraron contra un grupo de veinte antimotines municipales. Los hicieron retroceder. Segundos después algunos jóvenes hombres, usando su camisa como paliacate, recogieron las piedras y obligaron a retroceder al grupo policial. Los vendedores informales de la Sexta avenida habían triunfado sobre quienes los querían desalojar. En la esquina de la 13 calle el grupo de hombres y mujeres –morenos, bajos de estatura, con el pelo en cola o con una camisa cubriéndoles el rostro– reunieron los bloqueadores plásticos, colores verde y anaranjado, amontonándolos uno sobre otro.

Uno de los jóvenes tomó una botella y roció con gasolina el apilado de Emetra. Rápidamente empezó a arder. Para este momento ya se había juntado un grupo de alrededor de 70 personas y gritaban: «¡Fuego!» y «¡El pueblo unido jamás será vencido!». Inmediatamente se movilizaron los medios –Emisoras Unidas, Prensa Libre–  enfocando los destrozos y la violencia de la turba enardecida, de los delincuentes. Cuatro años atrás, cuando el ejército disparó a los manifestantes de 48 Cantones en la Cumbre de Alaska, estos dos medios fueron los primeros en generar antipatía nacional contra las comunidades k’iche’ y directamente encubrir los disparos efectuados por los soldados.

En esta ocasión, Prensa Libre destacó dos llamativos titulares: «Turba destruye monumentos y bienes municipales» o bien «Disturbios en el centro histórico destruyen obras de arte». Sobre las banquetas el jaguar de Arzú yacía en pedazos, con las patas aún incrustadas en el cemento. Dos de las estatuas metálicas, Taurus y El Grito, fueron levantadas con el pedestal incluido y tiradas en la calle y sobre la banqueta. El arte de la municipalidad, de la autoridad, fue destronado en la tarde del 10 de noviembre 2016. Los eventos de este día tienen su raíz más profunda en lo que ha significado el presidente-alcalde señorial para la ciudad y este país que no ha salido de la violencia de la guerra.

 

Arzú, el MLN y la Guerra olvidada

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Imagen 2. Arzú del otro lado del vidrio

Todavía hacia mediados de la década del 2000 los vendedores callejeros  tomaban la sexta avenida año con año. Para los antiguos habitantes de la urbe este paseo era el recuerdo de una ciudad pequeña donde todos se conocían. Charlando con un amigo, entonces estudiante de la Normal, me decía: «El paseo era entre la novena y la doce, ahí salía la patojada a conocerse y conectarse». En esa calle, en la esquina, el abuelo del teniente Byron Lima disparaba contra estudiantes de medicina de la San Carlos en 1956. Entre estos dos recuerdos la sexta es presencia histórica en lucha.

En la década de los sesentas Arzú era un joven estudiante del entonces colegio de élite Liceo Guatemala. Todos los años marchaban con fusiles y tambores militares. Un familiar de Arzú, Herrera Ibargüen, había permitido el entrenamiento de mercenarios estadounidenses y cubanos en su finca en la Costa Sur. De esas raíces no cabe extrañar que Álvaro Arzú se convirtiera con el tiempo en militante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), partido fundado por Mario Sandoval Alarcón. El MLN jugó un papel central en el derrocamiento armado contra el Gobierno democráticamente elegido de Jacobo Árbenz, como en la represión posterior en Tiquisate y San Martín Jilotepeque. Además de esto, el MLN fue tristemente famoso por haber reclutado y formado, con apoyo del ejército y de la CIA, a los primeros escuadrones de la muerte desde 1960.

Años después, de la mano de otro gobierno militar, Arzú fue designado director del INGUAT. Era el Gobierno de Romeo Lucas García, mismo que lanzó las campañas de masacres en el Altiplano desde noviembre de 1981. Dos nuevos candidatos se postulaban para las elecciones de 1982: Sandoval Alarcón, sin poder hablar, era lanzado por el MLN para la Presidencia; Arzú Irigoyen, para  alcalde de Ciudad de Guatemala. No pudo cumplir su plan durante el próximo año debido a la preeminencia del plan militar en el Altiplano, conducido por los Generales Benedicto Lucas y luego por Efraín Ríos Montt y Héctor Gramajo. Tendría que esperar hasta que las masacres se acabaran y se controlara la sublevación, se convocara una nueva asamblea constituyente y hubiera elecciones.

 

El perímetro del bochinche: 8 calle – 22 calle, 6a. Avenida

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Imagen 3. El Grito… finalmente estalló[2]

En un comedor de la once calle almorzaba un amigo con quien luego conversé. Él estaba viendo la televisión cuando uno de los comensales dijo que el bochinche era a solo dos cuadras. «Para esta época del año mucha gente sale para conseguir un poco su pistío», reflexiona. Todavía no está claro cómo fue el inicio del enfrentamiento. Una mujer dice haber visto cómo los antimotines de la municipalidad, con su conocida violencia, comenzaron a desalojar a los vendedores. El conflicto empezó hacia la una de la tarde. Enfurecidas y enfurecidos un grupo de 100 a 200 vendedores callejeros esta vez se le plantaron a los policías de Arzú. Hacía un año, en 2015, una niña indígena nos contaba a un grupo cómo los antimotines municipales «no le dejaban vender lapiceros» y se los arrebataban. La impotencia de la niña hace un año hoy se hizo caudal de hastío popular. El epicentro parece haber sido la 14 calle esquina, justo entre el Palacio de la Policía y el Parque Concordia – o Gómez Carrillo.

Quienes desalojaban terminaron siendo desalojados por mujeres y jóvenes. «Los antimotines se resguardaron en el parque, cerraron las puertas y no dejaron entrar a nadie. Da risa porque enfrente, en la esquina opuesta, está el edificio de la policía y nadie mandó refuerzos para defenderlos». Pero el malestar se fue moviendo por poco más de un kilómetro sobre la sexta avenida. Durante la tarde, mientras los antimotines municipales se encerraban dentro de un parque, los protestantes caminaron en dirección al Parque Central, la Plaza, como la llaman muchos a partir del 2015. Ahí, desde hace algunos años, Arzú privatiza por mes y medio el espacio central de ciudad de Guatemala para hacer una… ¡pista y tobogán de hielo!, sí, en pleno trópico. Los negocios adentro –esta vez sí permitidos– son para variar las gaseosas, los pollos campero, las pizzas, los inquilinos oficiales. Grandes mantas de la fundación Rozas-Botrán y Novella apoyan la bucólica escena en zona 1.

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Imagen 4. Fuego frente al Palacio[3]

Como poseídos por un enojo contra todo lo que simboliza Arzú y su camarilla blanca, los vendedores callejeros contraatacaron hasta la octava calle donde tiraron las casas estilo canadiense de la municipalidad guatemalteca y, en un momento de tremendo simbolismo, botaron – no votaron – a Arzú en las estatuas del Paseo. El epicentro siguió siendo entre la 14 y la 20 calle, volcándose contra los vidrios de una estación de Transmetro. Luego, un grupo de alrededor de 70 personas, mujeres con corte y delantal, hombres con pantalón de lona y camiseta en la cara, caminaron hasta la municipalidad. Lo sorprendente de esta revuelta es que tiene claro a quién ataca: a Arzú y su municipalidad. El populacho llegó armado con palos y varas de metal, como delincuentes decían los medios oficiales, a pararse e insultar al alcalde. En mi memoria, probablemente el último bochinche  urbano, bastante acotado a un espacio, había sido en 1993, medio kilómetro adelante hacia el centro comercial de la zona 4. Ahora, los vendedores callejeros volvieron a ser los dueños momentáneamente de la Sexta Avenida, desde la octava calle hasta el edificio municipal. Adentro, temeroso, Arzú y sus concejales miraban serios, con el ceño fruncido, cómo la gente convertida en populacho y luego en turba, con todos los peyorativos que se puedan usar en medio y redes, vencieron a los antimotines y retomaron la Sexta avenida.

 

El 5 veces alcalde: negociante inmobiliario y privatizador

Asesinados  los anteriores urbanistas o alcaldes como Manuel Colom Argueta, los candidatos que quedaban después de 1979 pertenecían a miembros de la clase finquera-empresarial, del ejército o aliados a las bandas paramilitares. En 1986 Álvaro Arzú se estrenaría como alcalde de la ciudad, el primero de cinco periodos donde ha monopolizado la inversión pública a su discreción sin rendir cuentas a nadie. Años después sería Canciller bajo el Gobierno de Serrano Elías y, luego, durante su presidencia, se firmarían los acuerdos y el armisticio de 1996. La Paz había llegado a Guatemala de parte del joven educado en las filas del MLN. Un año después, Arzú se apresuraba para firmar nuevas leyes de impulso a la minería, privatización de la electricidad, de la telefonía. ¿Tendrá algo que ver La Puya, la Cumbre de Alaska, Ixtahuacán, con Arzú?

Bueno, considérese que el marco legal estatal que abrió el presidente-alcalde es el que ha permitido los abusos de compañías de distribución eléctrica como Deocsa o las concesiones mineras a cambio de menos de 1% en retribución fiscal. Arzú es el hijo civil de la guerra en Guatemala. Durante estos últimos 30 años se movió como un jaguar de porcelana, como un toro metálico y mecánico, semejante al arte de su Paseo. En menos de diez años ha expulsado a la chusma –potencialmente turba– de los paseos públicos (eg. 6a. Avenida, 8a. calle). Construyó muros alrededor de los parques, centralizó la construcción del Transmetro, con fuertes sospechas de corrupción semejante al Transurbano. Formó un pequeño ejército verde fluorescente famoso por robar carretas a vendedores de piñas, arrebatar pequeños canastos con lapiceros a niñas indígenas. En actos públicos no solo casa por lo civil a decenas de parejas sino insta a los inquilinos de mercados a tomar palos para, dice, moronguearlos. Ese es el lado oculto del sensacionalismo de los medios que criminaliza pobres.

 

¿Y la violencia de los de arriba?

Ese Taurus y Jaguar cayó de manos de los vendedores ambulantes. Entre 100  y 200 de ellos, armados con palos y tubos de metal, llegaron furiosos a las puertas de la municipalidad. Adentro, en el primer nivel, Arzú había descendido de su oficina y de la vista protectora de la pintura de Don Pedro de Álvarado: la chusma había llegado. El primer pelotón de las Fuerzas Especiales Policiacas había reforzado al pequeño ejército verde fluorescente. Una mujer indígena, cubriéndose con un suéter negro parte de su rostro, gritaba a un antimotín su necesidad de vender para alimentar a sus niños. Probablemente será callado, pero este día las mujeres populares movilizaron la indignación de quienes aprovechan el comercio navideño para vender mercancías chinas. La conciencia urbana-propietaria, fácil juez desde el escritorio, puede tachar de delincuentes a quienes quebraron el bien público. ¿Son redes de comercio clandestino? ¿Están centralizadas por una banda y les pagan el día?

El comercio en estos días ya no es necesariamente una cuestión individual o familiar, sino ya hay redes asociadas. En todo caso, ¿no es de la misma manera como Arzú y su clase empresarial se han apropiado del comercio inmobiliario de zona 1, 15, 16? ¿Esta centralización del comercio –con evasión fiscal– no es lo que ha incrementado las riquezas del General Pérez Molina, de Baldetti, de Aceros de Guatemala, de Pisa, del CACIF en su conjunto y TIGO? La tarde del 10 de noviembre 2016 los medios hablaron de la violencia de los de abajo, sosteniendo el olvido de los de arriba. Sobre el llamado Paseo de la Sexta una turba sin articulación política, con perspectiva de vendedores, tuvo la claridad de qué atacarían: el arte de Arzú, los bloqueadores verdes de Emetra, las paradas de Transmetro de la 20 calle. ¿Es todo esto solamente incoherencia frente al ordenamiento neutral de la ciudad? Los actos son poseídos por lo que se podría interpretar como un profundo inconsciente colectivo.

 

Guatemala, 10 de noviembre 2016

[1]             Imagen de Prensa Libre. Guatemala, 10 de noviembre 2016. Foto: Paulo Raquec)

[2]           Imagen de Prensa Libre. Guatemala, 10 de noviembre 2016. Foto: Paulo Raquec)

[3]             Fotografía tomada del sitio: Otra Guatemala Ya, 10 de noviembre 2016

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

5 comentarios

  1. La pregunta es ¿porqué más de la mitad sigue votando por Arzú? y aunque a muchos nos revuelva el estómago, hay que respetar a la mayoría. Ningún periodista, comentarista o vaca sagrada lucha por la democracia representativa de la mitad más uno.

  2. José E. Benítez on

    Arzú no es solo el alcalde, él representa un sector de la población con mucho poder y a un tipo de hombre de los que siempre han mandado en esta tierra de mayoría indígena. Muchísimos lo admiran y le topan la manera como lleva la administración edil sin chistar, mucho se ha dicho que las finanzas de la institución tiene extraños manejos a lo interno, así como la obra física que se lleva a cabo. Si no fuera por la edad, ese señor volvería a ganar la vara de TuMuni..

  3. A mi no me parece necesario hacer recorder la vida del Sr Alcade por este insidente, Sea cual sea el pasado del Sr. Alcalde Alvaro Arzu, no justifica de ninguna manera que se tenga que tolerar actos de vandalismo. El que una persona tenga nececidad de mantener a su familia, no le da derecho a ir a destruir lo que otros han pagado con su trabajo e impuestos. Leer ese articulo solo me hiso perder mi tiempo.

  4. Rosario Elizabeth Fonseca on

    Excelente comentario y vale decir que lo de ayer solo es una pequeña muestra de lo que son capaces las personas llevadas al limite. Sigamos ignorando sus necesidades y seguiremos exacerbando los ánimos, sigámosle poniendo oídos a los medios de desinformación y desde la comodidad de nuestras casas sigámosle haciendo el juego a los de siempre.

  5. Arzu no negocia con nadie, eso es un claro problema. Pero de eso a que se de por inevitable la destrucción que se dio, no lo deberíamos aceptar. Es muy dificil darles visibilidad a los pobres y sus necesidades, y en todo caso creo que es un problema más de fondo que debe resolverse. Como sea, pienso que podrían habilitarse espacios publicos en otras áreas y organizarse bien. Ni el alcalde ni los comerciantes pueden hacer lo que les venga en gana, si no reina el caos.

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