Autoestima colectiva

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Es probable que la salida de la vicepresidenta Roxana Baldetti se haya debido a una combinación de presiones y acuerdos entre distintos sectores: embajada de Estados Unidos, CACIF, actores de gobierno (incluyendo al propio presidente), etc. No es posible saberlo exactamente. Y en cierto sentido no interesa. Porque las causas no quitan el sentimiento de los manifestantes que leen como un triunfo la renuncia, a partir de su indignación transformada en protesta. De su acción colectiva.

Las expresiones de júbilo en la noche de su renuncia, gritando consignas, así lo demuestra.

Frente a las derrotas históricas, las humillaciones diarias, las carencias materiales y afectivas con las que se vive en este país violento, empobrecido, explotado, entregado por sus élites a intereses extranjeros, esto se debe vivir como una victoria.

Quienes fueron a manifestar lo saben y lo sienten. Cuando se dirigen a pie, en bus, en bicicleta o en carro al lugar de la concentración y empiezan a ver que llega más gente, que se reconocen con la intención similar de expresar lo que sienten, perdiendo el miedo, gozando cuando le mientan la madre a la figura odiada, cuando cantan con sentimiento el himno, eso significa que algo en la autoestima colectiva está cambiando.

Para los espectadores puede parecer un poco iluso. O algo momentáneo. Quizá no se comparten los valores que así se expresan. Pero aunque fuera eso, no se elimina la sensación de ser parte de una acción importante. De ser parte de un movimiento en los que se miran intereses que van más allá del propio ombligo.

Al principio consideré escépticamente las protestas. Una cuestión de clases medias. De esas clases desmemoriadas y proclives a criticar cualquier manifestación popular. Pero la salida de Baldetti y la posibilidad de conectar con otras luchas y de realizar un proyecto colectivo son más importantes que cualquier juicio.

Hay quienes se pusieron orgullosos del mentado Carlitos Peña o de cualquiera que la pegue en algo por ser guatemalteco (hay quienes son entusiastas, incluso, de Combate). Estando tan mal nuestra autoestima colectiva es comprensible que se agarre de cualquier cosa para sentir cierto orgullo.

Pero este empoderamiento colectivo que se realiza en la marcha, con los gritos y las pancartas puede ser el inicio valioso de algo que verdaderamente podría enorgullecernos: un país distinto.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

2 comentarios

  1. Una humilde apreciación y reflexión, es que no se trata de autoestima o de empoderamiento escindido del análisis histórico-cultural, la situación estriba en que son protestas PERMITIDAS desde las élites económicas del país lo cual imposibilita fundamentalmente, el realizar ejercicios de reflexión histórico-políticas a nivel colectivo.

    La cuestión es que en algún grado (bastante alto) esta protesta es de sujetos urbanos clasemedieros sin memoria, que no necesariamente representan una AMENAZA para los oligarcas y militares que han fortalecido el crimen organizado como medio para mantener el orden desordenado del sistema social.

  2. Mariano González
    Mariano González on

    Coincido en que el principal sector en estas protestas se compone de esos “sujetos urbanos clasemedieros sin memoria” y que, por supuesto, esos sujetos no han sido una amenaza para el sistema social. Pero es posible que en la marcha, vayamos cambiando.
    No tanto en que las protestas sean permitidas desde las élites. No han sido reprimidas, es cierto. Pero quizás los agarraron un poco imprevistamente. Para controlar los daños (Edgar Gutiérrez) y controlar el movimiento, han salido los cacifes. Pero, PUEDE salirse de las manos, si las capas medias se conectan con otros sectores. Cómo lograr ese encuentro, mantenerlo, avivarlo, producir algunas direcciones son retos que todavía no sabemos como podríamos afrontar.
    La cuestión aquí es cómo convocar, como encontrarnos. Seguro diciendo cosas como “nuestras manifestaciones no son acarreadas” o “no dejan basura como otras” no invitan ni apelan. Porque en esto creo que podríamos coincidir: invitemos y apelemos. No dejemos que políticos ni cacifes asuman la dirección de la protesta.

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