Ayer Sepur Zarco, hoy Lote Ocho

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Este es el país de las violencias. Guatemala es el país en donde todas las violencias se encuentran, se amalgaman y se convierten en fundantes de nuestra sociedad y nuestro Estado. Hay violencias más visibles o más cotidianas, hay violencias históricas mantenidas por los tiempos de los tiempos. La violencia contra las mujeres es tal vez una de las violencias más comunes y más justificadas, es de las violencias más silenciadas por vergüenza o culpa, pero cuando se trasciende y se levanta la frente, se convierte en una de las luchas más feroces.

La aldeas cercanas a Sepur Zarco –comunidades q’eqchi’ del Valle del Polochic, cercano a El Estor y Panzós– fueron unas de las tantas localidades atacadas por el Estado contrainsurgente de la época de la guerra, y de manera especial las mujeres sufrieron violaciones a los derechos humanos entre los años de 1982 y 1988. En 1982, 18 líderes comunitarios fueron secuestrados por el ejército, estaban todos organizados para obtener el título de propiedad de la tierra que habitaban y trabajaban. Las violaciones sexuales a las mujeres de los campesinos desaparecidos comenzaron el mismo día del secuestro, frente a sus hijos, en su propia casa. Luego las llevaron obligadas al destacamento en Sepur Zarco, algunas construyeron champas en las cercanías –llamadas cínicamente “casas de viudas” – y ahí fueron obligadas a cocinar para los soldados, limpiar por turnos, trabajando 12 horas al día. “Luego de cumplir con todo eso que ellos nos imponían, empezaban a violarnos una a una”, denunciaron en el Tribunal de Conciencia en 2010. Sepur Zarco era el lugar de descanso de la zona.

Lote Ocho limita con El Estor y Panzós, también en el valle del Polochic. En el 17 de enero de 2007 se desalojó violentamente de sus tierras a la comunidad. En el lugar se encuentra el Proyecto Fénix, una mina de la Compañía Guatemalteca de Níquel, ahora propiedad de la empresa canadiense HudBay Minerals. Son mujeres q’eqchi’ que encuentran su lucha por justicia intrínsecamente vinculada con su lucha por la tierra. Ese día, personas armadas de la CGN, soldados y policías violaron a varias mujeres, algunas hasta 10 veces. En su propia casa, frente a sus hijos.

Las mujeres de Sepur Zarco y Lote Ocho van hoy por el camino de la justicia. Las primeras están esperando que el juicio comience en Guatemala y luego de intentos de tropiezo de la defensa, acusan al teniente coronel Esteelmer Francisco Reyes Girón  y Heriberto Valdez Asij, de los delitos cometidos; las segundas han hecho historia en Canadá al presentar una demanda contra la empresa minera Hudbay Minerals. Son mujeres indígenas que se han atrevido a desafiar al Estado, a la sociedad conservadora y racista, a sus comunidades, a la opinión pública de este país, y han pedido justicia. Han contado su historia, han apalabrado el pasado para que otros conozcamos de donde viene este Estado guatemalteco, en qué se funda, cómo ha funcionado a través del tiempo. Son mujeres que nos enseñan con su lucha la importancia de no olvidar nunca para vigilar la historia.

La Alianza Rompiendo el Silencio –Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), Mujeres Transformando el Mundo (MTM), y la Unión de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG)-, han acompañado a estar mujeres en un camino que nos toca a todos recorrer, pero que nos toca a todas asumir como propia. La voz de las mujeres de Sepur Zarco y Lote Ocho se han sumado a las voces de otras mujeres, con otras diversas identidades –como la de Luz Méndez Gutiérrez y Amanda Carrera Guerra de cuyo libro “Mujeres indígenas: clamor por la justicia. Violencia sexual, conflicto armado y despojo violento de tierras” retomo los datos de los hechos- para que la historia de las mujeres no se olvide convenientemente en una sociedad que necesita de su memoria para ser otra muy diferente.

Fotografía: Giovany Ujpán/ Oxfam Intermón (http://www.oxfamintermon.org/es/campanas/proyectos/polochic-firma-ahora-por-desalojos )

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

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