Ayotzinapa

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Hace ya un año de la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, tan familiar se ha hecho la historia que solo con mencionar Ayotzinapa sabemos qué prosigue. En estos días cuando Guatemala recibe tanta atención llamándola el ejemplo para los demás países, muchos sentimos orgullo pero no hay dudas que todavía siguen cosas escondidas bajo la alfombra. El arresto del Otto Pérez Molina es también recordartorio de que él debe mucho más que el dinero ‘malversado’; es decir, Otto Pérez también fue una de las piedras angulares donde se apoya el genocidio guatemalteco, entre otras cosas la participación en inteligencia militar para la desaparición indiscriminada que sigue teniendo en vilo a muchas familias.

Aún no sabemos hasta qué punto estamos dañados por las desapariciones en Guatemala, como ejemplo: vemos los síntomas de una sociedad enferma y sin saber el diagnóstico certero para aplicarnos la cura, eso se ve por todos lados, hasta la negación del genocidio y la necedad de permitir que en Guatemala aún exista ejército es síntoma claro de una sociedad que aún sigue con dolores. Entre las heridas más grandes, esos hogares desmembrados, de lágrimas perennes, de súplicas y esperanzas por volver a recibir a sus familiares.

Así, la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa recuerda nuestros días de angustia y lo poco descrito en los párrafos anteriores, sin importar los límites de territorio, muchos hemos sentido el compromiso de incluirnos en una tarea virtual de etiquetas como #AyotzinapaSomosTodos #NosFaltan43, el boca a boca, los comentarios en el trabajo, con los vecinos, entre la cena familiar, y otros más atrevidos pisan el lado cultural para compartir con gente de otros países la terrible tragedia de los 43 estudiantes.

Hace poco veía en la conferencia de prensa dada a los padres de los normalistas a Claudia Paz y Paz, alguien la presentó como experta en desapariciones. Vi su seguridad al leer y decretar que a los padres se les había mentido sobre la muerte de sus hijos. Entre llantos y mucho espanto los padres recibían otro guacalazo de agua fría porque hasta este momento la teoría de incineración de los cuerpos se venía abajo por una experta. Es decir, Claudia Paz, junto los otros expertos de GIEI son un bastión de esperanza en busca de la verdad.

¿Qué pasó con los estudiantes? A nadie parece importarle, después del cansancio del procurador general mexicano, sobrevino todo tipo de declaraciones añadiendo discursos y posibles escenarios para sostener la inocencia del Estado.

Hace unos días en México, el 26 de Septiembre fue declarado “Día Contra la Desaparición Forzada”, como si esto fuera a aliviar el dolor de los familiares o exigir que las autoridades se preparen en la búsqueda de estos 43 jóvenes. Risible por demás.

Lo bueno de estos formatos digitales es que las desapariciones ya no se quedan en el ambiente familiar, el eco no encuentra barreras, países y desconocidos se unen en apoyo, quizá esto no amortigua el dolor, pero estoy segura de que se convierte en una cadena lo suficientemente fuerte que exige justicia, aunque esta sea una dama ciega sosteniendo en la balanza un número de estudiantes que une a todo un pueblo en agonía. Y no nos avergüenza decir: Ayotzinapa Somos Todos

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About Author

Brenda Marcos

Nací en la ciudad de Guatemala, emigré a Estados Unidos. Por ahora estudio y trabajo para obtener mi licencia como maestra de lenguaje de señas. Estoy sentada junto al camino que conduce al sueño americano, quizá un día me levante y siga a otros que he visto pasar. Contribuyo escribiendo mis observaciones y me hago los quites con el racismo que pega tan duro por estos lados.

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