Baños de pureza

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¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un medio sobre el contenido de las notas que escriben sus editorialistas o sus columnistas? Me parece que esa cuestionante se responde rápido y directo desde la ética que aprecia la coherencia y el respeto profundo a la humanidad; la responsabilidad debería ser pleno. Sin embargo estamos lejos de esa relación que implica la comprensión de la diferencia o el entendimiento de la historia, antes de juzgar a nadie porque lo que se impone es una moral que es doble, que se amolda a los intereses particulares que son de dos tipos: de poder político y económico. Es un sistema de valores que se ciñe al poder establecido aunque se grite lo contrario. Esa gran impostura se cuela por todas las rendijas, fisuras e intersticios de la sociedad, convirtiéndose al final en el cemento que cohesiona las relaciones sociales, políticas y económicas.

De tal cuenta, que todos hacemos como que nos creemos mientras la verdad se ha devaluado; todos hacemos como que queremos al otro y el odio y la indiferencia es la que impera. Todos hacemos como que votamos y nadie cree en una democracia que no resuelve el día a día ni el año tras año. O peor aún, las instituciones de la democracia hacen como que toleran pero en la práctica ningún derecho se desarrolla de manera plena porque ahí está la clave, mantener a una sociedad en constante demanda, mientras los Estados hacen como que cumplen. Esta perversión de la ética política revela cada día más la contradicción entre democracia y capitalismo, a tal punto que el poder hegemónico en el mundo debe cuestionarse ya a estas alturas de la posmodernidad, cómo sobrevivirá el sistema capitalista, a pesar de la democracia.

En el caso de la información y la opinión pública, el engaño, la desinformación, la impunidad, la falta a la ética y la tergiversación son las monedas que imperan. Los lemas de libertad de expresión, una prensa libre y abierta, ser tribuna y no mostrador, periodismo libre y comprometido, creer en el futuro para hacer periodismo de vanguardia y muchos más, no son más que eso, ganchos publicitarios que ayudan a mostrar confianza al lector o al ciudadano que se quiere informar para que crea como veraz lo que lee. Se trata de vender información aparentemente real pero el verdadero afán es la seducción por el deseo, por lo tanto no se consume información real.

La dimensión mediática es el escenario donde se construye la nueva realidad, es el lugar donde existimos según lo manda el capital, y de ahí la frase que si “no apareces en los medios, no existes”. Es el teatro simbólico en la que se confrontan hedonismos, egos, individualismos y delirios por el status. Por lo tanto es en esa anchura donde mayormente se pone a prueba la ética y la moral social y política. Es por todo esto que los periódicos son ante todo, empresas, no hay que perderse en esa realidad contundente. A partir de ahí se construye su sistema de valores para amparar o desamparar determinadas causas.

Los espacios de opinión editorial en la que se invita a columnistas para emitir su opinión libre, tienen la función en los periódicos decentes de constituirse en la garantía del respeto al derecho fundamental de la libertad de expresión o pensamiento. Pero resulta un autoengaño la aspiración del espacio de opinión en distintos medios privados porque esa aparente libertad tiene un límite, el de la propiedad privada, y cuando aquellas opiniones atenten o cuestionen esa frontera, simplemente se ven expulsadas; es la misma libertad que alardea la democracia, que se garantiza, media vez no atente la propiedad individual.

Pero a veces suele suceder que la posición de los dueños del medio no resulta contundente ante una opinión o un reportaje que atente contra la moral humana de la colectividad social. Este ha sido el caso de periódicos que amparan imposturas o lesiones contra la memoria de un pueblo; o el de medios que acogen determinados relatos que por su efecto morboso han causado lo que se ha dado en llamar “viralidad” y la subsecuente difusión de la marca del propio medio, en una clara lógica del fin justicia los medios. Y finalmente también hay dueños de medios que ante flagrantes irrespetos a la vida o declaraciones de abierta discriminación, simplemente se dan baños de pureza.

La columna de la semana pasada de Mario Banús en el único vespertino que hay, fue una esas desfachateces irrespetuosas, groseras que no suceden en el vacío, tienen intencionalidades articuladas a voluntades que no se deben tolerar jamás.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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