¡Basta ya de criminalizar!

0

Es evidente que durante los últimos años, la columna vertebral de la estrategia de violencia y represión contra defensores y defensoras de derechos humanos impulsada por la elite económica, el poder militar y en buena medida el sistema de justicia, lo constituye la criminalización. Este fenómeno conocido como la criminalización debe de ser entendido como la aplicación arbitraria de la ley, la amenaza de su aplicación o la estigmatización de los actos, ideas y propuestas de las y los defensores.

A diferencia de la estrategia implementada durante la mayor parte del tiempo que duró la guerra en Guatemala, las distintas dictaduras militares al servicio del poder económico utilizaron el terror y la ejecución extrajudicial como el mecanismo de represión por excelencia; sin embargo, ahora la difamación, la denuncia judicial y la privación de libertad son el núcleo central que pretende diezmar las luchas y las resistencias a los largo y ancho del país.

Y es que al igual que en el pasado, lo que se pretende por estos mercaderes de la violencia y la muerte no es más que acallar la voz, la resistencia y con ello no permitir que este modelo ideado para imposibilitar el desarrollo de la nación se transforme. Uno de los efectos de la criminalización es aislar al defensor o defensora y obstaculizar por completo su capacidad de liderazgo, lo que prácticamente es una forma de matar en vida.

En prácticamente todos los casos documentados hasta ahora en contra de defensores y defensoras de derechos humanos, es posible denotar ilegalidad o como mínimo arbitrariedad, que puede ser demostrada en que a la fecha muchos de los casos suelen culminar con la liberación de los defensores en la medida que al Ministerio Público le resulta imposible demostrar los hechos que les fueron imputados. Tal es el caso de Saúl Méndez y Rogelio Velásquez, que incluso fueron condenados injustamente a 33 años de prisión, con graves vicios de forma y fondo de la primer sentencia dictada. Esta injusta sentencia condenatoria apelada y ganada, llevo a la repetición del juicio por lo delitos que les fueron falsamente imputados. En el nuevo juicio se demuestró su inocencia; sin embargo, ambos han guardado injustamente más de dos años de prisión, alejados de sus familias y de la posibilidad de continuar su lucha en defensa de la vida, sus recursos naturales y su territorio.

Tal y como lo establece el Informe que fuera presentado en las audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a finales de octubre, por parte de la Convergencia por los Derechos Humanos, el Procurador de los Derechos Humanos, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional y la Asociación de Abogados Sin Fronteras, la criminalización se ha registrado en el Estado de Guatemala a través de la utilización indebida del sistema penal; la provocación de intranquilidad y zozobra; el desprestigio público que deslegitima y desmoviliza la actuación de los defensores y defensoras de derechos humanos y el uso de los estados de excepción.

Dicho informe de manera acertada establece que la criminalización de los defensores y defensoras de derechos humanos se da en contextos de violencia generalizada causada por delitos comunes y por crimen organizado, así como por la polarización de la sociedad guatemalteca, secuelas del largo conflicto armado interno, altos niveles de impunidad y por la implementación de un modelo de desarrollo que no incorpora la visión de desarrollo de los pueblos indígenas y del resto de la población guatemalteca. En los últimos años se ha manifestado en el contexto de la protesta social contra varios tipos de megaproyectos (minería de oro y plata, hidroeléctricas, cementera), que tienen en común que cada uno de ellos fue impuesto sin consulta previa.

Sin embargo y aún en medio de este marco de represión y violencia el avance de las y los defensores de derechos humanos no se detiene y no se detendrá hasta construir una sociedad distinta a la que hoy les oprime. Mi respeto y admiración para todos aquellos que desde distintos ámbitos de acción luchan por una sociedad incluyente, democrática, antipatriarcal y antineoliberal.

Share.

About Author

Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

Leave A Reply