“Bellamente transgresora”

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En general solía estar claro que un columnista, que adscribe un determinado conjunto de valores políticos e ideológicos, ponía su pluma a disposición de medios que despiertan la misma afinidad. En México un columnista de La Jornada no escribirá en El Excélsior y viceversa. En Francia, Le Figaro enarbola su ideario de derecha a través del enfoque y la lectura de la información noticiosa, y de sus columnistas que opinan desde esa posición; todo eso construye una visión particular de la realidad lo que a su vez erige una noción en la opinión y la percepción pública. Por el contrario, Liberation lo hace desde la izquierda.

Esa diferenciación ideológica seguramente es un reflejo constitutivo de una constelación que alcanzó derechos y obligaciones como producto de sostenidas luchas sociales y políticas en esas sociedades. Es el resultado de su historia. Sin embargo, esas mismas sociedades y las nuestras han sido protagonistas y sujetos de la contradicción entre democracia y capitalismo. Como se sabe, el fin de la modernidad fue el principio de la expansión global del capital como forma de consumismo en todos los rincones, o por lo menos del sentido aspiracional de ese consumo masificado. Ese fenómeno ha favorecido la ecualización de todo a nuestro alrededor, creando la falsa realidad de que todo está des jerarquizado.

A partir de esos efectos del capital, la realidad se vuelve un simulacro y viceversa, se hacen ensayos para que parezcan reales. El discurso se vuelve laxo, el consumo adquiere la dimensión global y banal, y la ética se ve alimentada por el valor de la entretención estética. Para decirlo en resumen, la posmodernidad hace pedazos las contradicciones esenciales de la modernidad. Esa uniformización a través de la aspiración de que somos diferentes, es posible a través de la publicidad, de los medios de comunicación, del mundo mediático. Siendo Guatemala un paraje aún pre moderno, los efectos del capital globalizado impactan en un escenario que concibe la identidad nacional como un “problema” irresuelto, dejándonos postrados a los efectos más banales de aquella fragmentación inconexa de nuestra propia historia.

De esa cuenta, fue casi natural para los actores de tradición dominantes en este paraje, instituir ideas como “todos los guatemaltecos somos iguales”; y desde las instituciones cooptadas, promover la despojante acción de describir sin comprometerse. Estos efectos ecualizadores se hicieron más patentes desde la firma de la paz, a partir de la cual y sin explicación, el Estado promovía un borrón y cuenta nueva de la historia y de la memoria. Esa acción facilitó otro efecto perverso, el del engañoso pluralismo ideológico.

En marzo de 2014 me despidieron como columnista del medio impreso La Hora, tras ocho años de aportar con ideas críticas. Magalí Rey Rosa duró veinte años y Haroldo Shetemul quince, una pluma más joven como la de Francisca Gómez también fue despedida, de la misma manera Franco Martínez, a Samuel Pérez y Máximo Ba Tiul; todos ellos del medio escrito que lleva la palabra “libre” como apellido. Los columnistas de La Ultima en El Periódico, están que se van y que mejor regresan, aparentemente por constreñimientos financieros de ese medio.

No se puede olvidar que en esta tarea de contribuir con las ideas propias al imaginario de la opinión pública, los medios de comunicación son en última instancia empresas o maquinarias para el lucro. Y que bajo esa consideración, su ética se ve regida por los valores del mercado y de la propiedad privada. Muy tribuna o muy libre podrán alardear los medios para convencer que está garantizado el pensamiento libre, pero eso se acaba justo donde empiezan sus finanzas o sus intereses corporativos e ideológicos que garantizan esos recursos.

Esta semana me topé con una de esa revistas de distribución gratuita, con publicidad visual sobre marcas de ropa y accesorios para mujer. En una de sus páginas aparecía una modelo con el lema “bellamente transgresora”, y pensé en la publicidad de los setentas y ochentas que invitaban a través de tomar tal o cual gaseosa, ponerse tal jeans o fumar tal tabaco, para “revelarse, para romper el orden establecido” de un mundo que estaba avanzando a paso firme hacia la uniformización del pensamiento a través del consumo fetichizado. En otro de esos pasquines gratis, donde se amalgama lo serio con lo cool, aparece en la portada la señora Fiscal General Thelma Aldana; el número era dedicado a las doce mujeres más poderosas del país.

A Magalí, a Máximo, a Samuel, a Franco, a Francisca, a Haroldo y a los que les toque el turno o a los que aún yacen en la zona plural: sus ideas incomodaron y por eso los sacaron, pero esas opiniones son las imprescindibles. Dejemos de ser los cómplices del carrousel del pluralismo ideológico porque ese tiovivo solo da vueltas para un lado.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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