Besos fallidos

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¿Por qué tantos encuentros fallidos? Si dos personas se quieren besar, ¿por qué no se besan? Las películas, anuncios y canciones (rosadas y de otros colores), nos tienen acostumbrados a los encuentros rápidos, profundos y felices. La vida real toma otros tiempos y otros caminos. Y a veces los encuentros no se producen como queremos o, sencillamente, no se producen.

Días o décadas, espacios y ambientes se conjuran para que lo que se quiso que pasara se fuera al caño de la historia personal. ¿Quién no ha tenido anhelos insatisfechos o amores frustrados? “Hay que aprender con dolor que los límites del cuerpo son más estrechos que los límites del deseo…”.

Viene esto a cuento por la lectura de El laberinto de los espíritus de Carlos Ruíz Zafón, perteneciente a la serie de El cementerio de los libros perdidos. Lectura amena, con mucho humor irónico, intrigas, suspenso y demás, se encuentra ambientada en Madrid y Barcelona de la postguerra civil española.

Su principal personaje es Alicia Gris, huérfana gracias a las bombas de la aviación italiana que contribuyeron a la derrota del bando republicano, así como a una historia de intrigas que el autor coloca dentro de aquella tragedia.

Alicia camina torcido por la vida. Literal y figuradamente. Cojea ligeramente por una bomba que la lanzó a través de un techo de cristal y que le mantiene con dolor permanente en la estrecha cadera. Y también anda en lo que en estas latitudes llamaríamos un cuerpo ilegal y clandestino, puesto que hace un trabajo paralelo al de la policía, contratada por el propio gobierno.

Sin embargo, es toda una femme fatal. Guapísima y consciente de serlo, inteligente y atrevida, irónica y dura por todo lo que le ha tocado vivir. En el desarrollo de la trama se encuentra con figuras de su pasado como Daniel Sempere y el genial y gracioso Fermín Romero de Torres (protagonistas de otras novelas de la serie).

Por la investigación que realiza observa a Daniel y a su esposa Bea (otra belleza según se describe en la novela, pero de tipo muy distinto) junto a su hijo Julián. Cena con ellos y luego de algunos giros, se encuentra al pie del edificio con Daniel. Y esto es lo que se nos cuenta:

“La mujer permaneció allí, contemplándole inmóvil con aquella mirada vidriosa que Daniel no sabía si atribuir al fármaco o al pozo sin fondo que se adivinaba tras aquellos ojos verdes. Cuando él hizo el gesto de retirarse, Alicia se alzó de puntillas y acercó los labios a los de él. Daniel volvió el rostro y el beso le rozó la mejilla. Sin mediar palabra, Alicia se volvió y se alejó, su silueta evaporándose en las sombras”.

¿Por qué los personajes no pudieron besarse? Alicia y Daniel querían, pero no lo hicieron. La explicación más sencilla es que Daniel, por convenciones sociales no lo hizo. Estaba casado.

Pero si se reflexiona un poco más, las convenciones sociales son efectivas cuando son interiorizadas por los sujetos. En este sentido, Daniel amaba a su esposa y no quería traicionarla. La ley y el deseo no van cada uno por su lado, sino se mezclan. La ley determina en buena medida al deseo.

El caso de Alicia es más complicado. Quiso besar a una imagen. Siendo como ya se apuntó una mujer muy dura, sin relaciones afectivas profundas (pero con potencial para ellas), pudo ver la imagen de Daniel, Bea y su hijo Julián. Por un momento quiso estar en los pies de Bea, feliz y con una vida normal.

Cuando se inclinó a besar a Daniel, lo que hizo fue intentar besar a la imagen de felicidad que observó en la pareja y ser, ella misma, como Bea. Por eso el paso en falso (el beso fallido) que salió de sus deseos íntimos y no su racionalidad consciente. Como en efecto se desea y se quiere.

Por supuesto que la novela es mucho más que esto. Al final el episodio es más o menos marginal en relación a la gran trama de intrigas. Pero el beso que no se dieron Alicia y Daniel da pie para pensar en los besos fallidos.

Esos que, tristemente, no hemos dado.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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