Breve crónica del tercer sábado

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El punto de reunión fue la esquina de la sexta avenida y octava calle. Ya a las tres de la tarde, la tercera jornada de los ciudadanos enardecidos e indignados llevaba varias horas desde temprano de ese sábado. El programa incluyó oraciones para pedirle a dios el cese de la corrupción; velada frente a la Corte Suprema de Justica al anochecer y reclamos a pulmón abierto durante todo el día. Una carpa instalada por delante de la fuente acogía la iniciativa de La Cuerda y del Sector de Mujeres de reunir cuantas firmas fueran necesarias para solicitar el atraso del proceso electoral. Pintas en un parque cercano. La sexta avenida se había convertido en un canal que arrojaba miles y miles de personas hacia el espacio abierto de la plaza central.

Chorros y chorros de personas, jóvenes en su mayoría que marchaban para llenar y desbordar el lago central externando indignación, reclamando lo suyo, señalando al Gobierno corrupto. Facultades de la USAC, grupos de artistas, agremiados trabajadores del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, jóvenes organizados, universidades privadas, todos habían roto nuevamente el dique de la tolerancia para asistir en la tercera jornada al frente del edificio que simbólicamente contiene el poder central del Estado, para gritar #justiciaya; #renunciaya; #nolestoca; #quese vayantodos. En esta jornada se notó con sospecha a grupos de personas portando carteles iguales con el lema: “No te toca”, en alusión del candidato del partido LIDER, seguramente la marcha y el plantón estaban siendo aprovechados por otros partidos competidores. Otras avenidas también se convirtieron en cauces que alimentaban el embalse del hastío y la cólera; grupos de diversa naturaleza marchaban hacia la plaza desde otros puntos, con la esperanza de involucrar a cualquier transeúnte.

Dentro de la marea de personas el sonido era ensordecer, miles de voces y otros que usaban cualquier artilugio para reclamar: vuvuzelas, tambores, la voz, silbatos, cornetas, matracas, carrizos, ollas y sartenes. La pregunta recurrente era ¿cuántos habíamos llegado esta vez?. Algunos atrevían el cálculo “más que la del 25 abril y un poco menos que la del 16 mayo”. Al día siguiente el periódico El País reportaba la cantidad de 60,000 y varias portadas mostraban otra vez, una plaza central abarrotada. Quizá lo valioso era más que la cantidad, la constancia y el acto colectivizado de reclamo de un pueblo entero. En el lado oriental de la plaza acontecía una ceremonia a cargo de guías Ixiles, que invocaban a los elementos de la naturaleza para recobrar perdón por los daños infringidos por la corrupción.

Este tercer sábado de furia la lluvia dio tregua gracias a los efectos del Niño. Una manta gigante que decía “la juventud despertó” era pasada por toda la plaza de mano en mano. Los reclamos también estaban escritos en mil formas creativas, poéticas, incisivas, con humor, directas, personales, colectivas, agremiadas, indignadas, acusadoras y como letanías. Se los leía en forma de mantas, de carteles hechizos, como pegatinas, y de pintas. A mayor cercanía al Palacio Nacional, mayor densidad de personas y la sensación masiva se apoderaba inmediatamente del que accedía. Parecía que el frente del Palacio era el flanco simbólicamente tomado; desde ese lugar destacaba en color amarillo la frase gigante “fuera militares y empresarios del poder”.

Caminar por esa plaza era la prueba de que Guatemala es un pañuelo como se suele decir; uno podía encontrarse a conocidos, amigos, personajes de la política y de los medios. Observar a Jorge Méndez Herbruger, expresidente del Congreso; al excandidato a la presidencia del país, Francisco Arredondo; al periodista Juan Luis Font, sin embargo su presencia como uno más no lo era realmente; algo se presumía diferente entre ellos y la masa. Algo diferente se sentía por el contrario al toparse con Magali Rey Rosa, José Cruz, líderes del movimiento ecologista; al médico José Barnoya; a Paco de HIJOS, al economista Juan Alberto Fuentes, a Ronald Solís del movimiento de personas con discapacidad y muchos nombres más que acudieron a la jornada tercera; seguramente la diferencia sentida era la legitimidad.

Cerca de las cinco de la tarde, la masa crítica seguía con gran aliento y repentinamente el ruido ensordecedor calló, por la entonación colectiva del himno que a más de alguno hizo erizar la piel. Al concluir con la estrofa Guatemala tu nombre inmortal, los aplausos tronaron y el griterío continuaba su demanda explícita de “estamos hartos”. En el asta de la bandera una chica joven portando un cartel que decía “te toca bailar”, motivaba a un grupo grande de gente que danzaba frenéticamente, de manera liberadora. Alrededor del crepúsculo, ya había empezado la retirada de varios, pero el grupo que se aprestaba para seguir el plantón nocturno tomaba fuerza y aliento. A esa hora ya se había corrido el rumor en el grupo en el que yo estaba, sobre la postulación como candidato a diputado del expresidente Alfonso Portillo y alguien reflexionaba que este personaje si tuviera dignidad jamás debería volver a la política, pues también como los funcionarios actuales del Gobierno había sido corrupto.

Aun no se puede vaticinar con seguridad los derroteros de lo que se ha desatado en una sociedad cansada, agredida y burlada, lo que sí se puede percibir era la terrible e inexorable soledad de un hombre dentro de su palacio verde y sombrío del que todos pedían a coro su renuncia.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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