Breve introducción a la historia que conozco de la federación de ajedrez de Guatemala

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Durante muchos años los soviéticos dominaron el ajedrez mundial. El juego era política de Estado en la antigua Unión soviética, país que producía gran cantidad de jugadores de alto nivel y en los torneos superaban en número a los de otros países. Además de ser buenos, en los torneos internacionales era común que manipularan los resultados a favor quien se ubicaba mejor en la clasificación o del jugador que de antemano había sido designado para ganar. Los occidentales se quejaban de esa práctica y acusaban a los soviéticos de hacer fraude para ganar. Cuando Robert James Fischer, el mítico ajedrecista estadounidense, se convirtió en el más fuerte contendiente al título mundial y ante sus constantes denuncias, la federación internacional cambió las reglas del juego, de tal forma que los soviéticos ya no pudieron manipular los resultados y Fischer los pulverizó.

A mitad de los años ochentas aprendí a jugar ajedrez y jugué durante unos años en la federación, luego las obligaciones y responsabilidades me alejaron del ajedrez de competencia y solo seguí jugando de forma recreativa, pero asistí durante mucho tiempo a la federación.

El ajedrez es un juego que requiere de muchas horas de estudio teórico para lograr alto nivel. Cuatro horas diarias, durante unos cinco años, quizá alcancen para llegar a desarrollar fuerza de maestro nacional.

En aquellos años cuando no existían computadoras era necesario estudiar libros y revistas del juego, pero conseguirlas no era fácil. En las librerías locales vendían pocos títulos. Solo aquellos que tenían la oportunidad de viajar a otro país podían acceder a literatura y fácilmente sacaban ventaja a los jugadores que competían sin tener soporte teórico.

Interesado en aprender, traté de averiguar en dónde podía conseguir libros para estudiar, pero quienes los tenían no los prestaban, por miedo a que otros les ganaran. En la federación había una pequeña biblioteca a la que tenían acceso solo los allegados a los directivos.

Lo que pronto aprendí en la federación de ajedrez fue que el modelo de los soviéticos era posible replicarlo cuando se tenían los medios y el número de jugadores dispuestos a hacerlo. Resultó que los ajedrecistas más fuertes y que integraban la selección nacional eran hermanos y que otro de ellos era el presidente de la federación, cargo que ocupó durante unos 14 años. Ciertamente eran talentosos para el juego, pero el tener a su disposición el aparato de la federación ayudó a que aventajaran a la mayoría de competidores. Todos los recursos del ajedrez: maestros, participaciones internacionales, literatura, y más, estaban a su servicio y bloqueaban sistemáticamente a cualquiera que pudiera hacerles competencia. Así dominaron el ajedrez nacional durante décadas. Eran cinco hermanos, cuando jugaban torneos se repartían los puntos a conveniencia, en detrimento de los demás competidores.

Desde que la conocí, la federación de ajedrez es un microcosmos de corrupción y desvío de recursos hacia personas afines a los directivos. La semana pasada salió en los medios la noticia de que existe una batalla entre un presidente desaforado por la asamblea nacional y los directivos actuales, por tener el control. Ambas partes se hacen acusaciones mutuas de corrupción. Parece que los patrones se repiten en todos los ámbitos de la administración pública y que donde hay dinero del Estado la posibilidad de que haya corrupción es alta.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. carlos hernandez
    carlos hernandez on

    Lástima, el ajedrez, como otras prácticas de alto nivel, podría llegar a buen nivel. La rapiña está en todas partes, qué asco.

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