Brutalmente atractiva

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La cultura del capitalismo, en la que todo se transforma en mercancía y se vuelve accesible a quienes pueden pagar (pero también, de cierta forma, a quienes la pueden ver), es brutalmente atractiva.

Imágenes, discursos, prácticas, valores asociadas al consumo de todo lo existente, promueven y sostienen lo que el historiador británico Eric Hobsbawm llamó el triunfo de la cultura de consumo de masas, que abarca al mundo entero y se extiende hasta los rincones más insospechados de la dinámica social y humana.

Todo se presenta con el halo de lo nuevo y lo consumible: desde objetos tan dispares como computadoras, vehículos, teléfonos, zapatos, hamburguesas, etc., hasta aspectos un poco más intangibles como estilos de vida e “intereses”.Incluso las personas se ven (nos vemos) obligadas a presentarse de cierta forma para participar en el mercado laboral. No basta con ser técnicamente calificado, sino se necesita ser capaz de “sociabilizar” de determinadas formas y tener ciertas cualidades que las hagan atractivas, consumibles.

Los templos de esta cultura/ este culto, son la pantalla del televisor y el supermercado. Ya hace algún tiempo el psicoanalista Erich Fromm señalaba que el mundo se ha convertido en un gigantesco pecho que puede satisfacer todas las necesidades de los sujetos humanos, dependientes, ansiosos y frustrados por esta relación con el pecho simbolizado en los objetos de consumo.

Sin embargo, Santiago Alba decía, hace algún tiempo, que esta no es una sociedad de la opulencia, sino de la insatisfacción constante puesto que no se puede saciar con nada. Esta dinámica de deseo enloquecido genera, entre otras, diversas consecuencias preocupantes.

El consumo incluye todo tipo de objetos, incluso aberrantes y perversos. Por ejemplo, todos los espectáculos chabacanos, violentos, sosos, etc., se vuelven una fuente de entretenimiento importante. Piénsese en ciertas películas que hacen apología de la violencia más bizarra, las telenovelas con sus dramas o, en estos días, Combate. Aunque esto sea, dentro de todo, relativamente un mal menor.

De igual forma, esta cultura brutalmente atractiva, genera otro tipo de desequilibrios como la destrucción del ambiente por el desquiciado modelo de producción y consumo, o la exclusión de millones de personas.

La insatisfacción constante que genera, también se convierte en una motivación importante para participar en actos de violencia y crimen organizado…y conseguir aquello que se ofrece como deseable y amable.

De una u otra forma todos participamos en esto.

La idea sin embargo, en expresión del teólogo Pablo Richard, es cómo ir al mercado, sin participar de esta espiritualidad del mercado (que hace eclosión en fechas como la cercana navidad).

Mientras construimos propuestas para las próximas décadas.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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