Cada manifestación es una victoria popular

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No me atrevería, jamás, a decir que la gente que protesta lo hace por estar “in”; eso es banalizar el esfuerzo de quienes han manifestado su descontento en contra de la corrupción y sus actores. El medio no importa: algunos van a La Plaza, otros caminan, unos más utilizan las redes sociales; hay quienes pintan consignas en sus carros, cascos de motorista, ropa, en las paredes; un grupo se reúne a orar; en San Marcos hicieron un concierto que reunió a diez mil personas; en Antigua estudiantes confeccionaron una manta enorme; en Xela hacen caminatas hacia el parque; la forma es lo de menos, lo importante es la protesta.

Por supuesto que lo ideal sería no parar de protestar, ocupar La Plaza de forma permanente, marchar todos los días, llenar los vehículos de consignas; que el grito no pare. Pero la clase media todavía está adquiriendo la cultura de la protesta y esto apenas empezó el 25 de abril.

Ocho semanas de manifestaciones han servido para remover las estructuras del sistema, renuncias de ministros y vicepresidenta incluidas. Nadie puede decir que han sido en vano, ni deslegitimarlas diciendo que así lo quiso el CACIF o que fue “la embajada”. Los poderes fácticos de siempre hacen su papel y son ellos quienes ahora unen fuerzas para mantener en su puesto al presidente, a quien apoyan a pesar de saber que es el máximo símbolo de la corrupción, pero también piensan que es la piedra angular para mantener intacto el Status Quo. No pueden permitir la renuncia de un presidente, sería nefasto para el sistema, la dimisión se convertiría en el símbolo de que el pueblo tiene el poder y de aquí en adelante no dudaría en ejercerlo.

Ahora los artífices de las narrativas pro Status Quo se empeñan en proclamar la victoria a favor de sus patrocinadores y en difundir la idea de que el movimiento ciudadano se está dispersando y eventualmente desaparecerá. Convenientemente ignoran que se ha extendido a otras cabeceras departamentales y que poco a poco va contagiando a más gente. Un caminante salió de Xela y llegó a la capital acompañado de varios cientos. Ocho personas anunciaron que saldrán de Retalhuleu y quién sabe cuántos se unirán en el camino.

Organizarse y pasar de la protesta a la propuesta es necesario, pero no se puede caer en el simplismo de que las propuestas formales son mejor camino que ocupar La Plaza, porque mientras el andamiaje legal que sostiene al sistema no cambie las propuestas caerán en saco roto.

Si se han empeñado en desvirtuar las manifestaciones ciudadanas es porque ese es el camino a seguir, es la mejor forma de hacerse escuchar; ellos, los dueños del sistema le temen al desborde del descontento popular, no se pueden dar el lujo de permitir que miles salgan a las calles y de forma organizada y pacífica expongan su descontento contra los corruptos y corruptores. Ya removimos la estructura, es cosa de ser constantes hasta hacerla caer. Los cambios vendrán de la protesta popular o no vendrán.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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