Calle Martí: de la esperanza persistente (cuarta entrega)

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Es una batalla vivir en Guatemala, pero no todo está perdido. Los detalles del mundo en nacimiento solo pueden ser captados desde el no rendirse en el camino. A primera vista todo nos llama a dejarnos desfallecer: los poderosos imponiendo en secreto sus negocios, la publicidad atascando los sentidos, los periódicos repitiéndonos el mundo del dinero. Por eso mientras más grande es el ataque y el poder de ellos  más penetrante debe ser nuestra mirada en los detalles de la humanidad en lucha. Hay tanto. No se mueve en campañas de propaganda o en la televisión, menos en el congreso y los presupuestos. La humildad del agua que resquebraja la roca se suele poner como horizonte, está bien: nosotros somos esas gotas que se mueven entre los escondrijos de lo inhumano. Para quien diga que todo está perdido en estos países y el mundo en general, apunte su mirada desde el amor y láncese a descubrir en los demás y en sí mismo las semillas, las posibilidades.

Temprano, hacia las siete de la mañana, centenares de padres llevan a sus retoñitos de tres o cuatro años al jardín de niños. En ocasiones son madres con dos niñitos, en otras un padre que abriga a su nena y le lleva la mochila. Esas mismas mujeres y hombres que se despiden por la mañana de sus hijos luego atienden una heladería, llevan cartas o trapean los pisos en una empresa. Los niños, con esas gorras de oso o ranita, llegan impecables a la escuela: su uniforme planchado, sus zapatos lustrados, su pequeña lonchera. Pese al frío y al metálico tráfico de la calle Martí rumbo al periférico, estos padres y madres de la clase trabajadora no solo luchan por sobrevivir, como si el objetivo llano de la vida fuese el dinero intercambiado por bienes y servicios. Detrás, muy adentro más bien dicho, los mueve esa vivencia de ser padres y percibir el milagro de la vida humana desarrollándose en sus hijos, aquellos de pelo negro con coleta, morenos, cachetones, rasgos que no suelen salir en las marcas Gerber.

Para los poderosos el mundo es una enorme pared y una estatua de musculatura perfecta. En superficies planas y figuras geométricas predecibles pueden identificar su anhelo de que la sociedad siga siendo un conjunto de rocas superpuestas en escala y jerarquía, reproduciéndose para mantener su fama, renombre y legado. ¿Cómo debería mirar el mundo alguien harto de la sociedad del poder, imbuido en la necia esperanza por algo distinto? Resquebrajamientos en las calles, grafitis en paredes de metal oxidado, vías abiertas por el agua de lluvia. Todo lo silencioso y pasado por alto lleva en sí posibilidades abiertas, nuevos colores, interpretaciones distintas de la relación entre los astros y nuestro vientre. No hay que ir a la universidad ni a los centros de negocios para aprender el arte de la observación paciente, de la sensibilidad por los abrazos o de la historia de los rostros.

¿Duele soñar y atreverse a sentir las ausencias en el mundo repleto de mercancías? Sí, por supuesto, pero ese mismo dolor es prueba de nuestra vida humana no dándose por vencida. Atrevámonos a no perder esa esperanza: ensañémonos de ella con las uñas y los dientes según sea necesario, introduzcámosla como locura de alegría en medio de una sociedad de indiferente cotidianidad, aprendamos el lenguaje dialéctico de los pájaros que revolotean cada atardecer, volando y dejándose llevar por el viento decembrino. Si hoy mismo nos fuéramos de este mundo dos cosas deberíamos tener en cuenta. Una, no nos hemos olvidado de quienes nos precedieron en la lucha. ¿Cómo hacerlo? Ellas nos abrigaron cuando niños, ellos trabajaron por el salario mensual, dirigieron un anónimo rezo a Judas Tadeo, se hicieron clandestinos y llamaron a la dignidad de los pueblos. Dos, el recuerdo es liberador si está alimentado por la fidelidad a eso innombrable, presente como disposición y entrega.

¿Esperanza desde los barrios de Guatemala, en las calles del centro, en la camioneta? Sí, sólo así de los escondrijos de la vida golpeada podrá salir algo potente, capaz de derrocar el sistema productor de miseria.

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

1 comentario

  1. Adalberto Echeverria on

    Varios temas en su articulo de la ” CALLE MARTI ” , de la esperanza, pero me perdi, en CREER que encontraria soluciones , al problema de ese congestionamiento ??.

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