Cantar sobre la amada perdida. Extemporáneo sobre “Ojalá” de Silvio Rodríguez

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¿Quién es ella, la mujer amada que ya no se encuentra y a la que ya se perdió? ¿Quién es esa de la que se dice que tiene una mirada constante, una palabra precisa, una sonrisa perfecta, en la que la lluvia es un milagro que baja por el cuerpo, que permite salir a la luna y a quien la tierra besa los pasos?

Comentar la canción “Ojalá” de Silvio Rodríguez no es precisamente un ejercicio de la más candente actualidad. Por supuesto que es una de esas canciones de culto que siempre pueden aparecer en una noche de soledad, en una pareja nostálgica o al calor del grupo y algunos tragos… por lo menos para algunos de nosotros que tenemos cierta edad.

Pues preguntando por lo que las personas consideraban que era el significado de la canción, encontré que un buen grupo de jóvenes no la conocen. Claro, tienen sus propios temas y sus himnos generacionales. “Ojalá” no es el suyo. Y sin embargo…

Cuando la música gusta, gusta (la última palabra de la sabiduría, ¿no?) y no deberíamos buscarle tres pies al gato, pero quisiera hacer algunas observaciones sobre el significado de la canción. Va, entonces, una mezcla de análisis textual y juego del receptor.

Haciéndole cierta violencia a la canción, es posible dividir la letra en tres grupos, elaborando, además, un cierto orden en ellos, quedando así:

Dibujo

En el primer grupo, “¿quién es ella?”, se podrían agrupar las frases en las que mejor se describe a la amada perdida. Son interesantes los adjetivos que usa para describirla. No es usual decirle a una mujer que tiene la mirada constante, la palabra precisa ni la sonrisa perfecta. ¿Qué significa esto? Intentando hacer una especie de “traducción”, se puede estar diciendo que ella es segura, que es elocuente y que es preciosa (al menos su sonrisa lo es). Es obvio que describir a alguien de esta manera se debe a que se le ha amado o que se le sigue amando.

Luego llega la hipérbole. No es solo que ella sea, que exista y que se le aprecie hermosa. Es que es alguien extraordinaria que colorea todo el mundo. Su existencia hace funcionar al mundo como lo muestran las metáforas respecto a la lluvia, a la luna (que ojalá pueda salir sin ella, porque la luna, después de que se han amado, no puede aparecer ya sin ella) o a la que la tierra besa al caminar (sus pasos).

En un segundo grupo, se podrían reunir aquellas acciones que deberían pasarle a ella. Que las hojas no se puedan convertir en cristal cuando la toquen. ¿Qué ya no produzca belleza, porque es demasiada? ¿O es una metáfora para referir la frialdad sentida tras su partida?

Resalta sobre todo lo que se dice en el coro: un algo que la borre. La imagen de ser borrada por una luz cegadora. Algo tan claro y diáfano que haga imposible verle. ¿Qué puede ser tan extraordinario como para que ya no se le vea? ¿Otro amor tal vez?

¿Un disparo de nieve? Sin poder decidir claramente sobre el significado de esta imagen, es posible sospechar que se asiste a cierta sublimación del impulso agresivo dirigido hacia la amada. Es amada claro, pero ya no están juntos. ¿Por qué le hizo tanto daño? ¿Por qué le abandonó? Lo que quiero señalar es que en todo amor, y sobre todo en el perdido, existe una natural ambivalencia. Se ama (se sigue amando), pero también, aunque sea un poco, se odia.

Un tercer grupo de afirmaciones es el que se indica lo que puede/quisiera que le pasara al cantante. Inicialmente, que el deseo se vaya al cementerio (al gobierno de difuntos y flores), que el deseo desaparezca (muera) porque hace sufrir, atormenta, al estar separado del objeto deseado.

Luego, y obsérvese la gravedad para el cantante, la negación de lo que le es esencial: “ojalá que no pueda tocarte ni en canciones”, es decir, que no se le recuerde en lo que la define.

La expresión última del dolor: si todo esto no pudiera suceder, al menos, ojalá, que yo muera. Porque esa presencia constante del tú en mí (de la imagen porque el cuerpo real y concreto que se estrechó y amó ya no está más a su lado), lo está matando. Sería más fácil y más sencillo morirse que soportar su presencia tan solo como recuerdo, es decir, como la ausencia efectiva de la amada.

En conjunto, la canción despliega la contradicción implícita en el título. Porque lo que quiere el trovador es que “ojalá” pase todo eso que canta. Pero lo dice porque precisamente, efectivamente, eso no sucede. Porque todavía no. Porque está ausente, pero al mismo tiempo está presente. No se ha ido.

Y es que el “ojalá” es en ese momento un “todavía-no” triste, anti utópico. Quisiera que se fuera de su vida, pero no se va. Es decir, ya hubo una ruptura amorosa, pero no se ha consumado el trabajo de duelo que es el que permite seguir viviendo pues, como señalara Freud, el duelo es un trabajo que posibilita el desprendimiento del “objeto catectizado” (o, para que el vulgo lo entienda, la persona amada).

Tampoco ha sucedido lo que para Igor Caruso caracteriza esa vivencia de muerte que es la separación: la muerte de la amada en mi conciencia y la muerte mía en la conciencia de la amada. (1) Es decir, una muerte doble que usualmente se resuelve en el olvido…

Finalmente, deshaciendo lo escrito, hay que señalar que Silvio, muy poético y todo, pero comete un error común (que aquí se siguió). Su amada, la caracteriza como extraordinaria, no lo es. Lo extraordinario es otra cosa.

Se impone una distinción muy importante. Como dice Francesco Alberdi, Silvio se equivoca debido a que

“comete un error semejante al que cometemos nosotros en el enamoramiento: atribuir la experiencia extraordinaria que estamos viviendo a las virtudes de las personas amadas. En cambio, la persona amada no es diferente de las demás, al igual que nosotros no somos diferentes de los demás. Es el tipo de relación establecido entre nosotros y lo que amamos, el tipo de experiencia extraordinaria que estamos viviendo lo que hace diferente y extraordinaria a la persona amada, y más profundamente, lo que hace diferentes y extraordinarios a ambos”.

Lo cierto es que más allá de toscos ejercicios textuales, “Ojalá” se seguirá escuchando y cantando como esa transición entre el deseo por ella y el deseo de renunciar a ella que se encuentra tanto en el título como en la letra.

(1) ¡Qué grave herida narcisista significa que la otra persona se olvide de uno! Además, dice Caruso, los amantes separados piden que no les olviden…porque saben que su recuerdo tiene una sentencia de muerte…

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

4 comentarios

  1. René Villatoro on

    Creo que lo que más resiente el poeta (y nosotros con él), es que lo extraordinario de aquella mujer, es precisamente lo extraordinarios que nos hace sentir. Dicho de otra manera, ella fue capaz de explorar en nuestro interior, logrando sacar a relucir lo mejor de nosotros mismos, lo extraordinario, lo inasible que ni siquiera nosotros mismos sabíamos que poseíamos. Es decir, si es un sentimiento de pérdida, pero no de ella, pérdida de nosotros mismos. Al final, narcisismo puro y claro, extraordinario, pues será muy difícil-según nosotros mismos-volverlo a encontrar.
    Me gustó tu análisis, y me recordó una canción que tenía olvidada hace ya algunos años. Gracias

    • Mariano González
      Mariano González on

      Perdonando la demora en contestar, gracias por el comentario René. Es de esas canciones que mueven y despiertan entusiasmos, no?
      Saludos

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