Caras vemos, sociopatías no sabemos

0

Poco a poco, mientras ve próxima la consumación de su deseo, se ha ido quitando la máscara. Guardar las formas le tiene sin cuidado. Antes, cuando quería conquistar voluntades y ganar adeptos, aparecía engominado como niño de primera comunión. Sonreía a la cámara, pues la máscara de político bueno que pretendió ponerse, así lo requería. Según las olas del interés político iban o venían, él, oportunistamente las seguía. Hablaba de renovar la pena de muerte para parecer más duro que el de la mano dura, por cierto hoy acusado de criminal.

Seguro de que le tocaba asumir la presidencia, como si de herencia política cual monarquía se tratara, se plagió una campaña política utilizando la banda presidencial. Plagio que no resulta nuevo puesto que el doctorado obtenido en la Universidad de San Carlos (USAC) lo alcanzó con una tesis con alto contenido que no le pertenece. Práctica que también aplicó para presentar el libro Rompiendo Paradigmas, supuestamente de su autoría, pero con la mayoría de contenido correspondiente a otros autores a los cuales no cita.

Uno a uno, los hechos ampliamente conocidos y aquellos que trascendieron poco en su vida política y académica, muestran a una personalidad obsesionada con su objetivo. Obsesión que se convierte en la guía de su quehacer para alcanzar sus propósitos a costa de la que sea. Incluso, sin importar si esto implica delinquir.

En política, con un personaje que acumula riqueza millonaria y de dudosa procedencia, la sociopatía es un fenómeno peligroso. Fundó el partido cuyo nombre es Libertad Democrática Renovada para que su siglas empataran con LIDER. Cualquier proximidad a la megalomanía es más que coincidencia y que se afianza en el recurso a la pose y retoque fotográfico a fin de aparecer como un ser posicionado por encima de la sociedad. Por más “humilde” que quiera aparecer, termina con una mueca por sonrisa y una amenaza en la mirada.

Basta que se encuentre en un círculo de confianza para que la personalidad de verdad, la que oculta en lo cotidiano, aparezca. Y la mejor evidencia está en el contenido del audio de una reunión que sostuvo el fin de semana previo a las elecciones, que se filtró al público. Ahí, seguro de que no le escucharíamos, previamente había ordenado que dejaran los celulares fuera, desnudó su pensamiento.

Entre otras bellezas dijo que a los opositores, “les vamos a dar en la madre”. Absolutamente afianzado a la idea de que ha de ganar en primera vuelta, reclama a sus interlocutores, al parecer alcaldes o candidatos a alcaldías en el departamento de Guatemala, a garantizarle más del 50 por ciento de votos. “Después de las 12, si llevan más del cincuenta por ciento esperen mi llamado. Pero si no pasan del 50 por ciento ni esperen que los llame”.

De igual forma, se burla de quienes durante cuatro meses han llegado a la plaza central y a las diversas plazas en el país a reclamar el fin de la corrupción en el gobierno y el sistema político. Esa ciudadanía, la que audita, cuestiona y reclama, no le interesa. Le molesta y la agrede. Así lo evidencia un vídeo que muestra a un elemento de su seguridad rociando gas pimienta a quienes gritan la consigna popularizada: No te toca, en respuesta al estribillo inicial de su campaña. Una semana antes, en Ciudad Quetzal, sus seguidores propinaron una golpiza a una familia que también mostró rechazo a su candidatura. Hechos similares a los que ya se habían producido en otros municipios y aldeas en la provincia guatemalteca.

De manera que, al igual que el personaje de la naranja mecánica, que muestra una sonrisa mientras lastima a quienes agrede, Manuel Baldizón se colocó una máscara que oculta su verdadero yo. Ese que en las postrimerías de la campaña, cuando siente que su ambición se ha hecho realidad, aflora y le pinta de cuerpo entero como lo que es: un sociópata de la política dispuesto a pisotear a todos con tal de satisfacer su capricho.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply