Celebrar la patria

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En un país con tantas carencias, celebrar las fiestas patrias resulta irónico, pero en su profunda contrariedad la celebración la hacen muchos desde una perspectiva anclada en la esperanza de un mañana mejor.

En septiembre es recurrente escuchar el estribillo de una patria libre, soberana e independiente.  Y desde una ventana, viendo el cielo nublado y las fotos de quienes desde las 6 de la mañana van a la Plaza de la Constitución el 15, pienso en  las razones de festejo en este país, hoy.

Tal vez esa fiesta consista en actos simbólicos un día al año pero también, para muchos, celebrar y construir la propia patria sea una lucha constante, todos los días, sin desfiles ni antorchas. Por ejemplo, a diario muchas mamás y papás salen de sus casas antes de que amanezca, toman el bus y van a trabajar con el deseo de tener un mejor futuro o dárselo a sus hijos.

Me doy cuenta de que mientras viva no veré una Guatemala sin hambre, ni desnutrición o inequidad. Llego casi a los 40 y en estos años he visto cambios que pueden significar pasos pequeños, pero paso al fin, que invitan a seguir caminando.

Muchos son los desafíos que plantea construir una sociedad en la que la corrupción no sea vista como la moneda de cambio necesaria para que los privilegiados y poderosos mantengan sus excedentes financieros abultados en sus empresas a costa de pagar malos salarios a los trabajadores, no pagar o evadir impuestos y de esta manera mantener, por ende, a la gran mayoría con pocas oportunidades para mejorar su situación obligando a muchos a salir al extranjero en busca de lo que aquí no encuentran.

Aunque nos quieran disfrazar de guatemorfosis y pintar de héroes campero a quienes tratan de sobrevivir en las condiciones adversas en las que la mayoría de guatemaltecos transita por la vida; la realidad no puede maquillarse y los problemas de un sistema injusto crecen y se acumulan a un ritmo parecido al del dinero en las cuentas bancarias de ese diez por ciento de guatemaltecos más adinerado.

La encuesta de condiciones de vida (ENCOVI, INE, 2015) en Guatemala no miente: la pobreza ha crecido y seguirá creciendo. Un cambio radical de esa verdad inexorable solamente lo puede lograr una transformación del sistema cimentada en la  justicia social y en despojarnos de los prejuicios y acomodamientos que a cada uno nos atan y no nos dejan ser libres y mucho menos independientes. La riqueza no es únicamente del patrón de la finca, es también de quien la trabaja. Ninguno vale más que el otro, pero ninguno vale menos tampoco.

Podemos vivir en un mejor país y celebrarlo todos los días sin necesidad de correr tras la antorcha antes de que se apague.

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Juan Carlos Carrera

Abogado especialista en materia ambiental y administración pública. Escribo en El Salmón desde octubre de 2013. Creo en la palabra como uno de los mejores medios para construir puentes entre las personas, exponer nuestras ideas y abrirnos a los demás: Fragoso es un intento de ello.

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