Chistes de presidentes o presidentes de chiste

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A Romeo Lucas García, el último presidente de los años previos a la época democrática, le hacían chistes de todo tipo, principalmente racistas y de mal gusto, hasta decían que era analfabeta. No recuerdo cómo hablaba, pero además yo era pequeño como para poder evaluar la calidad de su discurso; de cualquier forma, era militar y hasta ahora no he conocido a alguno que se destaque por ser culto y buen orador. Decía un chiste de aquel entonces: Va Lucas en un helicóptero y lleva un millón de quetzales dentro de una maleta, cuando están a buena altura dice, voy a tirar esta maleta y haré feliz a un guatemalteco. Le dice uno de sus acompañantes, mi general, mejor tire el dinero en dos partes y hace felices a dos guatemaltecos; entonces dice otro, mi general, mejor divídalo en diez y hace felices a diez guatemaltecos; y así siguen con las sugerencias, dividiendo el millón cada vez en más partes para hacer felices a más guatemaltecos. Hasta que de pronto alguien dice: Mi general, sabe qué, mejor tírese usted y así hace feliz a todo el país.

Presiento que el chiste es más viejo y que fue contado con otros presidentes como protagonistas.

Hacer chiste de cualquier situación es especialidad del ser humano, no solo del guatemalteco. El humor sirve como mecanismo de defensa y dicen por ahí que también demuestra inteligencia; aunque la mayor parte de las personas prefieren decir y reír del chiste burdo y la palabrota. El humor inteligente y bien elaborado también es escaso.

Los presidentes y vicepresidentes del país son el blanco perfecto para la burla, ellos y las figuras públicas. De nada les sirve enojarse, porque solo generan más material.

Antes los chistes se difundían de forma oral, ahora las redes sociales los propagan en tiempo real. Las metidas de pata provocan reacciones en cadena y los usuarios desbordan la Internet cuando suceden. Roxana Baldetti y Otto Pérez, ahora presos, mientras estuvieron en funciones eran fuente inagotable de material para la burla; ahora se les extraña, solo por eso, porque bueno estuvo que los ligaran a proceso.

Entre los presidentes de la época democrática, sin lugar a dudas, el que se lleva el título de ser el más tonto es Óscar Berger, sus metidas de pata eran constantes y de antología, como cuando le dijo a un periodista: “¿Vos no entendés la castilla?”; o cuando se le despegó la suela del zapato y dijo que era porque estaban en austeridad. Berger tuvo suerte de que durante su mandato no hubieran redes sociales, porque habría sido reventado a cada rato, incluso su cara tenía el perfil perfecto para los memes.

Para el país no hay buenos augurios, pero para el humor parece que vienen buenos tiempos, porque el flamante presidente electo, el bueno de Jimmy, ha dado muestras contundentes de su bajo nivel de inteligencia, de escasa cultura general, además de su cantinflesco discurso. Si sumamos la pose pseudo intelectual que adopta y la doble moral de sus exposiciones, matizadas por moralejas e intentos de recitar frases de autoayuda, más los gestos de cómico de segunda, entonces se tiene la receta perfecta para generar material para que los usuarios de redes sociales se den gusto. Jimmy tiene la mala suerte de que en estos tiempos a los periodistas les piden generar notas virales y que cualquiera carga una cámara, sea para tomar fotos o vídeos. Su reciente desliz, cuando escribió “paiz” en lugar de país, fue divulgado a más no poder por Twitter y Facebook. Ya demostró que mete la pata cada vez que habla y ahora también cuando escribe.

Jimmy viene dispuesto a pelear el título que ahora ostenta Óscar Berger; se puede predecir que lo va a superar fácilmente, la quiniela es adivinar qué tan alto dejará el listón y si, en el futuro, habrá alguien capaz de competirle.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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