Ciudad de la furia”: habitando la ciudad de la posguerra

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Poeta de lo urbano

 Una ciudad vista desde arriba: piedra de iglesia, concreto de edificio, humo de fábrica. Todo esto es roto por el reflejo de un vuelo sobre las aguas del Río de La Plata. Es decir, al principio son imágenes de una realidad que todavía no ha atravesado el carácter líquido de su desintegración. La ciudad comienza por ser real en la piedra y el concreto, se hace irreal en la perspectiva del agua. Solo así se va llegando al terreno firme de la representación y se prepara, a quien escucha y observa, para la ciudad como alegoría. El sonido que abre el video es el de una sirena de aviso cortada súbitamente. La sirena es retomada con dos intensidades distintas antes de dar inicio a la música. Finalmente se ha ingresado al área de edificios al borde del río y se sobrevuela sobre la Diagonal Norte, uno de los principales puntos de tránsito y comercio de Buenos Aires. Desde allí se unen dos poderes del Estado argentino:la Casa Rosada y la Corte Suprema de Justicia. La Diagonal Norte imita los grandes bulevares haussmannianos del París del Segundo Imperio durante el siglo XIX. Si se piensa en términos de la experiencia de la ciudad, Gustavo Cerati es el Charles Baudelaire de la ciudad porteña. Ambos son poetas de la desintegración de la experiencia y la transformación de la ciudad en cárcel burguesa.

Imagen y música, alas y sombra

 6. Encerrado

El conjunto del video es una interpretación de la Ciudad de la furia. Su director, Alfredo Lois, provenía del medio de estudiantes de diseño donde se conocieron los integrantes de la agrupación. Comparten, pues, no solo un proyecto de estética urbana surgido de la preparación hacia el mercado publicitario sino, sobre todo, una experiencia histórica de lo que significa habitar la gran metrópolis argentina entre la dictadura (1976) y la transición democrática del austral (1983-1985). Llama la atención cómo esta experiencia estética en la música y las imágenes proviene de estudiantes de una universidad privada, jesuita, Universidad del Salvador, como si el torrente de la lucha pública popular diera paso a un momento histórico donde las familias pequeñoburguesas produjeran el hastío de su propia cotidianidad. El logro de Lois y Soda Stereo es haber montado la imagen de la Buenos Aires de concreto desde la fluidez de la danza y la música. La canción misma produce las imágenes. Por momentos esto genera una sensación demasiado obvia de decir “hombre alado” y mostrar la sombra alada del danzante, en otros el carácter aéreo de lo sólido y lo móvil da a los estribillos la posibilidad de un espejo disociado, alegórico.  Enorme paso.

El viejo y el joven

3. Mirada

Los dos acordes de guitarra abren la presencia humana desde la ciudad. El vuelo sobre las calles y edificios pasa con la guitarra a situarse en la imagen de unos dedos. Es un momento de introspección: los dedos son vistos desde las yemas arrugadas de un anciano, no desde las uñas. Esto implica un momento de volverse hacia adentro donde el individuo se observa en lo más personal, único y distintivo: sus huellas dactilares. Similar al paso de la roca, el concreto, el humo hacia el río de aguas liminales, ahora son los dedos frente a los ojos del anciano los que permiten la segunda transición en el video: la introspección del habitante de la ciudad desde los cuartos, su vagar angustiado por las calles impersonales. Es un momento de autoconsciencia donde finalmente se abre la puerta de una habitación sin muebles. Sentado en una silla de madera, en medio, un anciano abre los ojos. A partir de ahí será sucesiva y repetitiva la transición de lo humano a las rejas. Por momentos las paredes externas anuncian la cárcel interna y, en otros, la música y el danzante son encerrados en las sombras. El viejo y la agrupación son dos momentos de la misma experiencia, ambos adentro de la estructura. El único que puede salir es el joven de gabardina. Vagabundo, pasa entre las personas por las «calles azules» hasta estallar en una neurosis junto a un edificio. El rostro serio del viejo se conjuga con el caminar perdido del joven, contrastando lo que ha pasado con la desorientación de la experiencia presente. En Cuando pase el temblor se insinuaba algo similar pero los punks no se integraban nunca a la ciudad incaica. Solo en la Ciudad de la furia convergen alegoría citadina y búsqueda, como si las piedras precolombinas de Cuando pase el temblor finalmente se hicieran pies y pasos en los hombres.  Soda Stereo ha llegado a su ciudad natal y, paradójicamente, lo que la hace sentir en casa es la experiencia de  extrañeza y falta de un mundo-hogar.

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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