Comentarios al libro Al Atardecer de la Vida

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Para Ricardo Falla, con amor…

Por La Mar y El Tz’unun

Breve párrafo de contextualización:

En este escrito la autora comenta el libro de Ricardo Falla “Del proceso de paz a la masacre de Alaska, Guatemala, 1994-2012”, de la Colección Al Atardecer de la Vida. Reflexiona cómo la ciencia social puede ser potenciada por el reconocimiento del amor y la denuncia contra la injusticia social. El siguiente comentario fue parte de la presentación del libro durante el VI Coloquio de Antropología y Sociología de la Universidad del Valle de Guatemala.

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Cuando me dijeron si quería participar en este conversatorio, acepté con algunas dudas porque debía dar un comentario-crítica-ampliación sobre uno de los antropólogos guatemaltecos más reconocidos en el país. No sólo por su excelente trabajo académico sino también por su incansable lucha por los derechos humanos. Esto ha sido un gran reto para mí porque ¿cómo comentar dejando de lado los romanticismos innecesarios? Realmente no lo sé.

A través de las lecturas que he realizado de escritos de Ricardo Falla y los breves artículos que ahora he leído en el volumen I y II de la colección “Al Atardecer de la vida…”, he observado una rica diversidad de temas y,  como Ricardo Falla menciona en  La resistencia es red: “la diversidad es el prerrequisito para romper con la estrechez ideológica, los exclusivismos y los fundamentalismos”.

Al mismo tiempo me siento animada en la lectura por la sencillez de la escritura y por la agudeza en que los datos se presentan.  Los cuales se van ligando en dos perspectivas que no necesariamente en este caso se contraponen: las ciencias sociales y la fe (no hablo de  fe cristiana, esa es otra cosa, más bien de la esperanza por algo mejor). Atributo poco fácil de encontrar en un científico social, el cual  nosotras las generaciones del presente aún estamos desarrollando dicha habilidad, o tal vez nunca la desarrollemos, porque el moverse dentro de la universidad en espacios académicos como éste, nos hace muchas veces olvidar que el conocimiento es más funcional para los de afuera que para los que estamos acá adentro y es allí donde reside la importancia de saber escribir para diversos públicos.

Escribir es un arte en donde se articulan mensajes implícitos y explícitos. La razón de crear este tipo de arte conlleva una necesidad de expresar lo que se siente, se imagina, lo que duele y por ende lo que se ama. La palabra escrita es por tanto una forma de resistencia. La resistencia no es siempre obvia para los ojos de aquellos que no observan con amor. He aquí lo que deseo resaltar: el amor a mí y a los otros que al final es un nosotros. Porque es del amor a nosotros  donde surge y se crea la resistencia.

Falla, a través de sus escritos,  describe la resistencia-el amor desde las Comunidades de Población en Resistencia (CPR), en las mujeres encarceladas en la violencia doméstica,  en la juventud en tiempos de globalización, en la migración y sobre todo en la cotidianidad. No hablo de una resistencia física, sino de una acción social que varias personas en la misma situación realizan y comparten dentro de ciertos espacios.

Fotografía de Falla en Cuarto Pueblo, 14 marzo 2016

Fotografía de Falla en Cuarto Pueblo, 14 marzo 2016

 

Además, aclaro que no me estoy refiriendo al amor romántico telenovelesco. Más bien hablo del amor que siento por aquellas personas que son parte de mi realidad  y del amor a poder vivir una buena vida. Ese mismo llevó a la formación de las Comunidades de Población en Resistencia (CPR) a luchar y a proclamarse como civiles en tiempos de guerra. Ese amor que es resistencia y que  pocos científicos sociales deseamos incluir en el análisis de los datos. La academia ha tratado de fortalecer la objetividad en la presentación de los datos, los autores han deseado dejar de lado sus sentimientos y emociones y, en lugar de hablar de un nosotros, se habla de los otros. Hemos estado en debates sobre los sesgos y la ética de los autores. ¿Para qué?

Leo en Ricardo Falla en su artículo Investigación y Acción social: claves para una alianza que  “existe un horizonte epistemológico que colorea siempre nuestra mirada y la interpretación de los hechos. Ese horizonte es la situación vital del investigador o de la investigadora… La situación en que vive quien hace investigación debe estar afectada por la injusticia del mundo”.  Entonces, comprendo que no debería parecerme extraño que cada vez que se refiere a la CPR hace alusión a un nosotros y entiendo que es porque lo vivió. Pero me deja con una pregunta: ¿cómo podemos presentar una investigación sólida y veraz en la cual nosotras-os las antropólogas-os u otros científicos sociales podamos vernos en esos otros-as y sentirnos parte de su realidad que a la larga también nos afecta? ¿O ese nosotros sólo debe surgir a partir de las comunidades?

Y esta pregunta surge también porque en las pocas investigaciones que he realizado puedo darme cuenta que no he plasmado mis sentimientos o emociones a la par de los datos porque me han enseñado que le restan validez y porque yo sólo soy una observadora. Algunos dirán que para eso son los diarios personales o que no debería de estudiar esta carrera o que el amor está implícito en todo lo que hacemos. Pero a mí me gusta la investigación y debería poder plasmar las emociones y sentimientos de las diversas situaciones que describo. Para dejar(nos) de ver como objetos e iniciar a ser sujetos dentro de la investigación.

Y creo que un buen ejemplo para entender que ser explicito  con los sentimientos dentro de la investigación social, sin caer en los romanticismos que acaban de escuchar y  sin dejar de lado la coherencia y veracidad de los datos, son los escritos Al atardecer de la vida y los varios libros publicados por Ricardo Falla, y lo son porque en ellos veo y siento amor.

Me alegra haber dejado claro desde el  inicio que no sé  cómo escribir sin romanticismos innecesarios.

 

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