¿Cómo hacer víctimas y victimarios?

1

Me da la impresión de que en cierto “sentido común” y en ciertas discusiones, se tiende a considerar a las víctimas y a los victimarios como resultado exclusivo de su propia actividad individual. De forma muy significativa se tiende a decir “se hace la víctima” o es muy común considerar a los victimarios/ agresores desde las series gringas de policías: como seres resultado de su propia maldad. Se habla de “locos” o psicópatas y entonces es muy fácil desentenderse de la necesidad de una explicación más amplia.

Al final, resulta una perspectiva simplista y errónea. Las víctimas y victimarios se producen en relaciones sociales que implican elementos simbólicos y materiales que las constituyen como tales. Esto es cierto en el caso de violencias cotidianas como la violencia contra la mujer o la violencia contra la niñez.

Pero también es cierto en el caso de procesos históricos como los existentes en la guerra en Guatemala. Al respecto todavía hay mucho que considerar. Hubo poblaciones que se organizaron y huyeron del ejército en el momento oportuno y que, aunque tuvieron pérdidas significativas, no corrieron la misma suerte que otras comunidades. Al respecto, por ejemplo, Ricardo Falla encuentra que previo a la llegada del ejército, un predicador decía:

“no hay que correr, no tenemos delito, nada. Tenemos papel. Y aquí somos religiosos nosotros. Que nos maten los soldados. Estamos aquí por parte de Dios” (y más adelante) “no hay donde vamos a correr. Si vamos a ir a la montaña, vamos a morir del hambre, no vamos a aguantar. En cambio, aquí si nos van a matar los soldados, vamos a morir de una vez”.

El resultado fue la masacre de Cuarto Pueblo.

Evidentemente que aquí no se trata de culpabilizar a las víctimas (la culpa en este y un porcentaje abrumador de casos fue del ejército), sino entender cómo es posible que en ciertas circunstancias, ciertas relaciones, es posible que haya, incluso, cierta “cooperación racional” de las víctimas (la expresión es del sociólogo Z. Bauman).

Por otra parte, la acción de las PAC, de los comisionados militares o del propio ejército tampoco se pueden entender sin referencia a una serie de procesos que permiten el ejercicio de la violencia. Se requieren ciertas condiciones que se producen en contextos de guerra y de socialización específica para que se produzcan una enorme cantidad de victimarios.

Es más, a la luz de los conocimientos de múltiples investigaciones (que incluyen las de Milgram, Zimbardo, Arendt, Browning, entre otras), es válido preguntarse qué hubiera hecho uno en determinadas circunstancias que animan al empleo de violencia. Lo más perturbador de todo es que se ha encontrado que no existe un “perfil” particular de agresor, sino más bien un contexto facilitador que incluye procesos de socialización y otras condiciones para que se pueda ejercer violencia, incluso la más sádica.

Este planteamiento puede resultar problemático y discutible, pero vale la pena hacerlo para comprender lo que sucede en las relaciones víctima-victimario.

Precisamente eso es lo que se quiere hacer a través del libro Figuras de la barbarie. Ensayo sobre las relaciones víctima-victimario en la guerra guatemalteca, de un servidor y recientemente publicado por la Universidad Rafael Landívar (cualquier persona interesada, se puede obtener un ejemplar en el Instituto de Investigación y Proyección sobre el Estado).

Share.

About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

1 comentario

  1. Cristóbal Pacheco on

    Mariano González lo saludo, de Casa del Libro en Casa de Cervantes, este libro está a la venta? o solo es regalado, a la espera de su respuesta…..
    gracias

Leave A Reply