Con poquito dinero baila el ajedrecista

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En Guatemala; el ajedrez de competencia es un juego infame, se tiene que invertir muchas horas de estudio para jugar a buen nivel y rara vez se gana dinero. Son pocos los campeonatos que incluyen premios en efectivo, ni siquiera el campeón nacional obtiene compensación monetaria en una competición que dura meses. Un incentivo quizá es viajar a jugar a otros países en representación local; poca cosa si se considera el esfuerzo realizado.

Hace muchos años dejé el ajedrez de competencia, pero siempre traté de participar en los torneos de Blitz –modalidad en la que cada jugador tiene cinco minutos para toda la partida– que se organizan, a veces de forma espontánea entre varios ajedrecistas y otras por la federación nacional o la asociación del departamento de Guatemala. Lo paradójico es que en estos torneos, que usualmente tardan entre dos y tres horas, siempre hay premios en efectivo para los tres primeros lugares; es decir, se gana más que en un torneo serio que dura meses, aunque estos no dan el derecho a representar al país. Entonces es común que los mejores jugadores nacionales compitan en los torneos de Blitz porque dan oportunidad de hacerse con algunos quetzales.

La lucha en los torneos de Blitz es encarnizada, porque a todos les interesa ganar como mínimo el premio del tercer puesto, pero siempre hay lugar para amañar el resultado de alguna partida.
Durante algunos años jugué a un nivel que me permitió competir por los premios en los torneos de Blitz, en los que ganaba terceros, segundos y alguna que otra vez el primer lugar. Durante ese tiempo me di cuenta de que aún en esos torneos intrascendentes para el ranking nacional se daban arreglos del resultado de las partidas. Era sencillo, sucedía casi siempre en las últimas rondas y cuando alguno de los jugadores de alto nivel había tenido mal desempeño y no tenía opciones de ganar; entonces ofrecía el punto a un rival que sí tenía oportunidad de meterse entre los primeros tres lugares, a cambio de Q25 o Q50, según fuera la cantidad que se ganara al final. También era común que si en la última ronda los que iban punteando se enfrentaban y cualquiera que perdiera se quedaba sin premio, pactaban el resultado y luego iban a partes iguales con el efectivo, perjudicando a los demás competidores.

La mayoría de las veces el efectivo a repartir en los torneos de Blitz era de Q300 al primer lugar, Q200 al segundo y Q100 al tercero. Rara vez el premio era mayor, aunque los hubo y los hay, quizá en estos tiempos los premios sean mayores. Lo que quiere decir que, llegado el momento, los jugadores vendían sus puntos por cantidades insignificantes; no existía el menor pudor, menos honestidad, muchos ajedrecistas estaban dispuestos a comprar y a vender puntos con tal de repartirse las cantidades mencionadas.

En el ajedrez de competencia, en donde las partidas duran hasta cuatro horas y los torneos se juegan en fines de semana y abarcan hasta tres meses; no digamos el campeonato nacional que se juega por fases; no se gana dinero, pero muchos están dispuestos a comprar y vender puntos a cambio de favores políticos o solo por obtener mejor clasificación en el rating nacional. La corrupción de la federación de ajedrez no es solo de directivos, también es de jugadores, pero esto será material de una siguiente entrega.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

2 comentarios

  1. Aunque seguro hay verdad en sus palabras, es obligatorio indicar nombres y apellidos de los jugadores que pactan por dinero. No es correcto, como sucede en muchos artículos sobre corrupción , mencionar “los ajedrecistas”, “los empresarios”, “los de la universidad”, etc. etc. No es correcto decir hay corrupción entre los ajedrecistas porque se incluye a todos y eso no es ético ni moral.
    Coincido en que hay ajedrecistas, algunos, que se prestan a estos “arreglos” por ridículas cantidades de dinero. Pero creo la mayoría son honestos y buscan destacar en el deporte de sus amores.
    Yo le he dedicado más de 40 años al ajedrez y tuve la fortuna de sobresalir en el campo profesional y no depender del ajedrez económicamente.
    Creo que la obligación del periodista que escribe, es decir la verdad con detalles y no lanzar acusaciones en general.
    Atentamente,
    Lic. Cesar Blanco
    Primer GM postal de Centro America y el Caribe.
    MBA en finanzas.

    • Fernando Ramos
      Fernando Ramos on

      Lic. Blanco

      No hay intención de generalizar en el texto. También conozco a muchos ajedrecistas que juegan, unos solo por diversión y otros porque son apasionados del juego, y desafortunadamente estos ajedrecistas son afectados por quienes se prestan para manipular el juego. No hay acusasiones en general en el texto.

      Y siempre he pensado que si alguien dedica su vida a un juego como el ajedrez debería tener la posibilidad de obtener beneficio económico. Nada de malo hay en eso.

      Saludos.

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