Condenados por la historia

0

Foto tomada de: http://cpr-urbana.blogspot.com/2013/10/sobrevivientes-del-genocidio-rechazan.html

Cuando empezaba a ponerse el sol, el diez de mayo de 2013 por la tarde, la sala de vistas del Palacio de Justicia se estremeció. Tres décadas después de los hechos, una corte nacional sentenciaba que en Guatemala hubo actos de genocidio atribuidos a José Efraín Rios Montt, como jefe de gobierno del 23 de marzo de 1982 al 9 agosto de 1983.

Otros generales también ligados a proceso al inicio, quedaron fuera de la condena, no por ser inocentes. Simplemente no habían llegado a la fase de sentencia porque desde el inicio se recluyeron en centros hospitalarios y finalmente la enfermedad les alcanzó.

Ese fue el caso de Óscar Humberto Mejía Víctores, ministro de defensa de Ríos Montt (luego jefe de Estado del 9 de agosto de 1983 al 14 de enero de 1986), así como de Héctor Mario López Fuentes, jefe de Estado Mayor del Ejército. Junto a Ríos, también enfrentó proceso el Director de Inteligencia Militar, José Mauricio Rodríguez Sánchez. Al final, Solo Ríos Montt, quien fue condenado a 80 años y Rodríguez Sánchez, quien fue absuelto, llegaron a la etapa de sentencia.

Para ilustrar a la corte sobre los hechos y ofrecer elementos de convicción jurídica, fue necesario el trabajo tesonero de organizaciones comunitarias y de derechos humanos, en particular el Centro para la  Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH) y el Bufete por los Derechos Humanos (BDDHH). Pero, lo que en verdad dio vida a un proceso que ha hecho historia es la  perseverancia de las víctimas, sobrevivientes y comunidades del pueblo Ixil.

Las atrocidades que vivieron en carne propia por el solo hecho de ser considerados enemigos internos, no doblegaron ni su memoria ni su dignidad. La grandeza del pueblo ixil fue puesta a prueba a lo largo de los más de diez años que duró el trámite judicial desde el momento en que interpusieron la querella hasta el histórico 10 de mayo de 2013, cuando escucharon la sentencia. Y la escucharon en su idioma, como merecían, como debe ser.

Con una nobleza fuera de serie, soportaron los años de denegación de justicia y los atropellos durante las audiencias. Se mantuvieron expectantes y con el cobijo de solidario abrazo del movimiento social, volcado en agradecimiento. Sí, en agradecimiento porque el pueblo ixil daba una lección de ejercicio ciudadano, frente a un Estado que tres décadas atrás le avasalló en aras del exterminio.

A los diez días de que la sentencia fue emitida. El Estado retorna al atropello. Esta vez, contra todo derecho, contra toda lógica jurídica, pero sobre todo contra la mismísima Carta Magna, la Corte de Constitucionalidad (CC) resuelve matar a la justicia. En una resolución fuera de ley, tres magistrados de la CC, Roberto Molina Barreto, Héctor Hugo Pérez Aguilera y Alejandro Maldonado Aguirre, activan la máquina del tiempo e inventan una acción procesal ficticia.

Los tres magistrados de la impunidad, por cierto también de la corrupción, mandaron a que el juicio, en el que había una sentencia emitida, retornara a etapas procesales ya concluidas. Con ello, pretendían salvar al general condenado por genocidio, evitar que siguiera la investigación hacia otras autorías y frenar los intentos por lograr justicia por graves violaciones a los derechos humanos.

En el tercer aniversario de la sentencia por genocidio, el proceso se mantiene en un limbo jurídico pero con un hecho concreto: la condena está vigente. De los 80 años a los que fue sentenciado, Ríos Montt ha servido tres en arresto domiciliario. López Fuentes tampoco recobró su libertad; en tanto que, Rodríguez Sánchez, habiendo sido absuelto, gracias a los galimatías legales sigue estando prisionero.

Pese a que la maquinaria de impunidad intentó librar a los genocidas, al final de cuentas los crímenes contra el pueblo ixil fueron expuestos ante el tribunal y el pueblo de Guatemala. Y lo que es más importante aún, la condena del diez de mayo de 2013, sigue vigente y esa afirma que en Guatemala, #SíHuboGenocidio.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply