Coperacha para un Estado

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Los hallazgos recientes del MP y de CICIG que evidenciaron hasta el absurdo el despilfarro de los anteriores administradores del Estado, confirman de manera lacerante aquella frase que acuñó Edelberto Torres sobre la concepción del Estado como botín, como cueva de los 40 ladrones, como cofre lleno de riquezas al que cada cuatro años se podía acceder. Las sospechas muy fuertes terminaron de confirmarse y ahora nos toca como sociedad asumir la infamia y la vergüenza de haber sido burlados en nuestra propia cara por un grupo de cuatreros que se vistieron el disfraz de la democracia.

La coyuntura es delicada porque los descubrimientos burdos y sofisticados han arrastrado de todo; son muchos los que han sido señalados, no solo ladronzuelas aspiracionales como Roxana Baldetti sino presidentes y funcionarios de bancos, diputados, funcionarios del sistema tributario, funcionarios de entidades estatales, juezas, magistrados del sistema de justicia, asesoras, ministros de Estado con todo y sus vice ministros, militares de alto rango y de tropa, testaferros de diverso pelaje y cualquier cantidad de ladronzuelos. Cuando ocurre un destape de esta envergadura, no solo se descubre el robo o la extracción de riqueza y recursos del Estado, también queda a flor de piel el conjunto de valores que conforman la ética democrática, que como entramado esencial le aportaba una aparente estructura a la sociedad en su conjunto.

El Estado no puede ser concebido como algo alejado de cada uno de los ciudadanos, esa entidad es una relación social, es una noción dinámica del contrato establecido entre ciudadanos y gobernantes a través de las instituciones previstas por la democracia. En ese sentido, el Estado somos cada uno de los guatemaltecos y el agravio producido por el cartel del partido patriota ha sido incalculable, no solo en monto sino en el daño a la moral. Si ya venían en picada los valores de la política, después de la empresa patriota, la devaluación cayó al suelo.

En este escenario de despojo moral resurgen los salvadores, los refundadores, los conspiradores, los puristas y los pastores mesiánicos, que ven una oportunidad para reconducir al rebaño y aprovechar con promesas confusas. No faltan por ejemplo, las viejas voces tanto de la derecha como de la izquierda conservadora que sospechan en esta crisis de cualquier tipo de expresión ciudadana porque la tildan de manipulada por fuerzas externas que “pretenden quedarse con el país”. Esas voces no hacen más que expresar su ego lastimado; en esa lógica coinciden aunque parezca increíble un Morales con un Parinello (leer sus columnas respectivas de la semana pasada).

El río aún arrastrará desechos de todo tipo, incluso cuerpos. Es probable que el cáncer de la corrupción haya cavado profundo y es posible que otros inquilinos del Estado también hayan caído en tentación incluso los actuales. Al parecer hemos edificado el Estado sobre un pantano, y revertir esta realidad requerirá reformas pero también una revolución moral.

Hace falta una coperacha entre todos para un Estado que necesita recuperar dignidad.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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