Corrupción: asombro…y mala fe (II)

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En un artículo anterior se plantea que los casos de corrupción que CICIG y el MP están destapando originan asombro y estupor. ¿Cómo es posible que se haya llegado a crear una maquinaria de corrupción que desfalcó al Estado en una magnitud tan asombrosa? Lo mismo pasa cuando se ve el caso de “plazas fantasmas” en el congreso, etc. Sin embargo, todo esto ya lo sabíamos. Sí. Cualquier ciudadano medianamente informado por la prensa o por lo que podía ver en las instituciones (incluyendo las municipalidades), sabía que la corrupción era un mal que se extiende de manera sistemática en buena parte de las instituciones del Estado a nivel nacional y local.

Evidentemente que es distinto “saberlo” a través de rumores (incluso periodísticos) que conocer el detalle de las operaciones. Lo que están haciendo CICIG y MP es poner nombres, cantidades y detalles a lo que sabíamos que estaba pasando (esto me lo hizo ver la psicóloga Dina Elías).

El punto que se quiere enfatizar es que la corrupción ha sido un mal extendido y al cual nos habíamos acostumbrado en buena medida. No es sino hasta el empuje de la CICIG y el MP descubriendo casos de estas magnitudes que la corrupción se nos ha hecho tan fea e impresentable. Pero ha sido parte normal del funcionamiento institucional por un extenso período de tiempo. Basta ver los señalamientos que se han hecho desde el gobierno de Vinicio Cerezo (los gobiernos militares también participaron de la corrupción, pero en ese momento era arriesgar demasiado la vida sacar a luz los trapos sucios que, no obstante, salen como casos contra militares durante el conflicto).

Si existe una historia de corrupción tan larga y la corrupción se encuentra tan sistemáticamente extendida en el ámbito institucional es porque ha existido cierta permisividad social respecto a la corrupción. Por qué se llegó a esta situación es un asunto excesivamente complejo, pero no es posible que se dé tanta corrupción sin cierta “infraestructura” actitudinal que la ha permitido.

Causa asombro lo que estamos conociendo. Pero en ese asombro hay un elemento de mala fe que debe ser considerado. Ya sabíamos que estaba pasando eso y no habíamos podido organizarnos adecuadamente para combatirlo. De hecho, con la participación en las votaciones se estaba dando cierto espaldarazo a esta situación, con nuestras acciones cotidianas frente al Estado, incluyendo la indiferencia.

Tampoco es momento de congratularnos. Lo que está pasando es necesario y elemental. Pero debemos darnos cuenta que la mayoría estamos como espectadores de una lucha que tiene sus orígenes en otra parte. Debemos aprovecharlo. Es necesario. De eso no hay duda.

Debemos insertarnos en una coyuntura que no hemos creado y debemos apoyarla. Pero críticamente. Y reconociendo que también hemos tenido cierta responsabilidad por lo que ha llegado a suceder.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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