Corrupción política y narcisismo

0

El narcisismo es un estado de experiencia en el que solo el cuerpo, las ideas, las emociones y las cosas propias son las que tienen existencia real, mientras que los otros (su realidad y sus necesidades) son apéndices más o menos marginales, sin colorido emocional. Todos tenemos algo de narcisismo (en lugar de instintos), pero pareciera que la clase política guatemalteca es profundamente narcisista y egocéntrica. Está desconectada de la realidad nacional.

Esta es la corrupción primera.

Con esto no se quiere afirmar que los problemas de corrupción se originen en tendencias narcisistas particularmente graves en los que ingresan a la política. El origen de esta corrupción está, al final de cuentas, en una estructura social profundamente injusta, propia del modelo de acumulación. No obstante, la profunda corrupción sí está ligada a la producción de aspectos que sólo pueden calificarse de narcisistas.

***

La crisis política e institucional que se origina en el descubrimiento por parte de la CICIG y el MP de una estructura criminal en la SAT, es una muestra de la profunda corrupción de la política en nuestro país. Esta corrupción política resulta un elemento constitutivo del ejercicio político, junto a otros aspectos tales como la impunidad y los privilegios de las élites.

El sistema político e institucional tiene que funcionar así porque vivimos en una democracia restrictiva que sirve principalmente para la acumulación de capital y para la adecuada explotación de la mayoría de la población. Es decir, vivimos en una sociedad que se basa en la explotación, la desigualdad y la injusticia que se debe “organizar” políticamente de tal forma que responda a los intereses de la minoría.

Con la excepción de la llamada primavera democrática del período 44-54, no ha existido la intención ni el impulso de construir un proyecto de nación incluyente que modifique sustancialmente las condiciones descritas.

El posterior intento de transformación del país a través del movimiento revolucionario fue derrotado con el ejemplo más extenso y profundo de represión que se llevó a cabo en América Latina. La transición democrática tutelada por los militares en los años ochenta, fue diseñada para defender el statu quo, manteniendo los privilegios de una élite reducida.

Sin embargo, en el transcurso de este “retorno a la democracia” se fue produciendo una disputa entre los poderes tradicionales (oligarquía) y ciertos sectores emergentes (otras actividades económicas, crimen organizado y políticos) que fueron disputando el control del Estado como medio de acumulación de capital, es decir,  como botín y medio para la obtención de los más grandes negocios y beneficios.

Esto significa que nuestro sistema político e institucional tiene que operar a partir de un profundo y extenso alejamiento de las necesidades de la comunidad política y tiene que, necesariamente, dar origen a una serie de problemas de carácter sistémico, no individual. Desde una perspectiva propia de la psicología, se produce lo que Carlos Orantes Trocolli llama la “narcizisación” de los políticos.

Es decir, que los políticos empiezan a creer y actuar de forma narcisista, marcadamente egocéntrica, creyendo que sus necesidades y apetitos son el centro del universo, sin tomar en cuenta las necesidades y la opinión de los ciudadanos, a quienes creen que pueden tratar con total irrespeto, ordenando y esperando total pasividad.

Algunos de los ejemplos más evidentes de esta situación se encuentran precisamente en las condiciones que dieron origen al enojo e indignación tras conocer que el secretario de Roxanna Baldetti estaba involucrado en el caso de la corrupción de la SAT. ¿Por qué? Porque las declaraciones de la vicepresidenta evidenciaron una total desconexión con la ciudadanía y un profundo irrespeto que enervaron a la población.

Decir que el hospital Federico Mora estaba “re-bonito” o que “invitaría a comer mojarras” después de la aplicación de un producto equis al lago de Amatitlán lo que evidencia es un discurso casi delirante, pues se encuentra fuera de toda consideración racional. Uno de los motivos de la indignación expresados en las protestas iniciales fue, precisamente, que la vicepresidenta (y otras figuras políticas como Manuel Baldizón) creyera que podría “vernos la cara de tontos” de una forma tan abierta y cínica.[1]

Ahora bien, lo que se propone es que este proceso de “narcizisación” no es un aspecto casual, originado en la perturbación de ciertos políticos (aunque también hay muchos políticos perturbados), sino es parte de las condiciones que se produce el ejercicio político en este país, debido a la profunda y extensa corrupción existente.

De hecho, hay dos definiciones de corrupción política que permiten comprender que la misma es un problema que está ligado con la “narcizisación” que se produce en su ejercicio.

El analista chileno Helio Gallardo considera que la corrupción de la política consiste en

“su independización de las necesidades, intereses y control de la población y en su refuncionalización como mercado de transacción de privilegios desde posiciones de poder, mercado, en el que opera la norma ‘hoy por mí, mañana por ti’ ”.

Por su parte, Enrique Dussel propone otra definición de corrupción política que permite comprender que es una condición que produce la “narcizisación” propuesta:

“La corrupción originaria de lo político, que denominaremos el fetichismo del poder, consiste en que el actor político…cree poder afirmar a su propia subjetividad o a la institución en la que cumple alguna función…como la sede o la fuente del poder político”.

Para entender cabalmente esta definición, se debe indicar que para Dussel, el poder radica en la comunidad política o el  pueblo. El poder es el deseo de vivir, organizado en consensos y fácticamente posible que se delega a representantes e instituciones para que esa comunidad política pueda organizarse y cumplir sus objetivos. Sin embargo, es la comunidad política la que es sede del poder.

El problema surge cuando los representantes del poder empiezan a considerarse desligados de la comunidad política y empiezan a creer que ellos mismos o la institución en la que se encuentran son esa sede. Es, como lo dice Dussel, la fetichización de la política.

Digamos que es normal que se produzca cierto grado de autonomía en el ejercicio del poder, debido a la especialización de funciones, pero en última instancia, los políticos deberían comprender que su ejercicio es delegado por la comunidad política, fuente de ese poder.

Lo cierto es que dado el nivel de “autonomización” de los políticos (que, como se indicó previamente, empezaron a disputar al Estado como medio de acumulación) o la creencia que son la sede del poder, se produce este extendido proceso de narcizisación y que se evidencia en el actuar totalmente impune de los políticos que se llegaron a creer intocables (justo hay que decirlo: lo han sido por un buen tiempo). El hecho que los implicados en el caso SAT llamaran a una jueza para pedirle favor que los sacara, previo pago de fuertes sumas de dinero, no es otra cosa que una actuación que se cree impune.

Dadas las condiciones del juego político en que nos encontramos no es posible esperar que los funcionarios públicos y los políticos operen de otra forma. Es necesario que como pueblo ejerzamos nuestra fuerza y mostremos que somos nosotros, la comunidad política, la sede del poder originario para que se ponga un freno a esta situación.

Al grado de corrupción existente se le debe oponer también un profundo proceso de cambio, que se ejerza organizadamente desde los sectores populares e impedir que continúe este extenso proceso de corrupción y narcizisación que observamos en todos los sectores de la política.

Ese es uno de los retos (y una de las oportunidades) del momento actual.


 

[1] Otra que anda delirando es Gloria Álvarez que dice haber “empoderado mentes”  por años. ¿Habrá una posición más contraria a la pedagogía freiriana?

Share.

About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

Leave A Reply