¿Cuál es el camino?

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Hasta ahora han llegado al Congreso dos iniciativas que, de haber sido aprobadas íntegramente, hubieran ayudado a que en el mediano plazo se dieran algunos cambios para bien de la mayoría. Las reformas a la ley electoral y de partidos políticos y las reformas a la Constitución, en la parte que se refiere al sector justicia, tenían buenas intenciones, pero los diputados solo aprueban aquello que no vaya en contra de sus intereses y dijeron no.

Las reformas a la Constitución siguen en discusión, pero de entrada, en las primeras votaciones por artículos, los congresistas botaron dos de los más importantes: la supresión del antejuicio y el pluralismo jurídico, luego la votación se suspendió y ahí quedó ahogado el grito de quienes estaban presionando en la tribuna del palacio legislativo y en las redes sociales. Se anticipa que los demás artículos importantes correrán la misma suerte.

El proceso de depuración iniciado por la CICIG y el MP dio esperanzas para que, a partir de ahí, se generara un cambio positivo, pero las elecciones de 2015 oxigenaron al sistema y permitieron que llegaran a puestos de elección popular un gran número de personajes oscuros y validó a otros que se reeligieron. Los comicios apagaron el fervor popular, La Plaza se quedó vacía y los corruptos recibieron el espaldarazo de los votantes. Estuvimos cerca, pero no fue suficiente.

El mayor problema es que mientras las fuerzas oscuras se recomponen –eligen junta directiva del Congreso y ponen presidenta de la Corte Suprema de Justicia–, los sectores que buscan el cambio no logran ponerse de acuerdo en cuál es la mejor forma de hacer verdadera oposición.

Es obvio que la corrupción no desapareció metiendo a la cárcel a un montón de corruptos; al contrario, se está demostrando que desde su encierro aún ejercen el poder. Pero no solo ellos, todos aquellos que ven amenazados sus intereses y negocios –lícitos, ilícitos o los que dependen de la defraudación fiscal–, unen fuerzas y gastan dinero para mantener a toda costa el control.

No se puede perder la esperanza de lograr el cambio, pero ver que el Congreso las iniciativas de beneficio general son sistemáticamente bloqueadas hace que el optimismo decaiga y que surja la pregunta: ¿cuál será el camino para lograr los tan ansiados cambios? Difícil responder, cuando incluso parece que la mayoría se contenta con el estado actual de las cosas.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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