¿Cuándo comienza a importar una enfermedad?

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Nos movemos de coyuntura en coyuntura, como saltando sobre piedras en un río para no caer al agua. Hablamos y opinamos sobre lo que vemos en la televisión y/o leemos en los periódicos. (Este “nosotros” aún me es difícil de definir, pero para mientras diré que somos todos aquellos quienes hablamos de asuntos políticos y politiqueros en este país).

Las coyunturas pasan y lo que nos indignó hace unos meses o semanas (a veces solo días) va pasando a segundo plano. “Tiempos líquidos” o como quieran llamarlo. Ahora, a mediados de octubre, la coyuntura mundial tiene como principal preocupación la propagación del ébola. Hacia el 10 de octubre de 2014, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían registrado 8400 infecciones y 4033 muertes en todo el mundo a causa de este brote, ocurriendo la mayoría de ellos en los países del África Occidental.

Sin la intención de sonar conspi-paranoica, no puedo evitar darme cuenta de que el ébola llamó verdaderamente la atención una vez salió de África, y se empezó a temer su llegada a Europa y Estados Unidos. Probablemente, si la enfermedad mortífera no hubiera salido de las fronteras africanas, no contaría con la atención que ahora le dan. Pero bueno, la verdad es que no estoy tratando de desacreditar o minimizar las muertes y los enfermos de ébola, sino referirme a otras enfermedades que matan a gran número de personas año con año, pero que raramente ocupan un espacio en las noticias.

 

1. Los muertos en las plantaciones de azúcar por causas renales.

En las plantaciones de azúcar centroamericanas los casos de problemas renales crónicos han aumentado en los últimos años. Según la OMS, entre 2005 y 2009, la enfermedad renal mató a más de 2.800 hombres por año en Centroamérica. Solo en El Salvador y Nicaragua, en las últimas dos décadas el número de hombres que murieron de enfermedad renal se quintuplicó. Hoy mueren más hombres de esta enfermedad que los que mueren por VIH/SIDA, diabetes y leucemia, juntos. La deshidratación y la insolación producto de las arduas jornadas laborales son factores probables, e incluso pueden ser la causa de la enfermedad. Los trabajadores, a quienes se les paga no por cantidad de horas o días trabajados sino por cantidad recogida, suelen trabajar hasta el extremo de la deshidratación y el desmayo, dañando potencialmente sus riñones en cada turno. Esta enfermedad no suele dejar huellas y se da a conocer en las etapas tardías, cuando el único remedio es ya el trasplante de riñón, una solución inviable en regiones campesinas de Centroamérica.  Sin embargo, este grave problema es prácticamente ignorado por los propietarios de industrias azucareras y los gobiernos cómplices.

 

2. Niños que mueren por diarreas por falta de agua potable.

Según la OMS, cada año fallecen 1.5 millones de niños por diarrea, siendo la segunda causa de mortalidad infantil después de la neumonía. La diarrea que es un síntoma de una infección del tracto digestivo, se ocasiona por diversos organismos bacterianos, víricos y parásitos y que se transmite por alimentos o agua de consumo contaminado, o bien de una persona a otra como resultado de una higiene deficiente. En todo el mundo hay alrededor de mil millones de personas que carecen de acceso a fuentes de agua mejoradas y unos 2.500 millones no tienen acceso a instalaciones básicas de saneamiento. En Guatemala, según el Instituto Nacional de Estadística, la tasa de mortalidad por diarrea es del 14.5 para 2012.

 

Pareciera ser, entonces, que una enfermedad no importa por el número de afectados, sino por quiénes son los afectados. Por su “nacionalidad” y por su “raza” (ficciones ambas).

Ya muchos sabrán y no digo nada nuevo: la salud es un privilegio. Considero una desgracia a toda enfermedad que cause sufrimiento, ya sea a millones, miles o unos cuantos; pero me indigna más y me parece completamente inaceptable el que hayan año con año tantas muertes por enfermedades que son perfectamente tratables y curables, y que por negligencia de empresas y de gobiernos, estas muertes sean tomadas, cínicamente,  como daños colaterales que permiten la existencia y reproducción del sistema capitalista depredador.

Sí, ya sé que mi reclamo tampoco las cura; al menos pude mencionar un par, tal vez hacer que algunos sepan de su impacto. Mientras tanto sigo gozando de una buena alimentación y de una buena salud. Aún cuento con ese privilegio.

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Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

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