De brujas, hogueras y mariposas

0

En memoria de las hermanas Mirabal, torturadas y asesinadas por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana en 1960, se conmemora internacionalmente el 25 de noviembre el día de la no violencia contra las mujeres. Violencia expresada en diversas formas, dentro de las cuales la eliminación física es la más grave pero no la única.

Al igual que en cientos de países y ciudades en el mundo, aquí en Guatemala las mujeres también toman la calle para levantar la voz contra las violencias patriarcales reflejadas en todas y cada una de las expresiones sistémicas de agresión. En el caso guatemalteco, la violencia reflejada en forma homicida es creciente, cifras del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), citadas por la Fundación Sobrevivientes, indican que de enero a septiembre del presente año se investigan por homicidio 587 muertes de mujeres de las cuales el 65 por ciento se produjeron con armas de fuego. En cuanto a la proporción de muertes violentas se plantea que por cada 6.7 víctimas masculinas hay una víctima femenina. No obstante, el fenómeno de la violencia física contra la mujer por su condición de tal ha ido en incremento.

Esta situación también se refleja en las cifras sobre violencia sexual; de los 6,391 casos registrados hasta septiembre de este año 5,793, es decir el 91 por ciento de las víctimas son  mujeres. Esta proporción también se expresa en las estadísticas de Violencia Intrafamiliar (VIF) registradas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). De acuerdo con esa entidad, en el 2013 hay constancia de 36 mil 170 hechos de VIF, de los cuales el 90 por ciento se produjo contra mujeres. En este ámbito, la violencia física-sicológica ocupa el 42 por ciento.

Poder contar con algunos registros estadísticos segmentados por condición de género ha sido un logro de las luchas de las mujeres y sus organizaciones. De esta manera ha sido posible obtener un análisis de la situación de violencia de género, sus orígenes y las vías para solventarla. Sin embargo, tradicionalmente, el Estado ha mantenido invisible la situación general de las mujeres, incluidas sus luchas y demandas.

Este tipo de luchas también buscan alcanzar justicia para crímenes contra mujeres, en hechos que el Estado intenta mantener en el olvido. Tal es el caso del proceso por violencia y esclavitud sexual contra mujeres queq’chi’s en Sepur Zarco durante el conflicto armado interno, hechos que se produjeron en los años 80 empiezan a ser ventilados en los tribunales. Durante más de tres décadas, las mujeres violentadas por ser mujeres también enfrentaron la violencia del Estado que no les garantizó justicia, y aún ahora, al estar en el tribunal, vuelven a ser violentadas por quienes, buscando alcanzar impunidad a toda costa para los perpetradores, pretenden trasladar la culpa hacia las denunciantes.

De igual forma, las luchas también se gestan desde la defensa del territorio tierra y allí también llega el brazo de la violencia contra las mujeres. El Estado, mediante el uso de las fuerzas de seguridad agrede física y sicológicamente a quienes resisten la implantación de modelos de explotación irracional de los recursos naturales. No conforme con ello, también emplea indebidamente el derecho penal para perseguir políticamente a las defensoras del territorio.

El Estado se convierte también en agresor cuando tolera el uso de la violencia verbal y sicológica, en contra de quienes alzan su voz de mujeres para denunciar la impunidad, la corrupción y la violación al estado de derecho.

Las cifras que muestran la violencia contra las mujeres son un auxiliar en el análisis del problema y son también reflejo de la necesidad de incorporar, en serio, la perspectiva de género en las políticas públicas. De lo contrario el Estado continuará como el principal agresor por acción o por omisión, seguirá siendo ese implacable perseguidor de brujas a las cuales busca llevar a la hoguera de la exclusión.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply