De la avenida La Reforma a la avenida de Las Américas: el refugio liberal de la historia nacional

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Por Luis Guillermo Velásquez Pérez

La disputa librada entre liberales y conservadores es una trampa, solo existió un conflicto entre liberales moderados y liberales radicales, exclamaba en su cátedra universitaria el Dr. Cal Montoya. Impactante para cualquier estudiante de Ciencias Sociales que escuchó con atención desde el colegio sobre este famoso conflicto ideológico que resulto siendo una disputa por obtener cuotas de poder y mayor capacidad económica. Resulta entendible cuando se analiza el comportamiento de los líderes europeos que venían a América Latina. En un primer momento en defensa de los intereses de la burocracia política, militar y administrativa europea y en un segundo momento posicionados en el bando independentista y libertador que rompió con los nexos coloniales administrados por el trazado monárquico pero que terminó implementando el modelo de Estado Republicano occidental. La evolución de la gestión y construcción del Estado en América Latina resultó siendo para los líderes europeos la estrategia perfecta para obtener cuotas de poder en las incipientes Repúblicas latinoamericanas.

En Guatemala, desde la avenida La Reforma hasta la avenida Las Américas se construyó la representación visual de toda una historia nacional desde los ojos del liberalismo, pensamiento hegemónico en los guatemaltecos pero especialmente en las élites guatemaltecas. Son los monumentos de las élites, conmemorando y rememorando a los impulsores de su pensamiento y visión de Estado durante los intentos independentistas y el surgimiento de la República en el país. Pero también es la reivindicación a los héroes que durante la Reforma Liberal consolidaron su ingreso a la propiedad sobre la tierra y a la hasta hoy exclusiva acumulación de la riqueza.

Las élites después de todo no son anti-memoria histórica, simplemente deciden qué recordar y qué olvidar.

La historia nacional desde los ojos del liberalismo (y desde otras corrientes ideológicas) está intrínsecamente ligada a la historia de los hermanos países latinoamericanos. La lucha por implementar en América Latina la República pensada y gestada en Occidente fue generalizada. La ideología identifica y por eso no es sorpresa que hayan inmortalizado en piedra en el refugio liberal a los grandes libertadores e intelectuales liberales de la América y total, aparecen Bernardo O´Higgins, José Bonifacio de Andrade, José de San Martín, Francisco de Paula Santander, José Martí, Antonio José de Irisarri e incluso Simón Bolívar en cuya figura exaltan “La historia es de los pueblos y la hacen los hombres”. Todos en una posición heroica que explica implícitamente porque se ha originado una historia nacional de héroes y villanos, en la que estos hombres son los conductores exclusivos hacia la ansiada libertad.

La lucha libertadora respecto al pensamiento, dependencia y control occidental de los grandes hombres liberales de América Latina es un engaño que se propaga en la producción de estos monumentos en el refugio liberal. Porque fueron precisamente esos hombres los que implementaron los grandes ideales liberales de Occidente en América Latina como parte del famoso colonialismo europeo en Latinoamérica que se expone y discute en los círculos académicos.

Es un espacio autoritario con destellos democráticos, los destellos dimensionados en el reciente respeto a su pluralismo interno que ha sido reflejado en la edificación de bustos a sus distintos tanques de pensamiento. Quienes habían sido excluidos de la avenida La Reforma y que ahora en su anexo, la avenida Las Américas, recién algunos comienzan a tener un espacio. La larga distancia entre el pensamiento liberal de Miguel García Granados hasta el complejo pensamiento de Miguel Ángel Asturias que por contradicción, reivindicación o reconciliación las élites de pensamiento liberal permitieron su inclusión en el panteón liberal. Así como las constantes referencias escritas a los valores liberales “libertad, fraternidad y justicia”, esculpidas a los pies de los monumentos que constituyen la base ideológica de la democracia liberal, que ha sido implementada en la mayoría de países del mundo.

Lo autoritario radica en la forma en la que se edificaron los bustos, todos en una posición imponente que transmite altura, superioridad y liderazgo en la guerra. Muchas personas que formaron parte activa y trascendental en la historia guatemalteca tendieron a ser olvidados en el panteón liberal y no necesariamente por ser opositores ideológicos. La lucha interna por alcanzar, preservar y expandir el poder se reflejó incluso en los selectos personajes que convirtieron en bustos y que adornan el trayecto que hace alusión a la libertad.Entre ellos, Rafael Carrera, quien fue fundador de la República de Guatemala, principio fundamental de la ideología liberal, tildado de conservador por sus esfuerzos políticos y militares en contra de la integración centroamericana y de un futuro surgimiento de la patria grande de Bolívar.

Siempre han existido grados de conservadurismo en las distintas corrientes ideológicas, en mayor o menor grado, carácter casi inherente a la cultura política guatemalteca. Por eso resulta importante para la lectura de la historia nacional, desmitificar la histórica disputa por el poder entre las personas aglutinadas en el partido liberal y las personas aglutinadas en el partido conservador, recordando que ambas funcionaban bajo la ideología liberal.

También se excluyeron del “panteón privilegiado de la historia nacional” a hombres como Jacobo Árbenz Guzmán y Juan José Arévalo Bermejo, quienes fueron protagonistas trascendentales de la historia política y económica de Guatemala, impulsores de grandes transformaciones institucionales que aún en el año 2014 perduran y que su pecado mortal fue no alinearse a las exigencias de las élites de pensamiento liberal más conservadoras y antidemocráticas, que se protegieron en el poderío de Estados Unidos para desprestigiarlos y ningunearlos en la lectura de nuestra historia nacional. No son los únicos excluidos, no existe ningún busto de algún líder universitario o indígena (a excepción del ladinizado Benito Juárez de nacionalidad mexicana). Quienes han tenido una participación constante, importante y profunda en los distintos momentos históricos que ha atravesado el país. Lo que demuestra que el refugio liberal recrea la historia de Guatemala desde solo una corriente ideológica, pero también muestra a un país que en sus prácticas cotidianas es altamente excluyente y autoritario.

Parece una especie de epopeya visual el hecho de que a un costado del pasaje a la idealización de los hombres liberales se encuentren la embajada de Estados Unidos (la fiel defensora de la libertad), la Escuela Politécnica (la defensora de la soberanía nacional) y la sede del Partido Unionista (de Arzú Irigoyen con su gran eslogan y consigna de batalla liberal “Dios, Patria y Libertad” en las paredes de la sede).

El heroísmo y la idealización se caen cuando se sabe que Estados Unidos ha financiado intervenciones militares y golpes de Estado a presidentes democráticamente electos, cuando se recuerda que la Escuela Politécnica coaptada por el alto mando militar cooperó con su inactividad con la invasión a Guatemala en 1954, gestada por el Movimiento de Liberación Nacional y la CIA, y cuando la historia impopular pero real explica la participación de Álvaro Arzú en el golpista MLN.

Es la historia que no cuentan los monumentos del refugio liberal y tampoco las paredes de dichas instituciones. Es vital realizar una dicotomía entre la idealización que imprecisa la lectura de la historia nacional y el reconocimiento a los hechos propiciados por los hombres. Es la única forma para lograr que los discursos ideológicos de la historia tengan una visión histórica de los hechos.

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Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

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