De la percepción de la violencia y las estadísticas

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Cuentan los abuelos que cuando gobernaba Jorge Ubico el país era más seguro, incluso relatan que el general dejó alguna vez su reloj en la fuente del parque central y que nadie se lo robó. La percepción en aquel entonces era que había menos delincuencia, pero en realidad se trataba de una dictadura represiva en la que se aplicaba la ley fuga y trabajos forzados, además de crímenes políticos.

Muchos también añoran los tiempos de Ríos Montt, a quien atribuyen que puso orden en el país, así rezaba la propaganda oficial, pero nada más alejado de la realidad, pues aquella fue una época de terror, en donde se cometieron horrendos crímenes que llegaron al genocidio.

Cada gobierno que pasa se atribuye la disminución de la violencia, como en la época de Berger, cuando la limpieza social era la norma –por eso cumple cadena perpetua Sperisen en Suiza, hasta allá lo alcanzó la justicia– y la mayoría de la población aplaudía la matanza de reos.

Un vistazo a las estadísticas oficiales deja ver que la violencia homicida ha disminuido de manera constante desde el 2009, pero la percepción de inseguridad va en aumento. Cada día que pasa el país se percibe más violento, de hecho Guatemala es uno de los países más violentos del mundo, eso es innegable.

El problema es que ninguno de los gobiernos de la llamada “era democrática”, incluyendo el actual, tiene credibilidad en sus instituciones, y casi todos se han visto envueltos en gran cantidad de casos de corrupción, algunos ya están siendo llevados a juicio por el Ministerio Público; entonces es difícil creer en cifras oficiales.

Las redes sociales recogen diariamente más de 10 hechos de violencia, que no siempre se ven reflejados en la nota roja de los periódicos, y quién sabe si llegan a las estadísticas oficiales.

Algunos tuiteros se han dado a la tarea de documentar los hechos de violencia que pasan por su Time Line en un el Hash Tag #GuateBala, una breve revisión da cuenta de gran cantidad de balaceras y otros hechos violentos en los que se informa de muchos muertos y heridos; hay días en los que se pueden contar entre 12 y 16 muertos y hasta 20 heridos. Digamos que las estadísticas oficiales son ciertas, pero solo cuentan los muertos, ¿qué hay de los muchos heridos? Hay balaceras en las que no muere nadie, pero siempre hay heridos, de ahí que las cifras no empaten con la percepción.

Otro hecho al que no se le ha dado mayor relevancia es que en el país cada vez se reportan más personas desaparecidas; una nota de Prensa Libre, del 23 de octubre de 2016, dice que cada día se reporta, en promedio, la desaparición de 11 personas; ¿cuántas de esas no aparecerán?

Los hechos de violencia suceden en gran cantidad todos los días y cada vez son más sanguinarios: balaceras en las calles, masacres en casas, desmembramientos, asesinatos selectivos, masacres en cárceles, ataques con granadas, bombas en el transporte público, asesinato de repartidores, asesinato de pilotos de buses, entre otros; la saña es mayor de un hecho violento a otro y el terror sigue en aumento.

De poco sirve exhibir cifras descendentes cuando la realidad estalla en la cara de las autoridades, quienes no aciertan a reaccionar, a menos que sea para reprimir la protesta social. Ojalá llegue el día en el que podamos sentirnos seguros en las calles y que la violencia disminuya de tal forma que afecte positivamente en la percepción general; de momento la inseguridad es la norma.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. José Alfredo Calderón on

    Efectivamente hay que ponerle coco al dato de los heridos. Hace años (2006-2009) estuve muy cerca del tema por razones de trabajo y el director del hospital Roosevelth me explicaba que muchos heridos eran contabilizados como tales pero fallecían dentro del hospital y a eso no se le daba seguimiento (por eso INACIF y PNC nunca concuerdan). Además, casi todos los heridos de bala llevaban el impacto (o los) en la cabeza, con lo que la posibilidad de muerte era inminente.
    En fin, un dato claro es que tanto en política como en temas de seguridad, lo que manda es la percepción ciudadana. Buena entrega Fernando, pues ayuda a poner más atención en el tema.

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