De las llamadas desde la prisión y nuestros intentos por detenerlas

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Hola amigos, soy el Ing. Pérez*, el encargado de idear un plan* para bloquear las llamadas celulares desde las prisiones guatemaltecas. Como habrán leído en las noticias, estas llamadas son un problema, son un medio para extorsionar a los ciudadanos; por eso el Sistema Penitenciario y el Ministerio de Gobernación tomaron cartas en el asunto y han puesto un plazo para que los proveedores de servicio bloqueen selectivamente el servicio en las 22 cárceles del país. No ha sido una tarea fácil, he de confesar, las empresas telefónicas han invertido incontables horas/hombre y recursos en programas piloto para intentar lograr el objetivo.

El equipo de trabajo ha laborado incansablemente y hemos presentado varias soluciones técnicas. El primer intento –el más obvio y directo– fue instalar antenas especiales en las proximidades de las prisiones que emitieran una señal de radio para interferir con la señal celular. Lamentablemente los reos resultaron ser buzos y encontraron puntos dentro de la prisión en donde por cuestiones del terreno la señal de bloqueo no tenía efecto. También resultó que algunos presos tenían los recursos para usar teléfonos satelitales, así que la siguiente solución técnica fue instalar una inmensa jaula de Faraday de hierro alrededor de la prisión que bloqueara de una vez por todas toda señal electromagnética entrante o saliente. También probamos un prototipo especial para reos individuales; un traje naranja revestido de una malla de cobre para que no pudieran hacer llamadas durante los traslados.

Para nuestra desgracia, resultó que de alguna forma lograron introducir cableado de fibra óptica con señal de internet, instalando una red inalámbrica dentro de la jaula donde conectaron pico-celdas celulares y puntos de acceso WiFi que usaban para hacer sus llamadas telefónicas. Fue allí donde los ingenieros nos dimos cuenta que estábamos frente a un problema serio, que tratábamos con profesionales y eran necesarias soluciones más drásticas: dado que la mayoría de presos usan smartphone, decidimos programar un app especial que se instalara automáticamente en sus dispositivos a la hora de autenticarse en la red y que bloqueara sus llamadas directamente desde los aparatos telefónicos.

Esta solución terminó presentando problemas infranqueables para los programadores por la amplia gama de dispositivos que utilizaban los reos; Android, iPhone, Blackberry… con diferentes versiones de sistemas operativos y algunos hasta estaban flasheados y resultó imposible crear un app que los controlara a todos adecuadamente y se mantuviera al día con los últimos modelos. La decisión fue lamentablemente de despedir a los programadores para luego tomar medidas un tanto más radicales.

En la tercera fase del programa piloto, un equipo de profesionales médicos fue enviado a las prisiones para amputarles los dedos pulgares a todos los presos para que no pudieran marcar ningún número desde sus aparatos telefónicos. Después de que varios presos fueron sometidos al procedimiento se evaluó que esta solución tampoco era efectiva porque terminaban utilizando el marcado por voz para realizar sus extorsiones sin ningún problema.

Definitivamente cancelamos la fase de amputación –más por inefectiva que por inhumana–, y hubo ideas más drásticas que surgieron durante las reuniones de trabajo como cortar lenguas y cuerdas vocales pero no hubo un consenso por asuntos legales. Alguien sugirió utilizar las habilidades innatas de cobros de los reos poniéndolos a trabajar en un call center de recaudación tributaria, reintegrándolos a la sociedad productiva mientras colaboraban con el erario público pero la idea se descartó porque esto nada más significaba agregarle una capa burocrática al existente proceso de extorsión al Guatemalteco honesto.

Finalmente decidimos regresar a la raíz del problema: la conexión de las llamadas en nuestros sistemas. Decidimos hacer un censo de celulares en el presidio, hicimos un complejo cruce de bases de datos multidimensionales con los números telefónicos de sus progenitoras y realizamos una tabla de redireccionamiento de llamadas; así que cada vez que un reo intentara hacer una llamada de extorsión lo mandaba directamente a hablar con su madre.

Para nuestra sorpresa esta estrategia tampoco funcionó, después de una semana observamos que las mamás ya estaban colaborando con sus hijos en el proceso de extorsiones y decidimos tirar la toalla.

No nos hemos dado por vencido, estamos en contacto con organizaciones afines alrededor del mundo para intentar solucionar este problema; pero la respuesta que obtenemos siempre es de sorpresa e incredulidad: ¿por qué los presos tienen celulares para empezar?

 


*El nombre y el plan son ficticios.

 

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About Author

Alejandro Echeverría

Alejandro es ingeniero, tecnólogo, fotógrafo y montañista.

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