De los premios del cine

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Con la entrega de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (Academy of Motion Picture Arts and Sciences), los que entregan el Oscar, pues; terminó la temporada de premios del cine internacional. Cada año los distintos gremios que apoyan el cine, sea desde la perspectiva del negocio, de la defensa de intereses de quienes lo hacen o en representación de quienes lo promueven, realizan sus ceremonias de premiación y la mayoría de los que participan en la industria aspiran a obtener alguno de esos reconocimientos.

En el transcurso del año también se llevan a cabo los distintos festivales de cine, que sirven de plataforma para que muchos den a conocer su trabajo. Desde la muestra más pequeña o el festival de pueblo, hasta los grandes como Cannes o Berlín, todos son escenarios apetecidos por los cineastas, porque la sola inclusión de una película en la competición oficial significa atraer la atención de los inversionistas y distribuidores; es decir, el acceso a fuentes de financiamiento.

Son pocos los directores de cine que pueden darse el lujo de abstraerse de la dinámica de la industria. De nada sirve conocer el oficio y ser genial si no se tiene el dinero para producir la cinta. Aunque hay filmes que fueron realizados con presupuestos pequeños, es indiscutible que para hacer una película se necesitan, casi siempre, millones de dólares. Cuando se trata de cineastas que provienen de países sin tradición cinematográfica es más complicado, porque aun reunir “unos pocos miles” de dólares es una tarea titánica. Por eso llevar su trabajo a festivales es una aspiración legítima y una forma de intentar ganarse la “lotería”.

Renegar de los premios termina siendo snob. El ciclo anual del cine tiene dos vertientes, una en la que van las películas que aspiran al reconocimiento de los gremios y festivales y otra en donde navegan las que solo quieren reventar la taquilla; las primeras son usualmente de menor presupuesto y las segundas necesitan de cientos de millones de dólares.

Es importante tener en cuenta que ningún premio valida la calidad de las películas. En los festivales el galardón representa el criterio de los jurados de turno y en las preseas gremiales la de sus miembros. En el caso de los otorgados en Estados Unidos hay que considerar que los votantes también representan a las corrientes políticas que predominan, y aunque unos sean menos conservadores, siempre son conservadores, y normalmente no se arriesgan a premiar temas que van en contra de su forma de pensar.

Los festivales, el Oscar, los Globos de Oro, el SAG, el BAFTA, y otros, sirven de referencia y de vitrina para poner en el mapa filmes que de otra forma no tendrían difusión, más cuando en países como Guatemala las carteleras de los cines están confeccionadas en función del negocio –no los culpo– y difícilmente piensan en el arte.

Quien gusta de ver buen cine y de disfrutar también del cine de entretenimiento puro debe afilar el criterio y no dejarse llevar por las estatuillas que presumen las películas. Un buen filme es como un buen libro, pocas veces el más vendido, o más premiado, es el mejor.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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