De los sistemas fotovoltaicos y la auto generación de energía eléctrica

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Hágase la luz, dijo el creador, y de inmediato los empresarios de la generación y distribución se apropiaron de ella y la vendieron a precios altos. Bueno, no fue tan de inmediato, pasaron algunos siglos y alguien tuvo que descubrir la energía eléctrica y ahí empezó el verdadero negocio, tan rentable que las empresas no necesitan que todos los habitantes de la tierra tengan un foco en su casa, les basta con que quienes están más cerca de los centros urbanos puedan acceder a ella, porque con menos inversión pueden lograr enorme rentabilidad.

Después vinieron las hidroeléctricas, las barcazas, y otros; pero lo más jodido fue cuando a Arzú se le ocurrió privatizar todo; ahí vendría el lloro y el crujir de dientes, porque el costo de los servicios públicos, incluida la energía, se fue para arriba y nadie pudo decir nada. Nos clavaron. Desde entonces la lucha por bajar el valor de la factura de la energía eléctrica ha sido titánica.

Y se la pasa uno en la casa apagando luces, viendo poca televisión, renegando de utilizar los aparatos que se consideran suntuarios, pidiendo que no estén abriendo a cada rato el refrigerador y que toda la familia se ponga la mano en la conciencia porque es demasiadísimo lo que sale de “luz”. Es una lucha sin fin y el ahorro obtenido no compensa todo el trabajo que se hace para pagar unos quetzalitos menos. Se llega a la conclusión de que para conseguir un verdadero ahorro se hace necesario cambiar el método de generación de energía, porque el consumo se puede controlar hasta cierto punto, pues la escala de las tarifas está diseñada para castigar a la clase media, que son quienes todo lo soportan.

En mi caso, y en la casa, el caso fue así: desde hace unos siete años para acá el consumo de energía eléctrica se quintuplicó. Compré focos ahorradores, focos led, apagué luces, desconecté aparatos, se usaron de forma racional los que se considera que consumen más; adquirí un calentador solar de agua, ahí mejoró un poco la cosa, pero al final todo fue en vano, el consumo se estacionó finalmente en unos 420KWH al mes y fue imposible, por más que se hizo, lograr que bajara, incluso –mal pensado que soy– llegué a creer que la Empresa Eléctrica me estaba haciendo mafia en la lectura del contador; pero claro, eso es algo que no puede pasar, ¿o sí?

Todo este cuento viene a cuento porque en determinado momento empecé a investigar acerca de otras opciones para producir energía y encontré que la generación por medio de paneles solares era algo a considerar; pero cuando supe de ellos todavía las condiciones no eran las adecuadas, pues se hacía necesario tener una gran batería para almacenar la energía generada y el costo era estratosférico.

De unos pocos años para acá, los empresarios que promueven la venta de sistemas fotovoltaicos, así les dicen, encontraron la forma de promover su producto y lograron que la Empresa Eléctrica permitiera utilizar su red de distribución, a cambio del pago de una especie de peaje, para ingresar la producción de energía y luego retornarla a los auto-generadores, así les dicen a quienes adquieren paneles solares. Eso eliminó el costo y la necesidad de tener la batería y permitió que el precio del sistema bajara considerablemente, aunque no como para que esté al alcance de todos.

Un sistema fotovoltaico para el consumo propio funciona así: Se instalan los paneles solares, de preferencia en el techo de la casa; se conectan a un inversor de corriente, un aparato que permite que la energía generada pueda ser trasladada por medio de la red de la Empresa Eléctrica y sea consumida en la casa; se cablea del inversor de corriente hacia la caja de flipones de la casa y de ahí todo lo demás es transparente. No hay variación en la potencia, ni nada por el estilo. Después la empresa eléctrica cambia el contador convencional por uno que mide, por un lado el ingreso de energía a la red y por otro la salida; al final se obtiene la diferencia y si la generación propia es mayor que el consumo, el excedente se acumula para el mes siguiente y la Empresa Eléctrica solo cobra un cargo por distribución –Q0.264366 por KWH ingresado a la red–, eso más los impuestos y tasas respectivas. Si el consumo es mayor que lo generado, se aplica la tarifa vigente según la Empresa Eléctrica. Los excedentes se van acumulando en una cuenta corriente, para ser aplicados cuando la generación esté por debajo del consumo.

El sistema funciona y se consiguen ahorros de hasta el 90% del valor de la factura, una verdadera maravilla. Lo malo es que, aunque a largo plazo el costo se diluye, es necesario desembolsar al inicio, más o menos, el equivalente a cinco años de consumo, con la garantía de que se obtendrá energía limpia durante unos 25 años. ¿Suena bonito, vaá? Pero no cualquiera tiene disponible el equivalente a cinco años de consumo de energía para desembolsarlo de un solo socón. Ahí están las opciones de financiamiento, pero eso aumenta la recuperación de la inversión a unos siete años, siempre suena atractivo, aunque el precio final suba.

Guatemala está en posición privilegiada, porque casi en todas las épocas del año se goza de unas 12 horas diarias de sol, lo que permite mantener una producción uniforme durante el año. Por supuesto que está la época lluviosa, pero como contraparte están los días de calor en los que la generación es mayor.

La adquisición de paneles solares para el auto consumo es recomendable, aunque aún no es una opción viable para la mayoría, porque los precios son elevados. Lo ideal sería que los empresarios que la promueven voltearan los ojos a los proyectos pequeños, para el hogar, y vieran que ahí hay un mercado enorme. Si fueran agresivos con los precios y estuvieran dispuestos a bajar sus márgenes de utilidad lograrían revolucionar el consumo de energía eléctrica en el país. Ya el uso de calentadores solares de agua ha ganado terreno y la instalación de plantas fotovoltaicas empieza a despuntar, pero se hace necesario un buen empuje, para lograr la consolidación.

Al Estado le convendría considerar la posibilidad de subsidiar esta forma de generación que, en principio, evitaría la conflictividad social y daría al país la posibilidad de producir energía limpia a un costo bastante menor que lo que vale una hidroeléctrica, por ejemplo. Los beneficios colaterales serían inmensos.

Si está cansado de pagar altas facturas a la Empresa Eléctrica, considere la posibilidad de hacer la inversión en un sistema fotovoltaico. Ojalá muchos pudieran hacerlo.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

2 comentarios

  1. Alejandro Echeverría

    Muy buen punto, la calidad de la tecnología fotovoltáica de los paneles como la de las baterías de almacenamiento ha mejorado mucho en los últimos años y es de esperarse que siga siendo la tendencia. En muchos países existen exenciones de impuestos para quienes instalen cualquier tipo de tecnología que ahorre energía o que la genere de forma alternativa, si se diera este tipo de incentivo en Guatemala probablemente más gente lo haría. Enhorabuena.

  2. Fijate que es muy interesante tu punto de vista y tu experiencia, que te parece si las comunidades fueran capaces de construir los paneles. Además, que pudieramos convertir a las comunidades en pequeñas granjas solares. Suena muy bien, ya analice ese proyecto. El problema esla legislación y prácticamente no se puede hacer. Hay que modernizar la ley y que tenga un perfil social. De hecho el proyecto que se penso tiene un alto corte social en donde la idea es que las comunidades sean los socios de la empresa. Estas comunidades pueden ser del corredor secó. Ahí la dejo, piensenlo salmones….

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