De vuelta al cuartel

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Imagen tomada de HIJOS Guatemala

Si bien es cierto que buena parte del tiempo pasa desapercibido, con cierta regularidad se hace notar. No precisamente por su ingenio sino más bien por su propensión al ridículo o a la torpeza política. Sin embargo, en la más reciente de sus actuaciones o, mejor dicho, en la más reciente actuación en la cual lo pusieron, Jimmy Morales, prácticamente se pasó.

La noche del viernes 24 de junio convirtió el Palacio Nacional de la Cultura en una disco acuartelada. De acuerdo con versiones de prensa, el personal que labora ahí para el ministerio de Cultura y Deportes o para la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia fue liberado de tareas desde el medio día del 24. El argumento con el cual se les obsequió medio día fue el de contar con el tiempo requerido para el montaje de escenarios, sonido y demás parafernalia de la semi clandestina fiesta presidencial para el Ejército de Guatemala.

Ni la prensa, que según el artículo 35 de la Constitución ha de tener acceso a las fuentes, pudo asistir al ágape castrense. La información mediática, en cuanto a imágenes y explicaciones, surgió del mismo gobierno quien, en una actuación dictatorial, se atribuyó el derecho de decidir qué información se proporciona al público, así como los términos, condiciones, formatos y momentos en que se trasladaba.

Pero lo peor todavía estaba por llegar. Más allá del dispendio en agasajos, lo que resulta aún más grave es el anuncio de revivir el desfile militar en las calles de la ciudad, en conmemoración del día del ejército. Para el efecto, anuncian que la parada tendrá lugar el domingo 3 de julio, en la avenida de La Reforma, así nombrada en honor a uno de los fundadores del instituto armado. La fecha seleccionada es el día en el que se cumplirán 62 años del ingreso de los mercenarios que luego de derrocar al legítimo régimen de Jacobo Árbenz, desataron la más feroz y brutal represión en contra de las fuerzas progresistas en Guatemala. Mismas que, merced al dominio casi absoluto de la ultraderecha política y económica, han sido fuerzas de la oposición al sistema excluyente, racista, misógino y militaristas que ha llevado a la debacle a Guatemala.

La disposición de Jimmy Morales, independientemente de quién le convenciera de semejante disparate, es una afrenta a la memoria de las más de 250 mil víctimas del conflicto armado. Y lo es porque el Estado aún no ha ofrecido disculpas por los crímenes contra la sociedad y tampoco ha realizado las transformaciones institucionales indispensables para garantizar que esos crímenes no se repetirán. De hecho, tras los portones y las talanqueras cuartelarias, los miembros del Ejército guatemalteco intentan por todos los medios impedir el conocimiento de los hechos con documentos oficiales. Con el dejar hacer sin transformar los criterios de formación ni los mecanismos de comunicación entre las familias militares, se convierten en cómplices del discurso de odio y la difamación como arma de defensa ante la irrefutable verdad de los oprobios.

Para que la sociedad pueda sanar es menester acciones afirmativas que pasan por la impartición de justicia mediante el procesamiento de los responsables. Pero también de la introducción de correctivos en la formación de la oficialidad y la tropa. Superar el racismo, la misoginia y la noción del enemigo interno es una tarea pendiente en el Ejército, cuya existencia no puede ser celebrada por una sociedad a la que este agredió sin siquiera haber aceptado su responsabilidad en ello.

En virtud de que Jimmy Morales ostenta el cargo de comandante general del ejército, es en él en quien recae la responsabilidad política por una decisión arrogante y perniciosa. No importa cuán fuerte sea “la juntita” o mejor dicho roscota que lo rodea. Él es quien tiene el cargo y es a él, al presidente, a quien hoy requerimos cuentas y exigimos que desista de su locura. No queremos desfile militar mientras haya una sola persona desaparecida, mientras haya un solo crimen sin ser reconocido y mientras los soldados y oficiales sigan formándose con base en el derecho penal del enemigo. Cuando eso haya cambiado, entonces tal vez podamos hablar. Mientras tanto, ¡Meeedia vueeelta, marchen! ¡De regreso al cuartel!

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

2 comentarios

  1. Señora Iduvina Hernandez, EXCELENTE COMENTARIO !!!, Usted me ayuda, lo que por muchos años, habia pesado, al ver en esos dias FIESTA , DE QUE ?, definitivamente solo las Esposas y familiares de los miembros de esa institucion se alegran, y festejan. Mi padre el Lic Adalberto P. Echeverria, fue diputado en la epoca de Arevalo, y Magistrado en la epoca de Jacobo Arbenz, (hasta 1954), razon por la cual el Ejercito , fastidio a mi Señor Padre, hasta llegaron a secuestrarlo en 1967, tratandolo muy mal , de lo cual YO se muy bien del papel que esta institucion juega, contra quienes NO les rinden trubuto. Institucion que solo sirve para IMPONER A LA FUERZA, su estilo de vida. Gracias por incluir y mencionar a Jacobo Arvenz.

  2. Moisés Berducido on

    El Ejército de Guatemala es una institución permeada por el crimen, la corrupción y la violencia. Se fundó sobre las bases de grupúsculos de guerrillas de finqueros cafetaleros que usurparon el poder presidencial hacia 1870, debilitado el gobierno conservador por los bajos precios de la grana. De esa fecha para acá, los oficiales del Ejército participaron únicamente de la Revolución del 44, pero pocas gestas más se pueden sacar en beneficio del pueblo, si mucho, cuando los Caballeros Cadetes derrotaron a los rufianes de Castillo Armas, una humillación que unos niños de 15-16 años derrotaran a los sanguinarios mercenarios del “Cara de Hacha”.

    Me opongo al desfile militar, porque es como ver los ridículos desfiles en Cuba, Corea del Norte, Tailandia, Camboya, Filipinas, en África en general, donde la corrupción y la miseria son la norma y los desfiles resultan una medida de autoadulación a los dictadores de turno. Además, esto es una muestra grave de lo abducido que tienen a Morales los miembros de la “Juntita”. Por último, nuestros muchachos del Ejército, aquellos soldados que se matan de sol a sol trabajando por nuestra seguridad (esos que ganan Q.5000.00 y la oficialidad ladina desprecia), no merecen estar marchando agotadoramente para mayor gloria de la plan mayor de oficiales corruptos.

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