De zorros demagogos y pollitos populistas

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karlaschlesingerPor Karla Schlesinger

Había una vez un zorro muy guapo y elegante que no era de por aquí, sus abuelos venían de Europa, algo así.

Este zorro era muy listo y emprendedor; desde que llegó les ofreció espejitos a los pollitos. Les dijo que si trabajaban duro para él, algún día serían igual de ricos.

No es que los pollitos le creyeran realmente, es que le tenían miedo. El zorro tenía mucho poder. Así entonces los pollitos trabajaban muy duro, a cambio de centavitos que a duras penas les alcanzaban para comer, pero el zorro les aseguraba que si trabajaban más, iban a poder salir adelante.

Los pollitos resentían mucho al zorro, pero a quien de verdad odiaban era al perro guardián. El les quitaba gran parte de sus míseras ganancias y no solo no les daba lo que les ofrecía, sino que encima les hacía la vida imposible. Lo que no se daban cuenta los pobrecitos era que el perro estaba al servicio del zorro. A él si lo servía muy bien y el zorro le correspondía dejándolo engordar y enriquecerse. Hacía como que protestaba, pero era puro show.

Cada cierto tiempo el zorro los dejaba escoger un nuevo perro guardián. Democracia, lo llamaba.

Algunos de los pollitos, los más privilegiados, se daban cuenta de todo, pero los más cínicos protegían al zorro porque pensaban que algún día serían como él y trataban de acallar a los que protestaran: resentidos, les decían.

Al paso del tiempo, fueron llegando noticias de otros países, donde los pollitos estaban escogiendo líderes entre los mismos pollitos. Estaban haciendo grandes cosas y habían puesto en su lugar a los zorros. Vivían muy bien los zorros todavía, solo que ya no como reyes.

Todo esto empezó a poner muy nervioso a nuestro zorro, claro, así que eligió a unos cuantos pollitos y los convenció de la absurda idea que dejar hacer al zorro de las suyas traería prosperidad a los pollitos. “Vayan –les dijo– métanles miedo.” El zorro sabía que si los pollitos abrían los ojos se le acababa el negocio.

Y así fue cómo los pollitos elegidos se pusieron a asustar a los demás con un nuevo espanto: el populismo.

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