“Dejame ser bonito a mi manera”

6

En una de las tantas ocasiones que decidí ir al gimnasio recuerdo haberlo compartido con un conocido. Su impresión al respecto fue efusiva y no terminé de contarle los motivos cuando ya me estaba aconsejando que hiciera esto y aquello, que intentara tal rutina y tales dietas y un montón de cosas que me abrumaron. No voy a negar que en el fondo sus intenciones fueran buenas y quería animarme a no desmayar en mi enésimo intento de hacer ejercicio y mejorar mi salud. Voy a ser sincero, no me gustan los gimnasios, pero en algunos lugares de la ciudad son los únicos espacios que quedan para poder hacer algo de ejercicio sin estar a merced de la violencia, una burbuja más.

Tuve que parar la conversación para explicarle que el motivo por el que quería ejercitarme no era un tema estético y difícilmente sobre autoestima. Le tuve que contar que de un tiempo hacia acá, notaba cierto sofocamiento al subir y bajar gradas en el trabajo, que la ropa se iba haciendo pequeña y que me molestaba sobremanera no poder correr un par de cuadras detrás del autobús sin sentir que se me iba la vida –cosa que, por cierto, hago muy seguido–, quería explicarle que aunque reconozco que mi cuerpo tiene dimensiones generosas no era eso lo que me motivaba a ejercitarme. Sin embargo, pude notar un poco de molestia en su expresión y después de un par de segundos replicó: “No entiendo exactamente por qué querés hacer ejercicio, entonces”.

En su momento solo pude soltar una ironía sin que la cosa se convirtiera en discusión, recuerdo haberle dicho: “en realidad, quiero hacer ejercicio por salud un poco y por despejarme, otro poco. No quiero vivir doscientos años, pero los que vaya a vivir quiero que sean placenteros”. El hombre no tuvo reparo en decirme que le parecía poco comprometida mi manera de hacer las cosas y que eso motivaría mi pronta deserción del famoso gimnasio. No hice más que sonreír sin mostrar los dientes y cambiar de tema.

Pasaron los días y, efectivamente, dejé de ir al gimnasio por un cambio de prioridades más que nada, es un tema del que puedo prescindir fácilmente –todavía–, por etapas y sin sentirme culpable. Luego pensé en las palabras de aquel tipo y que, efectivamente, mi plan estaba destinado a fracasar a las primeras de cambio. Y también pensé en una respuesta más larga a la pregunta de por qué hacer ejercicio sin querer a fuerza convertirme en un Adonis tropical. Pensé en una serie de razonamientos que luego parecían más justificaciones y concluí: quiero ser bonito a mi manera.

No voy a entrar en el plato de discriminar a alguien que se preocupa exclusivamente de su aspecto físico, no me corresponde valorar las prioridades de la gente. Y quisiera, en todo caso, que se visualizara de la misma forma mi manera, más bien, la manera de muchas personas que no necesariamente buscamos un bienestar estético o competitivo. Quiero hacer ejercicio, pero también quiero comerme una libra de lomito asado a ¾. Quiero relajarme haciendo deporte, pero también quiero volver a casa sin sentirme extenuado y quitarle horas valiosas a mi familia. Respeto que la mayoría quiera tener un cuerpo de revista, pero también quiero ser bonito a mi manera. No tener que aguantar el sermón del entrenador –está de más decir que jamás dejo que me aborden– sobre mi condición física, que hasta he llegado a observar, raya incluso en el insulto en nombre de la “motivación”.

Quiero pensar del ejercicio como una manera de matar el estrés y, de paso, mejorar de a poco mi condición física y de salud. Yo sé que para muchos es una especie de nirvana alimentarse de pechuga al vapor, espinacas y granola, para después matarse en el gimnasio tres o cuatro horas, que encuentran placer en mostrarle al mundo entero su proceso de transformación, de simple mortal a modelo de revista de vitaminas para adelgazar. Pero es probable que ese canon de belleza no exista, que alguno habrá pasado tristeza por despreciar un pedazo de pastel en la boda de su mejor amigo o hacerle caras a su pareja por querer invitarlo a comer tacos al pastor. Qué sé yo, esas cosas pasan, también pasa que a lo mejor busquemos bienestar sin caer en la obsesión, en la depresión de no poder marcar las costillas cual perro de mercado cantonal.

Finalmente, pienso del bienestar y la salud como un valor supremo para el ser humano, ignoro por la cantidad de cosas que tenga que pasar alguien para llegar a ese equilibrio, pero estoy seguro de que tampoco se circunscribe a un área específica, sea estética o emocional, incluso, intelectual. Me pregunto también cuál es esa línea delgada que separa la disciplina de la obsesión y qué tanto estamos dispuestos a sacrificar en nombre de una figura “bonita”. A lo mejor un día logremos encontrar la manera de equilibrar las áreas que nos dan bienestar, sin parecer locos obsesionados o despreocupados, como este su servidor. Mientras eso ocurre les cuento que, de nuevo, voy a ir al gimnasio.

Share.

About Author

Wiliam Ajanel

Discípulo de la normalidad y el perfil bajo. Aprendí a escribir por necesidad, más que por gusto. Estudié mercadotecnia y me gusta la informática; la academia me hizo una persona necia y la vida, un poco cínico. Mi rebelión tiene que ver con intentar ser feliz.

6 comentarios

  1. O como yo, que voy al gimnasio y hago dieta para darme gustos de comida sin mayor culpa. Suena contradictorios pero no estoy gordo, tampoco tengo partido el abdomen pero encontré la “fórmula” de tener 15 por ciento de grasa en mi cuerpo y todavía poder comerme una pizza grande el domingo…o cuando quiera.

    • Wiliam

      Esa es la idea, estimado Javier. Creo que la búsqueda de la plenitud no tienen por qué casarse con la obsesión, es un tema de aceptación personal y honestidad más que nada.

      Gracias por comentar. Saludos.

  2. ODIO el gimnasio. ODIO la presión y comentarios de la gente cuando se entera que vas y no estas matandote con dietas o xq en dos meses no desaparecen “las llantitas”.
    Pero por un momento igual pensé en mi cuerpo…y solo decidí salir a caminar. El aire, los arboles, la gente, los perros…son eso que te distrae, te hace regresar a casa contento. Lo malo…es que tiene q ser temprano xq una vez no haya sol, te vas con pancho jeje

    Intentalo, talvez no todos los dias…No tenes que correr 10km pero con unos minutos disfrutas la caminada y te cambia el humor :)

    • Wiliam

      Gracias Kiki por el comentario. Me encanta salir a caminar también y trotar cuando puedo, lamentablemente el asunto de horario casi me impide hacerlo constantemente y por el tema de riesgo. Desde luego, esto no es un post en contra de los gimnasios, ni mucho menos, solamente la actitud obsesiva de algunas personas que lo encuentran como una especie de escuela militar.

  3. Yo también tuve un mi momento así, precisamente hoy. Yo voy al gimnasio desde hace ratos y he estado bien, pero en los ultimos meses subí de peso y algunos pantalones ya no me quedan y quiero bajar esas libritas de más, además de mejorar mi condición física. Pero eso de “estar bien, saludable y moverme, aunque no me mire delgada o tonificada” no era la respuesta que esperaba mi entrenador. Me dijo que si no quería estar más delgada y verme mejor y además me dio su opinión “como hombre” de como me miraría más bonita, de qué ejercicios hacer para estar más atractiva. Realmente me enojé… Le dije que mi objetivo no era ser aprobada por lo hombres, ser atractiva y estar bonita.

    • Wiliam

      “Aprobación”, excelente respuesta, Andrea. Me parece despreciable que en nombre de la motivación se normalice cualquier tipo de discriminación, valdría la pena apoderarse incluso de esos espacios, en los que encima, uno paga para recibir esas ofensas y maltratos.

      Gracias por tu comentario.

Leave A Reply